De Virunga al Bernabéu: el fútbol en República Democrática del Congo como alternativa a las armas

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De Virunga a los mejores estadios del mundo. Esa es la esperanza de muchos de los jóvenes de entre 10 y 16 años seleccionados para entrenar en una flamante academia de fútbol creada por el Parque Nacional de Virunga, en la República Democrática del Congo, joya natural mundialmente famosa por sus gorilas de montaña y sus volcanes, aunque también, desgraciadamente, por los grupos armados que desde hace décadas desangran la zona.

"Me gustaría jugar en el Real Madrid o en el PSG", dice Esdras, de 13 años, antes de cambiar sus pantalones rotos por un bonito conjunto nuevo y empezar a entrenar.

El estadio fue construido en Rumangabo, un pueblo en Kivu del Norte que alberga la sede del parque y una base militar. La zona se halla cerca de la zona de combates con los rebeldes del "Movimiento del 23 de marzo" (M23), una antigua insurgencia que volvió a ganar fuerza a fines del año pasado, con el apoyo de la vecina Ruanda, según informa el Gobierno congoleño.

Los rebeldes se encuentran a menos de seis kilómetros de la escuela. "Están ahí mismo, en esos cerros, ayer saquearon un centro de salud", apunta con temor Gentil Karabuka, representante de la sociedad civil local.

También están cerca otros grupos armados, algunos de ellos establecidos en la región desde el genocidio de Ruanda hace 28 años. El peligro de que estos jóvenes, nacidos en el caos y la violencia y sin esperanza ni planes, sean fácilmente reclutados por estos grupos armados o por cazadores furtivos es por tanto constante e inevitable. El fútbol es para ellos, como en tantos otros puntos del planeta, una desesperada via de escape a una vida que no han elegido.