Los voluntarios británicos, en pie de guerra contra el coronavirus

Sylvain PEUCHMAURD
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Para llevar a cabo la mayor campaña de vacunación de su historia, el Reino Unido, duramente golpeado por el covid-19 con casi 100.000 muertes, ha recurrido a decenas de miles de voluntarios.

Sarah Glanville-Webber, auxiliar de vuelo de British Airways que fue despedida en septiembre, es una de ellas. "Como no puedo volar, opté por hacer algo para que las cosas fueran más rápido, para ayudar de una manera u otra", dice a la AFP esta joven madre que vive en Reigate, unos 30 kilómetros al sur de Londres.

País más castigado de Europa por la pandemia, el Reino Unido sufrió a finales de año una disparada en el numero de contagios, atribuida a una variante más contagiosa del coronavirus, y entró en su tercer confinamiento.

En respuesta a la crisis sanitaria, el gobierno de Boris Johnson se ha fijado el objetivo de vacunar a todos los mayores de 70 años, al personal sanitario y a las personas de salud frágil --15 millones en total-- antes del 15 de febrero.

Los voluntarios, a los que durante la primera ola se recurrió principalmente para ayudar a las personas vulnerables con sus compras, están llamados ahora a participar en esta operación de vacunación a gran escala.

El diario The Sun, uno de los periódicos más populares del Reino Unido, lanzó una campaña para reunir entre sus lectores a un "ejército" de ayudantes para el servicio público de salud y afirma que 50.000 voluntarios han respondido.

- "En el mismo barco" -

Para apuntarse, Glanville-Webber se dirigió al ayuntamiento de su localidad.

Ahora alterna entre ayudar a los bomberos a entregar material de protección a los hospitales locales y asistir a los ancianos en un centro de vacunación, donde vigila los posibles efectos secundarios tras la inyección.

"Me gusta escuchar a la gente, tranquilizarla", explica, "todos estamos en el mismo barco". Y con el coronavirus, "cuanto más podamos ayudar, más esperanza tendremos de deshacernos de él", agrega.

Uno o dos días a la semana, Sarah trabaja en turnos de cinco horas en este centro de vacunación. "Está muy organizado", asegura.

La gente está a veces nerviosa, explica, porque algunos de los más frágiles "no han salido de casa en un año".

"Ver cómo se les ilumina la cara es una satisfacción enorme", afirma.

Muchos ancianos comparan la situación actual con la Segunda Guerra Mundial: "un señor me dijo que es peor" porque "no se oyen las sirenas" que anuncian un bombardeo y "no se puede abrazar a alguien como antes".

"No pueden hacer nada más que sentarse solos en una habitación, ver la televisión o mirar por la ventana, es muy duro para ellos", explica esta joven, que con el tiempo espera recibir una formación adecuada y poder administrar las vacunas.

- Vía hacia una cierta normalidad -

Darren de Vally, que trabaja en el sector asociativo de Mánchester, también pasó por su ayuntamiento para apuntarse: se ha ofrecido como voluntario para trabajar en los centros gestionados por los médicos de esa ciudad del norte de Inglaterra encaminando a los pacientes.

Tras rellenar un formulario en línea, se pusieron en contacto con él y le preguntaron su disponibilidad.

"Se necesita gente para hacer estos trabajos y estoy muy contento de que me digan dónde ir y qué hacer", afirma. "Si hay algo que puedo hacer, me pongo a disposición en la medida de lo posible".

Durante su primer turno vio a personas ancianas "encantadas" de tener la oportunidad de vacunarse y a otras que acudieron cuidadosamente a explorar la zona antes de la fecha de su cita para estar preparadas cuando llegase el día.

Describe el lugar como un ambiente "positivo" y la vacunación como una vía hacia una posible vuelta a la vida normal.

Gracias a la flexibilidad del teletrabajo, Darren puede estar disponible un viernes de cada dos además de los fines de semana.

En pleno confinamiento, "estoy muy feliz de hacer esto mientras pueda", asegura, "mientras me necesiten".

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