¿Vuelve la Siria de Bashar al-Assad a la escena diplomática regional?

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Un acercamiento relámpago a Jordania, un papel importante en la crisis energética libanesa o una reintegración en Interpol. Las señales son claras: Siria está rompiendo parcialmente su aislamiento geopolítico a pesar del mantenimiento de fuertes sanciones estadounidenses.

Hacía más de diez años que no se hablaban oficialmente. Pero a principios de octubre, Bashar al-Assad y el rey Abdullah II de Jordania conversaron por teléfono. Una simple llamada, pero cuya importancia es grande para el régimen sirio, todavía excluido por la comunidad internacional.

Desde hace varias semanas, el acercamiento entre Damasco y Amman se ha acelerado. Los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países se reunieron al margen de la reciente Asamblea General de la ONU en Nueva York y varios ministros sirios fueron recibidos por las autoridades jordanas.

Esta aparente reconciliación jordano-siria se vio coronado por la reapertura, a finales de septiembre, del principal paso fronterizo terrestre, el de Jaber-Nassib, en el noroeste de Jordania, que comparte 375 km de frontera con su vecino sirio.

Por el momento, no se trata de normalizar las relaciones políticas. El intercambio de embajadores no está en la agenda, aunque las representaciones diplomáticas estén abiertas.

Del lado jordano, el objetivo es sobre todo económico. Antes de 2011 y del inicio de la guerra en Siria, el comercio terrestre entre ambos países representaba nada menos que 615 millones de dólares al año para el reino hachemita. Tras la pandemia de Covid-19 y los años de desestabilización regional, Jordania ya no puede permitirse el lujo de dar la espalda al régimen de Damasco.

Pragmatismo estadounidense

Con este acercamiento, Bashar al-Assad continúa su rehabilitación en la escena regional. A finales de 2018, Abu Dhabi -seguido poco después por Bahrein- había anunciado la reapertura de su embajada en Damasco tras seis años de ruptura. Otros países, como Egipto, Omán, Irak o Jordania, también han ido suavizando sus posiciones hacia Damasco.

"Algunos países árabes han seguido manteniendo, de hecho, contactos discretos con Siria, y los gobiernos que ahora se acercan públicamente al régimen han querido hacerlo desde hace mucho tiempo. En la región, todo el mundo entiende que Bashar al-Assad ha ganado la guerra y que es necesario tener contactos con él", dijo Aron Lund, analista de Oriente Medio asociado a la Fundación Century, contactado por France 24.

Otro elemento ha contribuido a mover las líneas a favor de Bashar al-Assad: la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca. "Obama y Trump mantuvieron una fuerte presión para evitar ese acercamiento. Este ya no es el caso con Joe Biden", dice Aron Lund.

Una muestra de este enfoque más pragmático por parte de Estados Unidos, es la luz verde excepcional dada en agosto al proyecto de transporte de gas egipcio a través de Siria hacia un Líbano en crisis, a pesar de las fuertes sanciones de la “ley César”, que prohíbe cualquier transacción con las autoridades sirias.

"La embajadora de EE. UU. en Beirut ha aceptado el principio de un suministro a través del gasoducto sirio, suspendiendo de manera puntual la “ley César”. Se trata de evitar que Irán envíe sus cargamentos de fuel por barco", analiza David Rigoulet-Roze, investigador asociado del Iris (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas) especializado en la región de Oriente Medio. “Sin duda, Bashar al-Assad utilizará hábilmente esta posición para demostrar que no se puede excluirlo definitivamente”.

Queda por ver si el gasoducto sirio sigue funcionando correctamente tras más de diez años de guerra. Actualmente se está realizando una auditoría para verificar el estado de sus instalaciones.

Vuelta al mundo árabe

Para Bashar al-Assad, los planetas parecen alinearse para que vuelva al juego diplomático regional y la cuestión de la reintegración en la Liga Árabe es cada vez más urgente.

"Los países más influyentes de la Liga Árabe, excepto Arabia Saudita, están a favor de la reintegración de Siria. Me sorprendería que esta reincorporación no se produjera en los próximos dos años", pronostica Aron Lund, según el cual Siria podría superar las últimas reticencias ofreciendo promesas de buena voluntad sobre la liberación de prisioneros o garantías sobre el retorno de los seis millones de refugiados sirios.

El peso pesado de la organización, Egipto, y el general Abbas Kamel, jefe de los servicios de inteligencia, están pilotando esta vuelta al ruedo. También en este caso se trata de contrarrestar la influencia de Teherán en la región.

"Los vínculos entre Damasco y Teherán son muy fuertes. Si Bashar al-Assad ganó la guerra, fue en gran parte gracias a Irán. Por otro lado, hay quien piensa que seguir condenando a Bashar al-Assad al ostracismo equivale a empujarlo definitivamente a los brazos de Irán. La idea de estos países árabes es insistir en la "arabidad" de Siria para debilitar sus vínculos con Teherán", analiza David Rigoulet-Roze.

Assad, persona non grata

El último acontecimiento que parece indicar un punto de inflexión para Siria en el frente diplomático es su regreso al sistema de intercambio de información, Interpol.

Damasco fue suspendido en 2012 cuando se impusieron sanciones internacionales al país en respuesta a los crímenes cometidos por el régimen contra su pueblo.

"Los servicios de inteligencia son realistas. Saben que no pueden prescindir de restablecer un mínimo de vínculos con los servicios sirios, que tienen experiencia en la gestión del riesgo terrorista", explica David Rigoulet-Roze.

Sin embargo, este regreso de Siria en el juego diplomático mundial debe ser relativizado en gran medida, según los especialistas entrevistados por France 24.

"Nadie quiere salir en fotos dándole la mano a Bashar al-Assad", dice Aron Lund. "Más allá de la reputación del régimen, hay muchos obstáculos para una mayor normalización, especialmente con Estados Unidos y la UE".

Desde junio de 2020, la “ley Cesar” permite disuadir a personas, entidades o empresas de colaborar económicamente con Damasco. Sanciones que los vecinos de Siria desearían ver aliviadas. Pero, por el momento, no está en la agenda el levantamiento parcial de las sanciones estadounidenses, que requeriría un voto políticamente costoso para Joe Biden en el Congreso.

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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