Zidane siempre tuvo razón

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Todos criticamos sus decisiones, todos le pusimos la soga al cuello, todos hablamos sin cesar de la posible vuelta de José Mourinho si los resultados no empezaban a llegar, y el único que mantuvo siempre la calma fue Zinedine Zidane. El entrenador francés siempre se mantuvo en control, siempre tuvo las cosas claras, y visto lo visto en el último mes, siempre tuvo razón.

Nada más llegar el año pasado, tras el mal tramo del equipo bajo la batuta de Santiago Solari, Zidane apostó por devolverle toda la confianza a los jugadores con los que ganó tres Champions Leagues seguidas. Marcelo, Isco, Kroos, Modric o Asensio volvieron a ser de la partida en esos últimos 11 partidos de la temporada en los que el Real Madrid ya no se jugaba nada. El rendimiento no fue el mejor y durante el verano se esperaba una verdadera revolución.

Pero para este curso el entrenador redobló su apuesta. Decidió mantener al núcleo duro de su antiguo equipo, en detrimento de los Dani Ceballos, Marcos Llorente, Mateo Kovacic o Sergio Reguilón, y ni siquiera las malas señales que enviaban algunos de los jugadores en los primeros compases de la temporada hicieron desistir a Zizou de su idea.

Tras la derrota en Mallorca, quizás más dolorosa incluso que el 3-0 en París, muchos empezaron a dudar incluso de que Zidane pudiera comerse el turrón, ya que el equipo no parecía ser capaz de arrancar por más que el técnico probaba diferentes combinaciones de jugadores y tácticas.

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Cada decisión del francés era observada con lupa, cada resbalón se convertía en una crisis. A Zidane se el veía acorralado e incluso se deslizaba en varios medios que Raúl podría estar preparado para dar el salto desde el Castilla. Pero Zizou nunca perdió la compostura; mucho menos la calma.

En el último mes y medio el entrenador francés ha dado muestras de conocer al dedillo su profesión, de confiar en sus posibilidades al cien por cien, y de tener una convicción inquebrantable en sus convicciones.

Desde el varapalo en Mallorca el equipo no ha vuelto a perder. Zidane ha encontrado un equipo base, compuesto por un mediocampo sólido, empujado por el empaque físico de Fede Valverde, guiado por un incansable Casemiro, y organizado bajo la batuta de Toni Kroos. A partir de ahí, el equipo se apuntala atrás con un Thibaut Courtois que ha recuperado la confianza y un Sergio Ramos que, más allá de errores puntuales, se ha tatuado en el pecho su rol de gran capitán. En la punta de ataque, la mejor versión de la vida deportiva de Karim Benzema y un pujante Eden Hazard han dado un filo más que necesario al conjunto merengue.

A la vez, Zizou ha conseguido reconectar a Marcelo, perdido en combate el año pasado, darle el espacio y tiempo necesario a Luka Modric para que encontrará su mejor forma y hasta ha logrado que vieramos una mejoradísima versión de Isco Alarcón tras un año para el olvido. Como además Rodrygo se ha destacado como la gran estrella emergente de la temporada, e incluso ha sabido torear las tempestades en las que se han convertido los casos de James Rodríguez y Gareth Bale, la verdad es que a Zidane poco se le puede reprochar en cuanto a la gestión de su plantilla.

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El partido contra el PSG, más allá del resultado final que dejó a muchos con un amargo sabor de boca, fue la primera vez en la temporada en que los merengues dominaron de cabo a rabo un encuentro con la superioridad que se le presume a todo un Real Madrid. Los blancos fueron infinitamente superiores a lo parisinos, masacrando la portería de Keylor Navas e incluso reponiéndose a los dos goles en cinco minutos de su rival para acabar volcados en la portería del tico rozando el gol final de la victoria.

La imagen del conjunto merengue resarció a Zidane, tan cuestionado hace apenas seis semanas, pero siempre tan convencido de cada paso que ha dado. El rendimiento ante el equipo de Kylian Mbappé y Neymar, por si fuera poco, no ha sido flor de un día, pues los de Zizou llevan desde la derrota en Mallorca jugando cada vez mejor y convenciendo a la afición con su propuesta futbolística.

Todas estas mejoras se le deben agradecer al técnico francés, ese que con su sonrisa perenne y de la manera más cordial posible, ha intentado siempre comunicar su total convencimiento de que su equipo —equipazo, como comentó en la pretemporada— estaba en el buen camino y que muy pronto empezaría a funcionar como todos esperaban. Ese momento parece que ya ha llegado y Zizou se merece todo el crédito, por su trabajo, su esfuerzo y por hacer que el conjunto madridista haya alcanzado el nivel del que hemos podido disfrutar en las últimas semanas.

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