¿Estamos volviéndonos más tontos los humanos?

J Toledo y José de Toledo
·3 min de lectura
¿Estamos volviéndonos más tontos los humanos?
¿Estamos volviéndonos más tontos los humanos?

Los seres humanos nos estamos volviendo cada vez más tontos – o menos inteligentes, que lo mismo da. O al menos esa es la conclusión a la que llegan unos investigadores, y que explican en un artículo reciente. Y según ellos, la razón detrás de esto es nuestro entorno y hábitos de vida. Si es que lo que plantean es cierto, que genera bastantes dudas.

Los investigadores se han basado en los tests de cociente intelectual (CI) que se realizan de manera obligatoria en Noruega antes de comenzar el servicio militar. Y lo que han comprobado es que en las últimas décadas la media de los CIs ha ido bajando de manera constante. Poco cada año, pero de manera clara.

A esto lo han llamado “efecto Flynn inverso”. El efecto Flynn es una idea con muchos años, que se basa en el crecimiento en los resultados de los tests de CI a lo largo del siglo XX, especialmente hacia mediados del siglo. Algo asumido por todos los expertos, y para el que se han dado muchas respuestas.

Los autores del artículo del que estamos hablando consideran que los datos de Noruega confirman que el mismo factor explica el crecimiento del siglo XX y la bajada que observan en el siglo XXI: las condiciones ambientales en las que vivimos los humanos primero mejoraron, haciéndonos más inteligentes, y después empeoraron lo que ha llevado a hacernos más “tontos”

Un ejemplo muy directo: la alimentación. Entre finales del siglo XIX y principios del XX la alimentación de la mayoría de la población mejoró. Y una mejor alimentación deja más recursos para el cerebro, lo que habría contribuido a aumentar la inteligencia. El problema es que hoy en día nos alimentamos peor – más azúcares refinados y grasas, menos cantidad de oligonutrientes… – lo que a su vez tendría un efecto negativo en la inteligencia.

Pero igual no es esto lo que está pasando. Igual la inteligencia de la población no está disminuyendo, ni mucho menos. Incluso si la media de los tests de CI baja.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los tests de CI no miden la inteligencia directamente. Se trata de una batería de pruebas que permite conocer aptitudes y habilidades de quien realiza el test, que es algo distinto. Al terminar, se suman los resultados y se obtiene un valor.

Y el punto de conflicto está precisamente en qué habilidades se miden. Los tests de CI tienden a valorar mucho la “memorística”, la capacidad para acumular y almacenar información en la memoria. Algo normal, si pensamos que casi todos están diseñados por especialistas de cierta edad.

Pero hoy en día no se aprende así. Hoy en día la gente “aprende a aprender” – así ocurre en Noruega, y en otros muchos países, y se supone que es el objetivo también en el nuestro… pero mejor dejar nuestro caso al margen. Los jóvenes no dependen tanto de los conocimientos memorizados y acumulados, y sí en saber dónde encontrar información y diferenciar la que es fiable de la que no.

Esta diferencia en el método de relacionarse con la información hace que los tests de CI que se usan hoy en día tengan una validez muy relativa precisamente para la generación de la que se pretende conocer su inteligencia.

En resumen: ¿nos estamos volviendo más tontos? Es difícil saberlo. Pero sí sacamos cada vez peores resultados en los tests que pretenden medir la inteligencia… que igual están mal diseñados. Y hasta que eso no se resuelva, no se pueden sacar muchas conclusiones.

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