¿Y si el sexo fuese una estrategia contra el cáncer?

¿Y si el sexo fuese una estrategia contra el cáncer?

¿Para qué sirve el sexo? La pregunta puede parecer extraña, pero es algo que se llevan preguntado los biólogos desde hace mucho tiempo. Más que nada, porque existen alternativas que son más eficientes y “baratas”. Así que debe existir un buen motivo – al menos uno – para que sea la opción mayoritaria de los organismos más complejos.

Un artículo reciente da una explicación. Y es que el cáncer puede estar detrás del hecho de que la reproducción sexual se haya fijado como estrategia en la inmensa mayoría de organismos pluricelulares.

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Empezando por el principio, vamos a comparar las dos posibilidades. Por una parte tenemos la reproducción sexual y por otra la asexual. Ambas tienen ventajas e incovenientes. En el caso de la reproducción sexual, que genera diversidad: si el ambiente cambia, hay variabilidad que puede permitir que la descendencia sobreviva.

Pero la reproducción asexual es más barata, generalmente más rápida y sólo requiere un individuo. Es cierto que no genera diversidad… salvo que se permita que exista. Es decir, si se acepta una tasa de mutación elevada, se puede dar diversidad, y la única desventaja es que algunos – o muchos – descendientes sufrirían las consecuencias. Pero como se tienen más, se compensa una cosa con la otra.

Todo esto está muy bien, salvo por un detalle. Uno importante: que los organismos pluricelulares son un ensamblaje complejo de distintas líneas celulares. Y algunas de estas líneas clonales tienen la capacidad de crecer más allá de lo que deberían, afectando al conjunto. Vaya, que algunas líneas clonales se transforman en cánceres.

El problema es controlar estas líneas clonales, que los expertos llaman “células tramposas”. Se trata de conjuntos de células que se comportan como enfermedades infecciosas y que son capaces de invadir el cuerpo por completo, disminuyendo la supervivencia del individuo como conjunto. De hecho, la aparición del sistema inmune no deja de ser un mecanismo para controlar estas “infecciones”, así como las externas.

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Pero no basta con esto. Como bien sabemos, el sistema inmune no es perfecto y se le pueden escapar líneas celulares. Así que hay que encontrar otros mecanismos de control. Lo mejor en un caso así es evitar que las células tramposas encuentren las condiciones apropiadas.

Aquí es donde entra en juego la reproducción sexual. Básicamente, lo que se consigue con esta estrategia es barajar los genes. Se crean nuevos conjuntos, nuevos ensamblajes, que evitan que las líneas tramposas mantengan su ventaja.

Esta visión de la reproducción sexual cambia, y bastante, la manera de entender la evolución y la relación entre células e individuo, entre las partes y el todo. Aún queda trabajo para demostrarlo, detalles por pulir, pero se trata de un cambio de mentalidad que puede resultar muy interesante.