La doble persecución a una Virgen, por la propia Iglesia y durante la II República

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Su nombre completo es María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada, pero sus fieles y el público en general la conoce popularmente como la Macarena. Es una de las vírgenes más queridas por los sevillanos, su talla data del siglo XVII, no fue coronada canónicamente hasta 1964 y cuenta con una historia de persecución y leyenda detrás en tiempos de la II República.

Con motivo de la publicación del libro Y la Macarena se vistió de luto, escrito por el periodista Guillermo Sánchez y con prólogo del historiador Manuel Jesús Roldán, el autor del mismo sacó a colación durante una entrevista con el Diario de Sevilla cuando la Macarena tuvo que ser sacada a escondidas de su ‘hogar’ para ser ocultada y salvaguardar su integridad. 

Aquello ocurrió durante la II República y Sánchez recordaba que, “pese a que líderes obreros como Pepe Díaz decían que a la Macarena no había que tocarla, porque era la Virgen del pueblo, hubo elementos anarcosindicalistas que hicieron planes para destruirla. Hubiese sido para ellos una gran victoria propagandística”. Sin embargo, el chivatazo de aquellos planes llegó a oídos de la Hermandad y está la puso a salvo.

“La Macarena se llegó a ocultar en tres domicilios en las calles Escoberos, Méndez Núñez y Orfila. En la protección de la imagen tuvo un papel muy destacado Victoria Sánchez Contreras, un personaje heroico y mágico, propio de una novela. Era la limpiadora de San Gil y, para protegerla en su casa, la puso en su cama y dijo a sus vecinas que era su tía enferma de tuberculosis”, contó hace no mucho el periodista sobre este hecho ocurrido en mayo de 1932.

Un episodio recogido también por la edición sevillana de ABC, que en su crónica recordaba frases de Díaz, máximo responsable del PCE en aquellos momentos. Este, en su discurso, diferenciaba la “Iglesia romana” de las “hermandades de barrio” e incidía en que “en Sevilla es un error vincular la revolución proletaria a la lucha contra las cofradías”. Por eso su opinión era la de no tocar a la Macarena. 

Pero la persecución a esta talla no solo vino desde fuera, también la sufrió desde dentro. Aunque en el caso de la Iglesia fue por el nombre, que llegó a ser hasta vetado. No quería la jerarquía eclesiástica que a la Virgen de la Esperanza se la llamase Macarena. “Hasta los años 60, ya con el cardenal Bueno Monreal, no se permitió que las niñas se llamasen Esperanza Macarena. Y solo hace muy poco se han podido llamar Macarena a secas”, comentó en la entrevista concedida al diario sevillano Sánchez con motivo del lanzamiento de su libro.

El problema tenía que ver, en parte, por el hecho de que se cree que el nombre del barrio de la Macarena vendría de la época romana y de Macario. Al ser este un nombre pagano, no gustaba a la jerarquía eclesiástica. Eso, unido a un “modelo de religiosidad popular y festiva que había crecido en el barrio de la Macarena” y que no era del gusto de la Iglesia, llevó a la prohibición de llamarla así.

En cuanto a por qué una Virgen con un arraigo tan fuerte en un lugar tan concreto como Sevilla alcanza cierta fama y devoción a nivel universal, dice quien conoce bien su historia y a sus devotos que es por “su valentía y capacidad de enfrentarse a lo establecido” y su figura como “pionera en muchas cosas”. 

Se refiere al hecho de que fuese coronada a nivel popular antes que de manera canónica, que se hiciese con una corona que rompía con la tradición y asocia el autor que “la muerte de Joselito [torero y benefactor] y el luto de la Macarena son fundamentales para comprender por qué la imagen se convirtió en una devoción universal”.

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