Y luego nos llamáis putas. Y preguntáis lo que cobramos.

Carme Chaparro
·3 min de lectura
(Photo by Simona Granati - Corbis/Corbis via Getty Images)
(Photo by Simona Granati - Corbis/Corbis via Getty Images)

Enseguida te voy a decir lo que cobro, pero espera un poco.

Porque antes están las cifras.

Que asustan.

La de asesinadas, decenas al año, por sus parejas que no soportan que ellas quieran ser libres.

Las de los ejemplos que tienen nuestras hijas en los libros del colegio. Sólo un 9% son mujeres.

Las de nuestros sueldos, un 27% más bajos que los de los hombres.

Las de nuestras heridas en un accidente de tráfico, un 47% más graves, porque el espacio del conductor está diseñado para ellos.

Las de los equipos tecnológicos totalmente masculinos de las startups, que reciben cuatro veces más dinero de los inversores, que no terminan de fiarse de las mujeres en esto de la ingeniería.

Las de los galardones científicos en España, que en un 83% van a parar a manos masculinas.

Las de la maternidad, que rebaja de media nuestros sueldos -cuidados, reducción de jornada...-un 37%

Las de la temperatura de la oficina, determinada por el metabolismo masculino —hombre, de cuarenta años y setenta kilos de peso, para ser exactos- y unos cinco grados por debajo del metabolismo femenino -esas chaquetas en verano.

La del profesorado español. El 98% del profesorado de guardería es femenino, un porcentaje que cae en picado mientras se asciende en la escala académica, hasta llegar al ridículo 18% de catedráticas y 13% de rectoras de universidades.

Las del dinero que sobra tras ir de botellón con los amigos y que se sortea para ver quién de los colegas se va de putas con él.

Las de las seis monjas por cada cuatro sacerdotes en la Iglesia Católica, aunque ellas son una mayoría silenciada y sirviente. Ni siquiera pueden repartir los sacramentos.

Las de la Viagra, que se vendió como uno de los grandes descubrimientos médicos del siglo, la pastilla que iba a cambiar las relaciones sexuales. La femenina se ha vendido como “la pastilla que las pondrá cachondas perdidas”.

Las de la tasa rosa: juguetes idénticos son más caros en color rosa que en azul. La ropa sigue el mismo patrón. También un champú con la misma composición o una cuchilla de afeitar, o los pañales para la incontinencia en adultos son más caros en la versión femenina.

Las de los dos millones menos de mujeres que de hombres haciendo ejercicio en el Reino Unido, porque . no les gusta la apariencia de su cuerpo mientras se ejercitan y les da vergüenza que las vean siendo torpes. A nivel mundial, la OMS lo ratifica: no sólo la falta de tiempo, también la vergüenza hace que las mujeres hagan menos ejercicio. ...

Las de las grandes compañías que dominan el mundo y están dirigidas casi en su totalidad por hombres. Un estudio de PwC ha examinado a las 2.500 mayores empresas del planeta. 359 acaban de cambiar a su CEO. Sólo 10 son mujeres, a pesar de que las compañías con más mujeres directivas consiguen aumentar los márgenes de beneficios en varios puntos. Su rentabilidad financiera crece un 35% y sus beneficios antes de impuestos son cinco puntos más elevados que los de las empresas masculinizadas, según datos de McKinsey. A igualdad de directivas contratadas se dispararía el PIB de los países entre un 5% -Estados Unidos- y un 12% -Emiratos-.

Las de lo que algunos hombres dicen de nosotras en sus grupos de Whatsapp de chicos.

Podría seguir, pero os prometí deciros lo que cobro. Nada. Porque tengo la suerte de poder elegir. Otras mujeres no la tienen; secuestradas, esclavizadas, traficadas... o pobres. Porque en la pobreza no hay elección.

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