VOX o cuando la ubicuidad es el mensaje

En un post previo Los populismos ya están aquí, en España se presentaba la emergencia política del partido político VOX desde finales de 2018, cuando lleva unos años siendo irrelevante. Aunque de un modo simplista o intencional se tiende a querer encasillar a Vox como un partido franquista, la emergencia de Vox es algo más serio que eso. El fenómeno del populismo ultraconservador es bastante más simple y complejo a la vez: el populismo y el nacionalismo están convergiendo a toda velocidad (también desde la izquierda pero con peores resultados electorales). Estamos ante una más, de las múltiples paradojas de nuestro tiempo.

Vox es una versión local de un mismo fenómeno: la reacción nacional populista ultraconservadora contra las élites políticas, la voluntad de renacionalización (lo que el sociólogo alemán Ulrick Beck denomina el nacionalismo metodológico) y de la vuelta a lo local donde se imagina o desea que es posible recuperar una seguridad perdida, recuperar el protagonismo y la construcción del otro como enemigo (otra paradoja, donde se coincide con p.e. los independentistas catalanes). No es una trama, no es un complot: está sucediendo ante nuestros ojos, sólo que hay quiénes lo han entendido en lugar de despreciarlo o subestimarlo.

En España hay evidencias desde 2014, incluso en el origen del 15M en 2011 ya estaba presente el embrión, de la reacción de temor e ira de cientos de miles de personas ante las consecuencias de los cambios económicos provocados por globalización, por la disrupción tecnológica, la incapacidad de manejarse frente a la creciente complejidad de la realidad, el fuerte incremento de las desigualdades y la incertidumbre por la propia vida y de las familias a corto plazo. Y así, el populismo que comenzó a crecer en la izquierda ideológica ha ido mutando desde 2016 hacia su capitalización por la derecha ultraconservadora.

En definitiva, el caldo de cultivo que está comprendiendo y utilizando el populismo ultraconservador parece estar entendiendo bien la psicología de las masas en esta segunda década del siglo XXI. Personajes ultraconservadores como Steve Bannon están traduciendo a su favor el mensaje del ruido y la furia social que recorre las democracias liberales, incapaces de dar respuestas eficaces a los problemas de sus ciudadanos. De hecho los partidos populistas ultraconservadores tienen como objetivo conseguir acercarse a un tercio de los representantes en el Parlamento europeo tras las elecciones de mayo de 2019.

Desde luego que el populismo ultraconservador es poco probable que tenga las soluciones a los problemas que señalan. Identificar y entender el espíritu de una época a través de sus problemas no es lo mismo que poder solucionarlos (el caso del Brexit es un excelente ejemplo), aunque esa incapacidad real no parece formar parte del debate político. Lo que es evidente es que grandes grupos sociales ante la tesitura de que se cronifique una situación de desventaja -iniciada a finales de 2007- pueden optar por decantarse por alternativas tan extremas como inciertas basadas en aspectos muy emocionales. En definitiva, aceptar correr el riesgo de cambiar hacia donde sea para no seguir igual.

Vox, con las distancias y matices que se deseen introducir, es la versión local de lo que ya ocurre en Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Brasil, Francia, Austria, Alemania, etc. Y su crecimiento en los medios de comunicación profesionales y de Internet es muy significativo.

Red de menciones a Vox en Internet

Convirtiendo datos capturados en Internet usando el Análisis de Redes Sociales y presentándolos en forma de red y filtrando hasta seleccionar solo el 1,8% de aquellos perfiles más activos (digamos influyentes) obtenemos el grafo de la imagen.

¿Qué podemos deducir?: 1) La comunidad alrededor de Vox (en alta coincidencia con el grupo ideológico) está muy densamente relacionada y algunos medios profesionales afines a la derecha 2) el grupo rojo presenta, en especial, perfiles de la izquierda mediática y política como independentistas catalanes, perfiles republicanos y medios profesionales de izquierda y 3) el grupo azul otros medios de comunicación.

Conclusión: el efecto de amplificación de Vox se debe más a su ubicuidad mediática que a los contenidos políticos -que cuanto más excéntricos sean más se amplifican de forma negativa, pero lo hacen así más ubicuo-. Lo que ocurrió con el UKIP en UK es que la cobertura de los medios de comunicación (más otros perfiles) puede impulsar el apoyo público a los partidos populistas de derecha de una manera sustancialmente no trivial, pero no al revés. La historia se repite, es cierto.

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