Cuando en Islandia bombearon agua del mar para frenar una lengua de lava y funcionó

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Hace algo menos de medio siglo, en enero de 1973, el volcán Eldfell, localizado en la pequeña isla islandesa de Heimaey, entró en erupción arrasándolo todo a su paso. Todos sus vecinos fueron evacuados de emergencia y tardaron meses en poder volver a sus casas, algunas de ellas sepultadas bajo la lava solidificada. Fueron meses de lucha contra el volcán en los que se puso en práctica un sistema de bombeo de agua del mar para enfriar la lava que no solo funcionó sino logró salvar el puerto de la isla, principal motor económico de la zona.

El volcán islandés Eldfell entró en erupción enenero de 1973.  (Foto: AP Photo)
El volcán islandés Eldfell entró en erupción enenero de 1973. (Foto: AP Photo)

Heimaey se encuentra a unos 150 kilómetros de Reykjavik, la capital de Islandia. Una distancia que puede recorrerse en avión o en barco. Cuando su volcán entró en erupción, la habitaban unas 5.000 personas a las que los servicios de emergencia tuvieron que afanarse en evacuar aquel 22 de enero de 1973 tras una jornada, la anterior, de movimientos de tierra que avisaron de lo que estaba por venir. Cuando la montaña comenzó a escupir cenizas y lava, los lugareños fueron avisados por las sirenas de los camiones de bomberos que dieron la alarma.

La evacuación fue rápida y eficaz. Esa noche la mayoría de los residentes abandonaron sus casas sin saber si podrían volver a ellas, con prisas y, prácticamente, con lo puesto. La lengua de lava fue avanzando sin que los servicios de emergencia pudieran hacer nada por evitarlo. Había un plan de crear un surco en la tierra (como han estado intentando hacer los bomberos en La Palma en las últimas horas con un tractor) para reconducir la lava y salvar así las construcciones en su cambio. 

Sin embargo, no llegaron a ponerlo en práctica. Antes de eso, y ante la posibilidad de ver arrasado el puerto de la isla, decidieron probar lo que ya había intentando en Hawái y Sicilia sin demasiada fortuna. Lo que hicieron fue probar a coger agua del mar y rociar la lava con ella. La teoría decía que, si lograban enfriarla y que solidificase antes de tiempo, podrían frenar su avance. Así que eso hicieron desde casi el principio. Comenzaron, según recogen las crónicas de la época y puede leer en los informes del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) bombeando una cantidad de unos 100 litros de agua en un segundo.

Bomberos y operarios arriesgaron sus vidas para colocar las tuberías. (Foto: Fred Ihrt/LightRocket via Getty Images)
Bomberos y operarios arriesgaron sus vidas para colocar las tuberías. (Foto: Fred Ihrt/LightRocket via Getty Images)

Los resultados, aunque mínimos, eran evidentes. Así que cada vez los operarios se volvieron más ambiciosos en su misión de enfriar la lava. Aumentaron la capacidad a 400 litros por segundo y hacia el final, habían logrado bombear 1.000 litros por segundo marcando la diferencia. Para lograrlo contaron con la ayuda de un barco que fue llevado a la zona con ese objetivo y 32 bombas. Se creó, además, un complejo y arriesgado sistema de tuberías por encima de la lengua de lava que ponían riesgo a los operarios. De hecho, cuentan que llegaron a apodarse como ‘escuadrón suicida’. 

Los elementos de madera se quemaban. Los de aluminio se derretían. Pero las tuberías, llenas de agua, lograban aguantar a duras penas hasta cumplir su misión. La idea de rociar con agua de mar la lava para salvar su puerto funcionó y tras dividirse en dos el bloque que lo acechaba, este quedó a escasos 100 metros del puerto. La operación se dio por cerrada el 10 de julio de 1973 tras haber bombeado unos 7,3 millones de metros cúbicos de agua de mar. La estampa posterior fue la de lava solidificada y enormes montañas de sal marina.

Después de aquello, el ingenio hizo que intentasen aprovechar el calor que aún se conservaba en el interior de la lengua, que puede llegar a durar años, para incorporarlo al sistema de calefacción de la isla. 

Salvaron su puerto casi in extremis. (Foto: Fred Ihrt/LightRocket via Getty Images)
Salvaron su puerto casi in extremis. (Foto: Fred Ihrt/LightRocket via Getty Images)

Hoy en día, en Heimaey, existe un museo creado hace solo unos años en el que se puede conocer de primera mano la historia de la erupción de 1973 y ver in situ los restos de la misma. En 2006 los arqueólogos comenzaron a excavar en las cercanías del volcán y lo que hallaron fue casas en las que todo se había conservado como lo dejaron sus habitantes décadas antes. Una suerte de Pompeya. Así, los visitantes pueden asomarse a las ventanas de una de esas viviendas para ver cómo los platos siguen sobre la mesa. 

EN VÍDEO | Así engulle la lava del volcán de La Palma las casas que encuentra a su paso

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