Yair Lapid, el versátil líder israelí que busca evitar la vuelta de Netanyahu

Yair Lapid, el pasado 23 de octubre, durante el consejo de ministros celebrado en Jerusalén. (Photo: ABIR SULTAN via Getty Images)
Yair Lapid, el pasado 23 de octubre, durante el consejo de ministros celebrado en Jerusalén. (Photo: ABIR SULTAN via Getty Images)

Yair Lapid, el pasado 23 de octubre, durante el consejo de ministros celebrado en Jerusalén.  (Photo: ABIR SULTAN via Getty Images)

El centrista Yair Lapid llega a las elecciones generales del martes en Israel con el aval de sus cuatro meses como primer ministro en funciones, en los que lidió con múltiples desafíos y se posicionó como una alternativa viable al retorno de Benjamín Netanyahu, su principal rival.

Las quintas elecciones en Israel en menos de cuatro años serán las primeras en más de una década a las Netanyahu no llega al frente del Ejecutivo; y las primeras desde 2009 en las que el ex primer ministro se mide ante un candidato con experiencia previa en el cargo, aunque sea breve.

Desde su asunción como jefe de Gobierno el pasado 1 de julio, Lapid atravesó cuatro turbulentos meses en los que apeló a su etiqueta de centrista para inclinarse hacia la izquierda o hacia la derecha según cuál fuera la cuestión a resolver.

Este experiodista de Tel Aviv con diez años de experiencia en política enfrentó los embates de una oposición derechista y ultraortodoxa que lo atacó sin pausa por cuestiones desde política económica y educativa hasta seguridad y asuntos exteriores.

Estos dos últimos aspectos han sido centrales en su corto mandato, sobre todo teniendo en cuenta que asumió el cargo tras la disolución del Parlamento ante la parálisis del “gobierno del cambio” del que fue el principal arquitecto, lo que limitó su margen de acción como primer ministro de puertas adentro.

Respecto al conflicto con los palestinos, Lapid -que defendió en septiembre ante la ONU la solución de dos Estados- empleó un abordaje mixto. Su Gobierno fue el primero en años en lanzar una “ofensiva preventiva” en la Franja de Gaza, con medio centenar de muertos, pero simultáneamente profundizó la política de beneficios económicos para el enclave a cambio de calma en la frontera, que por ahora ha funcionado.

Distinta ha sido la situación en Cisjordania ocupada, donde el Ejército ha intensificado en estos meses las redadas que lleva a cabo casi diariamente, y que han contribuido a hacer de este año el más sangriento en la zona desde 2015, con más de 130 palestinos muertos.

Dotes diplomáticas

La política exterior ha sido el terreno en el que más destacó este carismático líder de 58 años. Lapid mantuvo la misma línea del “Gobierno del cambio”, que él mismo logró formar en junio de 2021 junto al ultraderechista Naftali Bennett para derrocar a Netanyahu, y en el cual ejerció como ministro de Exteriores.

Así, profundizó el acercamiento con sus nuevos socios árabes del golfo Pérsico -Emiratos Árabes Unidos y Baréin-, mantuvo la presión contra un nuevo acuerdo nuclear con Irán, encabezó la primera reunión de alto nivel con la Unión Europea en diez años, se reconcilió con Turquía y mejoró la relación con Egipto y Jordania, además de mantener una relación fluida con la administración estadounidense de Joe Biden.

Pero su principal triunfo diplomático fue el acuerdo de demarcación de fronteras marítimas con Líbano, país con el que Israel no tiene relaciones diplomáticas y está técnicamente en guerra desde 2006.

Juntos, la única salida

Una de las deudas pendientes de Lapid, que inauguró su mandato con un discurso conciliador, ha sido acabar con la polarización y el extremismo en la sociedad y política israelíes. De hecho, su llegada al cargo tras la debacle del puzzle de ocho partidos de todo el arco ideológico al año de su formación ya era un mal augurio.

Aquí radica tal vez su principal desafío de cara a los comicios: convencer al electorado de que su liderazgo al frente de este heterogéneo bloque es, además de la única manera de evitar el retorno de la coalición ultraderechista y ultraortodoxa de Netanyahu, una opción realista y duradera.

No parece tarea fácil, ya que las encuestas indican que su bloque -que aglutina una vez más a partidos de varias tendencias dispuestos a gobernar juntos para frenar la vuelta de Netanyahu- obtendría como máximo 57 escaños, cuatro menos de los necesarios para gobernar.

Netanyahu y sus aliados tampoco han alcanzado la mayoría mínima en los últimos sondeos, por lo que la jornada electoral del 1 de noviembre podría abrir el escenario para largas y arduas negociaciones entre los distintos partidos.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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