El virus devuelve el brillo perdido a los destinos veraniegos ingleses

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Con barras luminosas en las manos, los niños disfrutan de unos espectaculares fuegos de artificio a pies de la torre de Blackpool. La fiesta cierra un verano esperanzador para esta villa costera inglesa, adonde la pandemia trajo de vuelta a los turistas.

Obligados a pagarse costosos tests diagnósticos o cumplir cuarentenas de regreso si viajaban a sus habituales destinos de playa a orillas del Mediterráneo, muchos británicos decidieron este año pasar el verano boreal en su propio país.

En el paseo de esta localidad del noroeste de Inglaterra, muchos visitantes acudieron a ver el espectáculo de inauguración del festival "Blackpool Illuminations", que decorará la ciudad de luces multicolores hasta enero.

En vez de las fiestas nocturnas de la isla española de Mallorca, Owen Wells, de 23 años, escogió Blackpool para su despedida de soltero.

"Con el covid, era un poco delicado. Muchos de mis amigos no están vacunados. Este es un sitio donde podemos ir sin aislarnos después dos semanas", explica a la AFP.

Acostumbrada a las vacaciones en España, Turquía o Chipre, Michelle Potter desistió este año de viajar al extranjero por todas las molestias que comportaba.

"El Reino Unido también está bien", dice la mujer de 55 años, junto a su hija de nueve.

- Ocaso y renacimiento -

En Blackpool no faltan opciones: saboreando un "fish and chips", un helado o algún dulce de la confitería local "Blackpool rock", se puede visitar la torre victoriana de 158 metros, pasear por sus tres muelles o ir a la playa o a los complejos de ocio.

Esta ciudad de unos 140.000 habitantes al norte de Liverpool encarna el resurgimiento y la caída de las villas de veraneo en Inglaterra.

La llegada del ferrocarril la convirtió en el primer destino del turismo de masas en el Reino Unido en los siglos XIX y XX.

Pero la popularización de los viajes a lugares más cálidos y soleados a partir de los años 1960 marcó el comienzo de su declive. En 2008, la ciudad tenía un 40% menos de camas turísticas que en 1987.

Sin estos ingresos, Blackpool pasó de ser sinónimo de ocio a quedar asociada al deterioro urbano y la pobreza. Un estudio gubernamental de 2019 mostraba que ocho de las diez zonas más desfavorecidas del país se encontraban en su territorio.

La pandemia dio un golpe de gracia a la economía municipal, obligando a hoteles, bares y restaurantes a cerrar durante tres largos confinamientos.

Pero, paradójicamente, el virus terminó por devolver cierta vitalidad a este destino gracias al auge del turismo local, incentivado también por el gobierno.

"Es increíble que tantas familias hayan podido vivir algo diferente pasando sus vacaciones en Reino Unido. Blackpool volverá a estar en el mapa de todos", celebra Alex Lonorgan, de 37 años y propietario de un restaurante.

- Grandes esperanzas -

Lynn Williams, jefa del consejo municipal de Blackpool, confía que este renacimiento sea duradero, incluso si la vacunación masiva en Europa pone el virus bajo control y permite retomar los viajes al extranjero.

De la mano de recientes trabajos de restauración esperan atraer inversiones privadas y retener a los turistas británicos.

Blackpool "ha cambiado desde que la gente venía en su infancia", señala. "Pero lo que no cambiará, es que somos una destino veraniego acogedor".

"Los tres muelles y la torre, nadie más tiene esto. Ver la torre iluminada en toda su gloria es encantador", insiste.

El restaurador Alex Lonorgan coincide: "La cara positiva de estos 18 meses tan difíciles para Blackpool es que la gente han visto lo bien que se está. ¡Ojalá que dure!".

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