Vox, el partido incomprendido


Ignacio Aguado (Cs) mantiene su mirada al frente mientras Rocío Monasterio (Vox) toma asiento en su escaño de la Asamblea de Madrid. (Photo by Ricardo Rubio/Europa Press via Getty Images)

Si no lo han hecho ya, no tardarán en hacerlo. Pero la maquinaria mediática y política de la derecha ya está engrasada para culpar del bloqueo institucional de Madrid y Murcia a Vox. Leerán qué ‘Santiago Abascal puso demasiadas condiciones como para llegar a un acuerdo con Pablo Casado y Albert Rivera’, que ‘Vox cambió de parecer en medio de las negociaciones en Murcia’, que a pesar de que ‘Ignacio Aguado (Cs) aceptó reunirse con Monasterio (Vox) en una cita a tres con Ayuso (PP) y que ni aún así la formación de ultraderecha dio su brazo a torcer’.

Pero en realidad Vox no es ni el partido que más ha tensado la cuerda, ni el que menos ha cedido en las negociaciones. Es más, Vox ha sido el partido incomprendido por el gran público de derechas. Porque en realidad la formación de ultraderecha lo único que les pedía a sus socios era comprensión y respeto en consonancia con el peso político que tienen en la actualidad en base al resultado de las urnas en Murcia y Vox. El PP lo entendió a medias, pero Ciudadanos no. De hecho, Albert Rivera ha ejercido el papel del gorrón del recreo al querer apropiarse de sus escaños sin darles nada a cambio.

Recordemos las posiciones iniciales en Madrid tras la noche electoral. El PP celebró su posibilidad de retener el Gobierno regional tras el descalabro del partido en las generales. Ciudadanos celebró ser clave para el acuerdo y deslizó su intención de hacerse con la vicepresidencia de la Comunidad. Y Vox se felicitó por su resultado dejando caer que exigiría entrar en el Gobierno de alguna manera.

Quince días después, con el inicio de las negociaciones, PP y Cs siguieron en sus trece, y Vox reculó señalando que les bastaría con incluir cinco medidas en el acuerdo programático:

  1. Sellar una bajada de impuestos

  2. Hacer una auditoría de las subvenciones

  3. Suprimir los chiringuitos

  4. Derogar varios artículos de la Ley de Identidad de Género y la Ley contra la LGTBIfobia

  5. Luchar contra la inmigración ilegal.

Y estos últimos días, cuando el tiempo apremiaba, de nuevo Vox fue la única que cedió. PP y Cs firmaron un acuerdo entre ellos obligando a los de Abascal a aceptarlo para no regalarle la Comunidad de Madrid a la izquierda. Y Vox volvió a rebajar sus exigencias solicitando simplemente que se aceptara su petición de estudiar posibles modificaciones de los puntos 4 y 5 arriba mencionados.

Visto así, Vox no parece el gran culpable del fracaso de las negociaciones en Madrid. Al contrario. Es más, el PP ayer dejó caer que Cs había sido un poco intransigente en sus peticiones. Y estos debieron de sentirse aludidos porque aceptaron, a regañadientes, hacerse la foto con Vox. Pero en realidad no entendieron de qué iba la cosa. El pacto a tres no era cuestión de fotos, sino de que PP y Cs respetasen la autoridad política de Vox a día de hoy.