Vivir mejor y por mucho menos en el 'paraíso': así ha cumplido esta familia su sueño

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La familia vivió durante dos años en Mazatlán, México. Foto: Getty Images
La familia vivió durante dos años en Mazatlán, México. Foto: Getty Images

Una familia estadounidense decidió que Chicago, donde llevaban viviendo toda la vida, se les había quedado pequeño y sus vidas se habían convertido en una máquina de gastar dinero, por lo que decidieron darle oportunidad a una aventura con la que llenarían sus días de nuevas vivencias y, a la vez, podrían ahorrar dinero.

En 2016, Gabriella Lindsay, su esposo y sus tres hijos se mudaron a Mazatlán, un pequeño paraíso en el pacífico mexicano, donde estuvieron dos años; y ahora viven en Antigua, una isla en el Mar Caribe. El cambio en su vida los ha envuelto en una rutina centrada en sus niños –de 8, 9 y 10 años– y en disfrutar y liberarse del estrés en el que se había convertido su día a día.

"Mucha gente sueña con hacer lo que hicimos nosotros, pero no se siente preparada para dar el salto. A menudo preguntan cómo es vivir la vida en la playa. Disfrutamos mucho de tener un ritmo de vida más lento", contó Gabriella en CNBC, donde compartió la rutina que sigue con su familia durante una semana.

Rutina sencilla y tranquila

Gabriella se levanta a las 5 a.m. y sale a trotar a la orilla de la playa. Así comienza su día disfrutando del amanecer, con ejercicio y aire fresco.

A su regreso, prepara un desayuno sencillo con huevos revueltos, un poco de fruta y cereales, y después llevan a los niños a la escuela. En promedio, la familia gasta 150 dólares semanales en alimentos e intentan comer siempre en casa; por la matrícula escolar pagan 200 dólares por cada niño; y una buena conexión a internet les cuesta 120 dólares mensuales.

Luego suelen aprovechar para comprar fruta fresca y verduras en los mercados locales, y se van a trabajar. Su esposo es profesor en el Departamento de Mejoramiento Educativo de la Universidad Americana de Antigua, y ella trabaja desde casa como coach de negocios para emprendedores, con una jornada de entre 9 y 13 horas. Hay días que prefiere irse con su laptop a trabajar a la playa o a algún cafecito cerca del mar, aunque admite que no es algo que hace con frecuencia.

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Vista panorámica de Long Bay, Antigua. Foto: Getty Images.
Vista panorámica de Long Bay, Antigua. Foto: Getty Images.

Ahorro de dinero

"Dado que estamos ahorrando tanto dinero aquí en comparación con Estados Unidos hemos podido contratar amas de llaves para ayudar con la limpieza profunda de la casa", contó Gabriella, que por ese servicio paga alrededor de 45 dólares por semana.

Otros gastos no mensuales son el tanque de gas y los galones de agua. El primero lo cambian cada dos meses y les cuesta alrededor de 57 dólares, y el agua la compran semanalmente por unos 3.70 dólares. Desde que viven en Antigua, Gabriella no ha vuelto a usar secadora de ropa, lo que le ahorra cerca de 150 dólares al mes en electricidad.

La familia tiene reservado el fin de semana para total diversión. Los viernes hacen pizza todos en casa, una tradición que comenzaron durante la pandemia y con la que descubrieron que, además de ahorrar más dinero que si compraran pizzas en la calle, también se la pasan en grande y disfrutan de un tiempo preciado juntos.

Los sábados es el día de playa. Primero llevan a los niños a clases de natación y luego van a alguna de las múltiples playas que tiene Antigua, donde pasan el resto del día. Los domingos es el día de hacer senderismo.

Durante la semana intercalan otras actividades como el cine, que cuesta 5 dólares por adulto y 4 por niño; buceo, que por lo general pagan 100 dólares por toda la familia, pero hay días y zonas gratis; y Gabriela y su esposo también se aseguran de compartir tiempo de pareja y salir a cenar solos con frecuencia, porque "como padres, creemos que es importante conectarnos y hablar de otras cosas además de los niños".

"Vivir en una isla hace que cada día se sienta como una aventura. A pesar de que hemos estado en Antigua durante tres años, todavía hay muchos lugares por explorar y cosas por hacer. Me siento muy agradecida. Queríamos una vida más simple, llena de nuevas experiencias donde pudiéramos priorizar la creación de recuerdos, y al mudarnos al extranjero, ¡lo conseguimos!", celebra Gabriella.

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