Vuelco en el caso Yeremi Vargas: su padre, detenido de nuevo por presunto abuso sexual.

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Detenido de nuevo el padre de Yéremi Vargas, tan sólo un par de días después de quedar en libertad. Los agentes lo han arrestado tras la denuncia de otra niña, también de 13 años, hija de una expareja, que lo acusa de haber abusado de ella. 

La misma acusación, pero de su propia hija, que esta semana lo llevaba al calabozo 

Dos niñas de 13 años. Dos acusaciones de abuso sexual. 

Con todas las cautelas posibles, y poniendo todo en cuarentena, estas dos detenciones abren una oscura duda frente a nosotros.

¿Qué pasó hace catorce años cuando el pequeño Yéremi desapareció mientras jugaba en la calle, cerca de su casa? El caso nunca llegó a aclararse. De Yéremi no se sabe nada más desde entonces. Años más tarde se imputó a Antonio Ojeda, El Rubio, un pederasta de la zona que hace unos meses salió de la cárcel tras cumplir condena por abusos sexuales a un niño. Pero del caso Yéremi no se le ha podido acusar de nada en firme, y el juez consideró que los indicios en su contra no eran suficientes. 

Quizá nunca lleguemos a saber qué le pasó al pequeño de siete años, pero sí que tenemos algunas certezas. Sabemos que un maltratador nunca podrá tener una relación sana con una mujer, y que nunca será un buen padre. Y también sabemos que un agresor sexual nunca se rehabilitará del todo. 

Porque los dos, violador y maltratador, agreden por el placer de la dominación. El maltratador disfruta dominando a su pareja, que es un objeto de su propiedad, no entiende otra manera de relacionarse con las mujeres que no sea el control absoluto. De la misma manera, un violador no busca un orgasmo, sino que lo que necesita es humillar a su víctima, tener poder sobre ella. Disfruta sometiéndola, humillándola, hiréndola en lo más íntimo de un ser humano: su sexualidad.  

Y esa necesidad del maltratador y del violador es difícilmente corregible. Siempre existe el riesgo de reincidencia, porque no saben vivir de otra manera. Pero es un tema tabú en un sistema que lo fía casi todo a la reinserción penitenciaria. De los pocos que se han atrevido a ser claros es el que fuera director de Instituciones Penitenciarias durante la aplicación de la doctrina Parot, que en 2013 excarceló a decenas de violadores y asesinos que cumplían sumas de condenas. "Tienen una tasa de reincidencia muy alta", dijo entonces Ángel Yuste. "Son personas altamente temibles, con componentes y desestructuraciones en la personalidad que hace que tengan una tasa de reincidencia muy alta. El tratamiento penitenciario y la posibilidad de entrar en prisión no ejerce sobre ellos la misma intimidación que sobre los ciudadanos normales".

Una sombra oscura planea ahora sobre el padre de Yéremi y será la investigación policial la que dilucide qué ha pasado, y, sobre todo, si tiene algo que ver con lo que ocurrió hace 14 años, cuando se le perdió la pista a Yéremi mientras jugaba en un descampado cerca de la vivienda familiar en Vecindario, en Santa Lucía de Tirajana (Gran Canaria).

Gran Canaria 18 de marzo 2007.   REUTERS/Borja Suarez (SPAIN)
Gran Canaria 18 de marzo, 2007. REUTERS/Borja Suarez (SPAIN)
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