Yo también quería perder 7kg, como la Kardashian.

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Sí. Yo también quería perder 7kg, como ha hecho la Kardashian para embutirse en el vestido de Marilyn.

Bueno, a veces eran 7kg. A veces 5. Otras me conformaba sólo con un par. De vez en cuando, esa querencia era casi necesidad. Algunas otras, un suspirillo, un "ay, ¿te imaginas con ese cuerpazo?". El de las flacas, digo. Flacas de pechos turgentes y brazos delgados. Sobre todo -suspiro- brazos delgados.

REUTERS/Brendan Mcdermid
REUTERS/Brendan Mcdermid

A veces miraba de reojo a esas mujeres que lucen abdominales tersos y a las que les queda suelta la talla 36, y sentía envidia. Qué maravilloso debía ser poder ponerse cualquier trozo de tela y que siempre sentara perfecto. Poder comprarse lo que fuera. Qué maravilloso tener esa voluntad férrea que te permitía controlar todos los segundos del día la ingesta de alimentos y persistir en la actividad física más allá del ejercicio básico saludable. Qué tenacidad la de Kim, pasando tres semanas en un bucle de ejercicio y hambre que le han permitido perder 7 kilos para la meta que se había propuesto. Y yo, sin poder usar el vestido que me gustaba para la boda de mi amiga porque no podía subirme la cremallera y era incapaz de dejar de desayunar pan tostado con botifarra y sobrasada.

Todo eso, antes de la era Instagram. Imagínense si lo de Kim y compañía me pilla con quince años, como a tantas otras niñas y niños de ahora.

He tenido que hacer un gran trabajo mental para empezar a aceptarme a mí misma, a entender que lo perfecto es todo, no lo que nos marcan. Y, aún así, de vez en cuando se me escapa un ramalazo de envidia cuando veo a esas mujeres de mi edad que pueden ponerse esas camisetas cortas enseñando abdominales que están de moda los últimos años.

Me acabo de dar cuenta de la barbaridad que he escrito en el párrafo anterior. ¿Veis? Pueden ponerse. ¿Cómo que pueden ellas y yo no? ¿Cómo que no podemos todas enseñar la tripa aunque no tengamos marcados los músculos y aunque los embarazos y la edad nos hayan dejado un poco de sobras? Pero cuando voy al armario y me pongo una camiseta corta, me miro al espejo y pienso, hoy no, quizá mañana.

Sí, quizá mañana.

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