¿Y si hemos descubierto la causa del Alzheimer y el modo de detenerlo?

¿Tus encías sangran cuando te lavas los dientes? A mí me ocurre, y se desde hace años que padezco de periodontitis, al igual que un tercio de la población. En fin… gajes del oficio que no conviene tomarse a la tremenda ¿verdad? Si uno pierde los dientes siempre puede acudir a dentaduras postizas o a prótesis, podéis pensar. ¿Pero y si uno pierde la cabeza por culpa de enfermedades neurodegenerativas asociadas al envejecimiento como el Alzheimer?

Mujer anciana afectada por demencia de Alzheimer. (Crédito imagen: Max Pixel).

Supongo que en estos momentos estarás preguntándote qué tiene que ver el tocino con la velocidad. Me temo que en caso del binomio periodontitis-Alzheimer la respuesta es “mucho”.

La bacteria clave en el retraimiento de las encías e incluso en la pérdida de sustrato óseo para nuestros dientes, es un cocobacilo llamado Porphyromonas gingivalis que está presente en el 95% de los pacientes con periodontitis.

Bien, pues según investigaciones recientes, esta bacteria podría ser la causante de la enfermedad de Alzheimer, un mal misterioso cuyo origen ha logrado esquivar a los científicos durante décadas, incapaces de dar con el factor que lo provocaba.

Y eso, haber localizado el nexo de unión entre este cocobacilo de nombre impronunciable y el Alzheimer es una buena noticia, ya que nos da posibilidades para el contraataque. De hecho este mismo año se han iniciado ensayos clínicos centrados en un fármaco que bloquea las principales toxinas generadas por el P. gingivalis con resultados esperanzadores.

Una noticia fantástica, ya que conviene recordar que a medida que la población ha ido envejeciendo, la demencia ha ido ascendiendo puestos en las listas de causas de mortalidad en Occidente, hasta situarse entre las cinco primeras. Por desgracia el Alzheimer está detrás del 70% de los casos de demencia senil.

Como decía, lo del Alzheimer es uno de los mayores misterios en la historia de la medicina, ya hasta ahora no parecíamos tener muy claro qué lo causaba. Dado que la enfermedad implica muy a menudo la acumulación extracelular de dos clases de proteínas (el material amiloide y la proteína Tau) en el cerebro, las hipótesis más aceptadas hasta hace bien poco sostenían que el Alzheimer surgía por problemas en el control de estas dos proteínas. Pero las investigaciones centradas en este enfoque no avanzaban, y además existe gente con placas amiloides que no desarrollan demencia. Por estas razones la citada hipótesis perdió fuerza.

Porphyromonas gingivalis observada al microscopio electrónico. (Crédito imagen: perioprosthocc.wordpress.com).

Pero después, fueron apareciendo más evidencias que sugerían que la función de estas proteínas era en realidad la de proteger contra las bacterias, lo que hizo que los científicos centraran su atención en los patógenos y no en las proteínas. ¡Bingo! Estudios recientes sobre esas bacterias, y más en concreto sobre la famosa P. gingivalis han descubierto que son un gran factor de riesgo para que surja el Alzheimer. De hecho, las autopsias en personas fallecidas por Alzheimer han revelado la presencia en el cerebro de este cocobacilo y de otros patógenos causantes de diversas enfermedades.

¿Pero cuál es la relación directa? Varios equipos de investigación centrados en la P. gingivalis, han descubierto que este cocobacilo invade e inflama las regiones cerebrales afectadas por el Alzheimer. También han observado en ratones que las infecciones de encías pueden empeorar los síntomas del Alzheimer y que pueden causar una inflamación cerebral parecida a la que provoca esta clase fatal de demencia.

Pero hablemos ahora del esperanzador fármaco que mencioné anteriormente para lo cual debo hablaros de una empresa farmacéutica con sede en San Francisco llamada Cortexyme. Los investigadores de esta empresa han detectado la presencia de unas encimas tóxicas llamadas gingipaínas (empleadas por el P. gingivalis para alimentarse de tejido humano) en el 96% de las 54 muestras cerebrales afectadas por Alzheimer que han analizado. Además, han descubierto la presencia de la propia bacteria en otros tres cerebros afectados por Alzheimer cuyo ADN han examinado.

La buena noticia es que Cortexyme, ha desarrollado unas moléculas que bloquean las gingipaínas de modo que cuando se le daba a los ratones tratados con ingeniería genética para desarrollar Alzheimer (a los que también se les había infectado con el P. gingivalis) se reducía la infección en sus encías, se detenía la producción de material amilioide en sus cerebros y se reducía así mismo la inflamación cerebral (en ocasiones incluso se recuperaban neuronas dañadas).

¿Comprendéis la importancia de este trabajo? Como comentado, Cortexyme inició a finales de 2018 ensayos clínicos en voluntarios afectados con el mal de Alzheimer tanto en San Francisco como en Barcelona con ese inhibidor de las gingipaínas al que llaman COR388 (véase esta nota de prensa) con resultados prometedores.

¿Estamos más cerca de curar el Alzheimer (y de paso la periodontitis)? Eso parece, crucemos los dedos y esperemos que los resultados observados en los citados ensayos puedan replicarse en otros hospitales.

Me enteré leyendo NewScientist.