Yazidíes tratadas en Alemania quieren derribar el tabú de la violación

Por Yannick PASQUET
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La yazidí Ashwaq Haji, que asegura que fue utilizada como esclava sexual por el grupo yihadista Estado Islámico, visita el templo Lalish para homenajear a las víctimas del EI, en Kocho, norte de Irak, el 15 de agosto de 2018

Jóvenes mujeres yazidíes víctimas de los abusos sexuales del grupo Estado Islámico (EI) en Irak y Siria reconstruyen sus vidas en Alemania, donde hacen terapia e intentan acabar con uno de los mayores tabúes en las sociedades de Oriente Medio: la violación.

Entre estas mujeres refugiadas en Alemania, Nadia Murad, una de las laureadas con el Premio Nobel de la Paz 2018, lleva la voz de las yazidíes por todo el mundo para que el crimen del que fueron víctimas no quede silenciado.

Las mujeres jóvenes de esta minoría kurdófona monoteísta sufrieron atrocidades sexuales y torturas y fueron vendidas en mercados de esclavos por los yihadistas del EI.

A miles de kilómetros de la región iraquí de Sinjar, 1.100 de ellas fueron acogidas en el corazón de la Selva Negra en el marco de un programa de ayuda establecido a finales de 2014 por las autoridades regionales de Baden-Wurtemberg.

"El principio aquí fue difícil. Tenía miedo todo el tiempo, creía que iba a volver a caer en manos del Dáesh [acrónimo en árabe del EI]", cuenta Lewiza sobre su llegada a Alemania, hace tres años.

- "Todo era nuevo" -

La joven, de 22 años y que no desea revelar su apellido, tuvo que volver a aprenderlo todo al llegar al país europeo. "Todo era nuevo para mí: hacer una terapia, hablar con alguien de mi estado. Pero cada vez que hablo me siento mucho mejor", explica a la AFP desde una clínica especializada de Donaueschingen, cerca de la frontera suiza.

Sentado junto a ella, el profesor Jan Ilhan Kizilhan traduce sus palabras del kurdo al alemán, aunque Lewiza está inscrita en una escuela de hotelería de la región.

Este psicoterapeuta alemán especializado en traumas sigue la evolución de estas jóvenes, incluida Nadia Murad, a la que ya en 2016 animó a intervenir ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Él mismo había ido en 2015 a buscar a estas víctimas traumatizadas, que sobrevivían en condiciones lamentables en campos de refugiados del norte de Irak.

El Estado de Baden-Wurtemberg le pidió encargarse de ellas en la región y propuso 95 millones de euros para el programa.

Psicólogos, trabajadores sociales e intérpretes siguen una formación especial para ayudar a estas pacientes.

"Los términos que emplean son diferentes" a los europeos, señala Jan Ilhan Kizilhan. "No dicen que fueron violadas, sino que dicen que se casaron [...] No dicen que sufran traumas, dicen que les duele la cabeza o el vientre", explica.

- Expulsadas -

Para los yazidíes, como ocurre en todo Oriente Medio, la violación es una deshonra para la mujer y su familia. Las víctimas de violencia sexual pueden ser expulsadas de su comunidad. La desesperación empuja a algunas yazidíes al suicidio.

Para ayudarlas, el psicoterapeuta recurrió también a su jefe espiritual, Baba Sheij, a quien pidió un gesto para con las víctimas.

"Para mí, como psicoterapeuta, era importante" que besara a estas mujeres en la frente antes de que partieran hacia Alemania y que declarara públicamente que siguen siendo yazidíes, a pesar de las violaciones.

"Solo estando seguro de su identidad se puede iniciar una terapia", subraya el experto, de origen kurdo.

Nadia Murad fue una de las primeras en hablar. Paralizada por las violencias que sufrió, "lloraba muchísimo y se desplomaba", cuenta Kizilhan, quien la vio por primera vez en un campo de refugiados en Irak. "Pero me decía: quiero hablar" de lo que les ocurrió.

Después de tres años de cuidados, Lewiza también logra ponerle palabras a su dolor, incluso aunque su mirada se pierde en el vacío a lo largo de su increíble relato.

Los yihadistas del EI "hicieron tanto mal a su alrededor, que ni siquiera sé si un proceso judicial podría reparar eso", lamenta.

Jan Ilhan Kizilhan asegura que, aunque quedó herida para siempre, la minoría yazidí vive actualmente un "cambio de paradigma".

En "esta sociedad patriarcal [...] son las mujeres como Nadia las que se alzaron", analiza. "Son ellas quienes manejan ahora nuestra sociedad".