Ya se sabe qué crustáceos carnívoros atacaron a un joven en Australia

Sam Kanizay ya ha dejado el hospital de Melbourne, en Australia, donde trataban sus heridas. Llevaba ingresado tres días, después de que llegase a urgencias con sus tobillos sangrando sin control. Sam había estado jugando al futbol en la playa de Brighton y se metió en el agua para refrescarse. Notó pinchazos y cuando salió sacudió lo que pensó que era arena. Siguió jugando hasta que se dio cuenta de que sus pies no dejaban de sangrar. No era arena lo que se había quitado eran ‘pulgas del mar’, pequeños crustáceos que normalmente se alimentan de carroña. Tras analizar una muestra que capturó el padre de Sam se les ha identificado como ‘anfípodos lysianassid’. Estos animales viven en océanos y mares de todo el mundo, pero especialmente en aguas cálidas.

Las imágenes de los pies ensangrentados de Sam han dado la vuelta al mundo. Tras tres días de tratamiento en el hospital siguen apreciándose pequeños agujeros en sus tobillos, sobre todo en la parte de detrás de sus piernas, donde las heridas son más profundas.Después de que fuera atacado, su padre, Jarrod Kanizay, acudió a la playa y capturó cientos de estos crustáceos atrayéndolos con trozos de carne y atrapándolos con una red. Su padre piensa que Sam tubo que ser atacado por miles de ellos al mismo tiempo.

Al parecer, los responsables de las heridas son los llamados anfípodos lysianassid. Algunos ejemplares capturados por Kanizay fueron enviados al Museo Victoria en Melbourne y analizados por la bióloga marina Genefor Walker-Smith. Esta explica que normalmente estos animales se alimentan carroña, como peces o pájaros muertos. Cree que la explicación al sangrado incontrolable de Sam es que le inyectasen alguna clase de toxina como hacen las sanguijuelas.

Por otro lado, esta bióloga asegura que los ataques no son habituales, en su opinión Sam debió pisar algo con lo que se estaban alimentando y no se dio cuenta inmediatamente de que le estaban picando, probablemente porque el agua estaba muy fría.

“El hecho de que se haya quedado ahí quieto les dio un montón de tiempo para pegarse a él. Normalmente no atacan a los humanos, fue sólo una desafortunada casualidad”, concluyó. De la misma opinión es el profesor Richard Reina, de la escuela de Biología de la Universidad de Monash en Australia, que asegura que lo mismo hubiera ocurrido si hubiera permitido “que cientos de mosquitos se alimentaran de su brazo por media hora”

Las autoridades de Melbourne no han cerrado la playa en la que fue atacado Sam porque consideran que se trata de un caso aislado y no existe riesgo para los bañistas.

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