Zinedine Zidane o cómo triunfar sin hacer ni caso a nadie

Guillermo Ortiz
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Real Madrid's French coach Zinedine Zidane gestures during the
Photo by JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images

Lo raro no es que el Real Madrid tenga un entrenador tranquilo, de perfil bajo, al que no le guste meterse en polémicas ni se encienda demasiado con las críticas a menudo desaforadas de prensa y aficionados. Lo raro es que ese entrenador sea Zinedine Zidane, una megaestrella como jugador en los tiempos en los que las megaestrellas eran directamente iconos pop venerados en todo el mundo. Lo raro, en definitiva, es que Zidane no exija ese estatus que tanto exfutbolista de medio pelo da por sentado. El campeón del mundo y de Europa con Francia. El campeón de liga y Champions con el Real Madrid, autor de uno de los goles más icónicos de la historia de la competición. Y, con todo, un hombre sosegado, prudente, práctico.

Sobre todo, quizá, esto último. Zidane es un hombre práctico, de soluciones a corto plazo. Un entrenador que a veces parece sentirse incómodo en la abundancia y que precisa de lesiones clave, de declives repentinos, de catastrofismo en el entorno para decir "bien, ahora os vais a enterar". Uno de los grandes malentendidos respecto a Zidane es su capacidad para gestionar grupos. Lo mismo pasó con Del Bosque en su momento y en baloncesto con Pepu Hernández: son gente afable, de buen carácter y pocas palabras, que no buscan pasar a la historia por encima de sus jugadores y que no prestan demasiada atención a lo que dicen de ellos los medios . Rara vez encontrarás a un jugador descontento por su trato personal o su rol profesional. Su capacidad para "hacer grupo" está fuera de toda duda, lo mismo cuando en ese grupo hay figuras como Cristiano Ronaldo que cuando la estrella mediática es Vinicius Jr.

Todo esto eclipsa otra virtud de Zidane: la adaptación táctica. Es fácil insinuar que Zidane tiene suerte y que su equipo en realidad es una banda. Yo llevo oyendo que el Real Madrid es una banda desde que se retiró Butragueño y por el camino han caído siete Champions League. La famosa "flor" de Zidane, como la de Miguel Muñoz en su momento, no es tal. A ver, todo equipo campeón necesita tener suerte en momentos puntuales, pero no se puede sostener un proyecto a base de casualidades. En su primera etapa como entrenador, Zidane, tras pasar por el Castilla y coger a un grupo que había naufragado en su relación con Rafa Benítez, ganó tres Champions y una liga. De hecho, en 2017, ganó el primer doblete Liga-Champions del Madrid desde 1958.

La vida con Cristiano y la vida con Vinicius

Entonces, se apeló como siempre a la fortuna, a los árbitros y a la colosal figura de Cristiano Ronaldo. Lo cierto es que a Cristiano Ronaldo, un jugador de época, lo ha entrenado mucha gente pero solo tres lo han hecho campeón de Europa: Sir Alex Ferguson, Zinedine Zidane y Carlo Ancelotti... con Zidane de segundo. El asunto es que en esta segunda etapa no está Cristiano Ronaldo y tampoco ha venido nadie a sustituirlo. Bueno, ha venido Hazard, pero, en fin, ya me entienden. ¿Cómo se explica que el Real Madrid ganara la liga pasada y esté aspirando este año a un nuevo doblete Liga-Champions, el cuarto en su historia? Con grandes jugadores, la suerte y los árbitros pueden quedar más cerca, pero, ¿cómo se logra el éxito con alineaciones formadas por Nacho, Lucas Vázquez, Militao, Asensio, Vinicius y tres señores irreductibles que pasan la treintena como Modric, Kroos y Benzema?

Es más, ¿cómo se logra el éxito en las competiciones explosivas tipo Champions y en las que exigen regularidad como la liga? Hemos visto plantillas poco despampanantes del Real Madrid ganar en Europa cuando se la jugaban a uno o dos partidos, pero aquí no estamos hablando de eso. Estamos hablando de ganarle al Liverpool los martes y al Barcelona los sábados y en medio dejar atrás, con todas las penurias del mundo, a los Eibar, Elche, Celta y compañía. El "pan y la mantequilla", que decía Toshack. Si uno tiene la plantilla del Manchester City estar a las dos cosas es relativamente sencillo -bueno, en realidad, el City está a cuatro cosas pero esa es otra historia-, lo complicado es conseguirlo con una plantilla muy justita, llena de jugadores que parecían ya retirados y de promesas que parecía que no iban a explotar nunca, y seguir luchando incluso con tres lesiones por semana.

La suerte es otra cosa. Esto es trabajo. Es disciplina. Es creer en uno mismo sin necesidad de salir a la rueda de prensa a pegar cuatro gritos para que todo el mundo vea que crees en ti mismo. Es hacer jugar al equipo lo mejor que ese equipo puede jugar sin basarse en un plan cósmico que te haga dominar la galaxia futbolística. Con Zidane me pasa como con Nadal en tenis: si tan sencillas eran sus tácticas, si todo era correr y mandar bolas altas al revés de Federer, ¿por qué demonios los demás no hacían lo mismo y cuando lo hacían no ganaban al suizo? Puede que el repertorio táctico de Zidane no dé para un libro ni para una trilogía, pero gana partidos. Ha reconvertido a Benzema en un delantero puro y rematador, que parecía algo impensable en los tiempos del "gatito". Ha dejado claro que la jerarquía es cosa de Kroos y Modric y que a partir de sus botas se generará todo el juego. Ha impedido que los Asensio, Vinicius, Lucas, Militao, Rodrygo, Valverde y compañia desconectaran cuando han tenido menos partidos o cuando la prensa los ha masacrado.

Y, sí, es cierto, ha dejado ir a gente muy valiosa. Pero no para poner a sus hijos o porque es que un día en un entrenamiento con el Castilla le hicieron un feo a Luca o a Enzo. Pocas tonterías más grandes se han escrito en la prensa española. Zidane se ha ido deshaciendo de quien él consideraba que no encajaba en su proyecto. Todo aquel que no estaba contento con su rol, tenía la puerta de la cesión abierta. El resto, a competir hasta el último minuto, hasta la última jornada, hasta la última eliminatoria. Hay algo agónico en el Madrid de Zidane que lo entronca con prácticamente todos los Madrid que he conocido. La gente seguirá pensando que es un inútil enchufado cada vez que pierda dos partidos seguidos. A él le seguirá dando absolutamente igual.

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