Vox venía a romper la España progresista y ha roto la derecha

El candidato del Partido Popular a la presidencia del Gobierno, Pablo Casado (2-i), valora los resultados electorales en la sede de su partido en Madrid. EFE
El candidato del Partido Popular a la presidencia del Gobierno, Pablo Casado (2-i), valora los resultados electorales en la sede de su partido en Madrid. EFE

24 diputados, sí. Pero quinta fuerza parlamentaria. 2,6 millones de votos, sí. Pero no más del 10% de los votos. Tercera fuerza de la derecha, pero testimonial para el juego parlamentario de la legislatura que está a punto de comenzar. Vox venía a romper España para refundarla sin izquierdas ni nacionalismos, y lo que en realidad ha logrado es romper la derecha, que está hecha añicos. Porque por mucho fenómeno Vox que quieran, la derecha ha recibido un tremendo varapalo. ¿Paradoja, no? La clave es la ‘voxización’ de la derecha. La foto de Colón fue su gran error.

Veamos, comparado con las pasadas elecciones, el PP ha perdido más votos de los que han ganado Ciudadanos y Vox. Hay casi un millón de votos de la derecha que se han evaporado. ¿Adónde han ido? Son votos de españoles que, tirando de orgullo, han rechazado las tesis ultraderechistas de Vox y que se han negado a devolver a España a una era en blanco y negro liderada por fascistas. España lleva décadas sin pactos de Estado para Sanidad o Educación, entre otros, pero los españoles sí han hecho un pacto de Estado contra la derecha radical y trasnochada. Aunque algunos han ganado algo más que otros, los tres partidos de derecha han perdido. Vamos por partes:

Vox ha entrado en el Parlamento con 24 diputados, pero se han quedado muy por debajo de sus expectativas. En el partido de Santiago Abascal se han quedado con un sabor de boca agridulce al obtener menos de la mitad de los 60 diputados que creían que iban a lograr.

Tampoco han podido desbancar a Ciudadanos como segunda fuerza política de la derecha. Tienen motivos para estar contentos, pero también motivos para sentirse defraudados.

Ciudadanos, por su parte, ha subido 25 escaños y se ha quedado muy cerca del PP. Moralmente Albert Rivera se ha autonombrado jefe de la oposición, aunque en número de escaños estarán nueve por detrás de Pablo Casado (57 vs 66). Lo que nadie sabe es qué hubiera pasado si Ciudadanos no se hubiera escorado a la derecha, si no se hubiera hecho la foto de Colón.

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Y más claro. Si no hubiera radicalizado su discurso extendiendo un cordón sanitario al PSOE, hoy sería el pacto clave para el PSOE habiendo podido, quien sabe, incluso entrar en un Ejecutivo. Pero Rivera se escoró tanto que no supo ver lo que sí veían los demás, que el cordón sanitario se lo estaba atando al cuello.

Y el Partido Popular se ha llevado un revolcón épico. Pablo Casado ha llevado al PP al peor resultado de su historia dejándose por el camino 71 escaños y 3,9 millones de votos. El cabreo dentro del viejo PP por haber abandonado el centro es tal que ayer se escuchaban voces que pedían cambios drásticos. Por suerte para Casado, no hay tiempo para reorganizar el partido de aquí a las elecciones autonómicas y municipales de mayo, aunque la reunión que el martes mantendrá en la sede de Génova con el resto de barones territoriales del partido va a ser más que tensa. Casado está en la cuerda floja justo cuando más dirigentes del partido se la tienen jurada por haberles dejado fuera de las listas en base al “cambio tranquilo” que ha propugnado.

Para lo que sí hay tiempo, es para reorganizar su discurso y su programa. Por eso ayer mismo empezó a modificar su discurso erigiéndose como el líder del centro derecha. Efectivamente, el PP ha recuperado el concepto ‘centro’ en sus discursos. No dejarán de oírlo de aquí al 26-M.

Ahora bien, la derecha aún ha perdido más cosas. La radicalización de sus discursos no solo ha provocado un efecto llamada entre los votantes de izquierda, sino que los ha convertido en residuales dos feudos básicos: Ni PP, ni Cs ni Vox han logrado un solo escaño de los 18 que elegían en Euskadi. Y en Cataluña apenas han sumado 7 de los 48 que había en juego. Y lo que es peor, para ellos. Su ansia por la confrontación y por sacar el artículo 155 a pasear ha provocado que los partidos nacionalistas vascos y catalanes hayan obtenido registros históricos. Hasta el punto de que ERC tendrá grupo propio con 15 diputados y que Bildu le ha dejado sin escaño al propio jefe de campaña del PP, y número 3 del partido, Javier Maroto.

Por no hablar del Senado, en donde el PSOE ha triplicado su número de asientos al tiempo que el PP ha perdido 75. Como no logre algún gobierno regional importante en mayo, a Pablo Casado le va a resultar imposible recolocar a tanto dirigente en paro.

Aún está por ver, además,si podrán acusar a Pedro Sánchez de venderse a los separatistas ya que el PSOE podría lograr formar Gobierno sin el apoyo de los independentistas catalanes. Tendrán que inventarse otra arenga.

Pero ahí no acaba todo. La autocrítica no es el fuerte de los partidos políticos, así que de aquí a mayo se avecinan más ataques, reproches, dardos y puñaladas entre PP, Cs y Vox. Tal vez alguno de ellos salga ganando en la refriega, pero como no sea así, la derecha podría perder en las autonómicas y municipales aún más de lo que ha perdido en estas elecciones generales. Algo se ha roto en la derecha, y aún está por ver quién paga los platos rotos.

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