Vivian Gornick: “El futuro es muy emocionante"

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<span class="caption">Vivian Gornick por Enrique Flores.</span> <span class="attribution"><a class="link " href="https://telos.fundaciontelefonica.com/cronica-foro-telos-2021-vivian-gornick-como-mujer-y-feminista-he-visto-unos-cambios-increibles-en-todos-estos-anos-el-futuro-es-muy-emocionante/" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Telos / Enrique Flores">Telos / Enrique Flores</a></span>
Vivian Gornick por Enrique Flores. Telos / Enrique Flores

Vivian Gornick es una de las autoras feministas más exitosas del mundo, pero no hace gala de ello. Es una persona humilde, sencilla, cercana. A pesar de estar más cerca de los 90 años que de los 80, parece que estuviera constantemente aprendiendo de los demás, atenta a lo que piensan, a sus puntos de vista, a la opinión que tienen sobre las cosas que se le preguntan a ella. Gornick fue una de las invitadas al Foro TELOS 2021 Recordar el futuro. Y el encuentro puso de manifiesto algunas reflexiones de esas que dan que pensar.

Nació en el Bronx y creció en una familia de inmigrantes trabajadores. Comenzó su carrera como redactora en plantilla para The Village Voice, donde escribió artículos y críticas de libros.

Siempre cercana y conversadora, y una de las voces más importantes de eso que se llama “la segunda ola feminista”, en su su último libro, Cuentas pendientes, se mantiene a medio camino entre la memoria y la crítica literaria. En Apegos feroces, Gornick camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo.

No usa redes sociales ni lee a ningún autor contemporáneo. Colette, Doris Lessing o Marguerite Duras le sirvieron de inspiración para tratar temas como el feminismo, la exploración del placer erótico, el matrimonio o la soledad. Sin embargo, dice que ahora no le inspiran porque ella era otra mujer cuando las leía. A todos nos cambian los años, los diferentes acontecimientos vitales y los momentos sociales. A Gornick también.

Llegó en 1969 a la redacción del semanario alternativo The Village Voice donde narró las sacudidas del feminismo radical. Allí trabajó hasta 1977. “Fueron unos años muy importantes. Yo estaba en las barricadas del movimiento feminista, así que trabajaba la polémica y tenía una misión en todo lo que escribía, buscaba y perseguía esa misión y lo bueno de eso es que me enseñó a tener un punto de vista y fue algo crucial en mi desarrollo como la escritora que yo quería ser”, recuerda.

Luego dejó el periodismo atrás para empezar con la narrativa de no ficción: “Como periodista siempre eres un extraño en las vidas de todos y yo quería llegar a esa intimidad con mi propia vida, quería dejar de ser una extraña y entrar en mi propia vida y la de los demás, quería dejar de trabajar como periodista y pasar al mundo de la literatura y eso fue gracias al movimiento feminista, si no hubiera sido por él, yo nunca habría soñado haber hecho algo así”.

Esperanzas en el futuro

El feminismo está presente en la vida de Gornick de manera muy intensa, aunque tal vez distante ya de aquello que a ella le empujó en sus primeros años de lucha.

Ahora es una mujer madura que sostiene que la vida cambia, evoluciona y le hace ver las cosas desde una perspectiva diferente: “Mi madre vivió una vida mucho más parecida a la de mi abuela que yo a la de mi madre. Como mujer y como feminista he visto unos cambios increíbles en todos estos años y creo que el futuro alberga muchas esperanzas, es un futuro muy emocionante de cambios. Pero a veces es difícil saber cómo y cuáles. Nosotros en la administración Trump hemos vivido unos momentos muy difíciles a nivel político, unos momentos de gran dificultad si eras progresista. Yo realmente he temido por la democracia estadounidense y nunca antes había sentido algo así en mi vida. Pero ahora sí, el mundo ha cambiado de manera increíble, por eso para mí el camino hacia delante es seguir haciendo mi trabajo y seguir siendo buen ser humano cada día. Si todos hiciéramos eso habría más esperanza. Intentarlo es nuestra obligación”.

La autora sostiene que cada vez más gente tiene autoconciencia sobre el propósito de sus propias vidas y eso en sí mismo es un gran progreso. Desde los años 70 y los movimientos de liberación de personas negras y de gays en EE. UU. ha florecido un gran nivel de ignorancia, pero también de sabiduría que, al fin y al cabo, es lo que hace que en este siglo la lucha por la apertura sea mayor de lo que ha sido nunca. “Ahora las mujeres dicen: ‘tenemos derecho a más’. Y eso es una evolución tremenda, así que estamos viviendo unas décadas en las que el cambio es muy visible. Cada vez que una mujer accede a un empleo al que no podía haber accedido hace 40 años lo vemos. Sin embargo, todos los días seguimos oyendo a hombres que asumen que tienen derechos especiales y que nosotras no los tenemos. Pero es cierto que hoy en día hay muchos chicos y chicas que son amigos y no antagonistas y ya no ven un papel predominante del hombre sobre la mujer y ese es el éxito, aunque no sea suficiente”.

La necesidad de leer y releer

Gornick no solo habla del feminismo actual. También lo hace sobre la literatura y sus propios gustos. “Creo que la necesidad de leer y releer libros es real y permanente y que va a continuar ahí y sabrá encontrar su camino. Tenemos que vivir nuestras vidas como personas de libros y satisfacer esa necesidad. Por supuesto, surgen también libros muy malos de no ficción, memorias y biografías que no tienen una comprensión real. Hay mucha basura, pero también se hacen cosas muy interesantes”.

En este repaso por los temas de actualidad Vivian Gornick, que tiene 87 años, se refiere también a la pandemia y a la vida que nos ha dejado. Para ella no ha cambiado demasiado porque su edad le ha permitido seguir con sus costumbres de siempre: “He salido cada día al parque y vivo cerca del río Hudson, así que me las he arreglado para tener a diario un poquito de vida normal. Nunca he pensado que el cambio que se estaba produciendo en el mundo iba a ser permanente, pero ahora quizá sí lo empiezo a ver, por eso cada día camino y pienso sobre lo que quiero en la vida y lo hago. El escritor polaco Ryszard Kapuściński vivió mucho tiempo en África y veía cómo cambiaba el continente cada día y todos los días buscaba lo que podía reconocer como humano y escribía sobre su relación con el caos que había en África en los últimos 50 años. Yo lo tomo como modelo”.

Este artículo fue publicado originalmente en la Revista TELOS de Fundación Telefónica.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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