A ver si con Xavi se reivindica de una vez la figura de Louis Van Gaal

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FC Barcelona's Dutch coach Louis Van Gaal stands alone as an assistant
points out instructions during his team's training sesion in Barcelona
January 27, 2003. Barcelona's besieged coach Van Gaal is likely to find
later on Monday whether he has a future at the club, after a 2-0 defeat
at Celta Vigo left the Catalans heading for their worst ever Spanish
league finish. REUTERS/Albert Gea

SP/CRB
REUTERS/Albert Gea SP/CRB

18 de agosto de 1998. Barcelona y Mallorca repiten su enfrentamiento de meses antes, esta vez para dirimir al campeón de la Supercopa de España. El Barça viene de un doblete lleno de altibajos con decepción europea y su entrenador, Louis Van Gaal, vive en una continua discusión con el entorno. Van Gaal es un hombre duro, difícil en el trato, cabezota, que mima al extremo cada detalle y lo apunta luego en su libreta. Encarna la modernidad en una liga llena de David Vidales. No les dice a sus chicos: "Salgan y disfruten", es imposible imaginarse a Van Gaal diciendo algo así, sino que les llena la cabeza con miles de órdenes y movimientos y posiciones de ataque y de presión, convencido de que la racionalidad llevará al triunfo.

Es el primer título en juego de la temporada 1998/99. Poco a poco, a Van Gaal le han ido trayendo a Hesp, a Bogarde, a Reiziger, a Zenden, a Cocu... el fichaje de Kluivert está al caer y el de los hermanos De Boer aún se retrasaría un poco. "El Barça de los holandeses", se dice con desprecio, pero con un indudable poso de verdad. En los tiempos inmediatamente posteriores a la Ley Bosman, ocho jugadores de un mismo país extranjero resulta aún chocante. Sin embargo, en Mallorca, Van Gaal no apuesta para la dirección del juego por Cocu sino por Xavi Hernández, un absoluto desconocido proveniente del filial, pequeñísimo en tiempos de torres defensivas en el medio del campo -son los noventa, todo es Vieira y Desailly-. El experimento sale mal: el Barça pierde 3-1 y no remonta en la vuelta. Primeros pañuelos.

Sin embargo, Van Gaal insiste con este chico como insistiría años después con Andrés Iniesta. Entiende el fútbol como solo lo entiende su otro organizador, Pep Guardiola. Cuando el holandés está a punto del despido, Xavi lo salva, en Valladolid, con un gol de cabeza, de los pocos en su carrera. El Barça gana aquella liga y vuelve a fracasar en Europa. El clima es irrespirable. Núñez aguanta a Van Gaal una tercera temporada pero esta acaba sin títulos y el holandés se va con fama de intransigente y de chulo. La prensa le odia, la afición le odia, buena parte de los jugadores -incluso los holandeses- también se han puesto en su contra.

Y el caso es que aunque volviera después para otro año mediocre en resultados, esa primera estancia de Van Gaal en el Barcelona, todo ese revuelo mediático en torno a chorradas, ese carácter huraño que le alejaba de la popularidad, ha hecho que su figura haya quedado soterrada dentro de la historiografía barcelonista, como si no hubiera estado nunca, como si no fueran suyos los conceptos que impuso Guardiola en 2008 cuando llegó y que él mismo se cuidó muy mucho de atribuir a Cruyff. El "cruyffismo", tal y como se entiende en 2021, es "vangaalismo" adaptado. Xavi tiene la oportunidad de poner las cosas en su sitio.

La rueda de prensa del pasado lunes fue un primer paso adelante. Al menos, mencionó a Van Gaal como uno de sus maestros -aunque también citó a Rijkaard, que no tenía nada que ver-. Aparte, todo su empeño en el orden, en la disciplina, en la posición, en el control del partido mediante la posesión y la recuperación del balón... todo eso que nos recuerda tanto a Pep y que, insisto, se llama "cruyffismo" por pura pereza, es en realidad, Van Gaal. No ya el Van Gaal del Barcelona, que siempre estuvo a disgusto y fracasó en la imposición de un sistema, sino el Van Gaal del Ajax.

Hay al menos una generación de entrenadores que lleva veinticinco años intentando imitar al Ajax que ganó la Champions en 1995. Un equipo de leyenda, mucho más allá de sus jugadores, que siguieron posteriormente trayectorias a menudo discretas. Un equipo que presionaba arriba, que corría todo el rato, que no negociaba los esfuerzos, que movía el balón con facilidad, dos extremos siempre pegados a las bandas, búsqueda constante del tercer hombre, triángulos por todo el campo, salida organizada del balón sin dar un solo balonazo, delanteros centros que sirven de pivotes...

Si les suena esto a algo, tiene que ser al Barcelona de Pep Guardiola. Y exactamente eso es lo que busca reeditar Joan Laporta con Xavi Hernández. La manera de entender el fútbol de Guardiola y Xavi por supuesto que tienen una base algo vaga en Cruyff: juego ofensivo, posesión del balón, espectáculo, juego por banda... pero, a Cruyff, el orden le importaba lo justo. El orden era un borrador de posiciones con números que luego los jugadores convertían con sus movimientos en cualquier otra cosa. Cruyff no era un obseso de la posición del extremo entre el lateral y el central y cosas así. Cruyff te ganaba 5-4 y te perdía 6-3. Cruyff, en resumen, era un hedonista, un tipo que se sentaba en el banquillo para disfrutar.

Guardiola no es así y no tiene pinta de que lo vaya a ser Xavi. Son tipos concienzudos, que se saben el libro de táctica de memoria, que analizan cada situación como si fuera una partida de ajedrez y que, bromas, quieren las justas. Tipos que llegan a un club y hablan de esfuerzo, de disciplina, de exigencia, de responsabilidad. Sí, eso puede ser "cruyffismo" casi treinta años de Cruyff, no es un disparate, pero esa evolución del fútbol divertido y dinámico a una cosa más científica, muchísimo más programada, ya se hizo en su momento. Y la hizo Van Gaal. Justo sería que alguien, de una vez, le concediera algún mérito.

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