Violencia en Río impulsa aplicaciones de mapeo de delitos

Raphael Tsavkko Garcia
·6 min de lectura

(Bloomberg) -- Los tiroteos se escuchan a diario en Río de Janeiro, donde los enfrentamientos armados entre narcotraficantes y policías cobran miles de vidas en la ciudad brasileña cada año. En solo una semana de septiembre, al menos 33 personas fueron baleadas en 69 tiroteos; de ellas, 13 murieron.

Esas cifras no provienen de fuentes gubernamentales o departamentos policiales. Vienen de Fogo Cruzado (“Fuego cruzado”), una aplicación móvil y plataforma en línea que recopila y verifica informes de tiroteos entregados por periodistas, policías y habitantes de la ciudad. Creada en 2016 por la periodista e investigadora Cecilia Oliveira con el apoyo de Amnistía Internacional y un equipo de voluntarios, la aplicación tiene como objetivo mejorar la escasez de datos confiables y alertar a los civiles sobre eventos peligrosos. Otra aplicación lanzada en 2017, Onde Tem Tiroteio (OTT, o “Donde hay un tiroteo”), funciona de manera similar: mapea informes de tiroteos, inundaciones, manifestaciones, robos y puntos falsos de control policial enviados por los usuarios.

Esos enfrentamientos a menudo estallan en los cientos de favelas de la ciudad: barrios de bajos ingresos y densamente poblados de asentamientos informales que a menudo carecen de servicios urbanos. Allí, habitantes y personas en las cercanías en las cercanías han confiado en el conocimiento local para evitar encontrarse con balas perdidas que habitualmente cobran vidas inocentes.

Las aplicaciones ofrecen a los usuarios nuevas formas de desplazarse por la ciudad en medio del reciente aumento de la violencia armada, y su popularidad se ve reflejada por las más de 250.000 descargas móviles de Fogo Cruzado y los más de 4,7 millones de personas que reciben las alertas de OTT, según el fundador de la aplicación.

Pero al evidenciar las salidas individuales a la violencia urbana, las aplicaciones podrían estar incrementando un gran problema ya existente en la sociedad.

Marcelo Batista Nery, académico de sociología que estudia la violencia y el crimen en la Universidad de São Paulo, teme que estas herramientas refuercen sesgos dañinos. En su investigación sobre cómo los brasileños denuncian delitos en varias aplicaciones móviles, incluidas estas dos, descubrió que los incidentes que tienden a ser alertados están muy influenciados por lo que los lugareños ven en las noticias. Su investigación revela que las áreas que reciben gran atención de los medios después de un evento violento a menudo estarán salpicadas de reportes de incidentes de colaboración colectiva en los días siguientes. En primer lugar, los medios tienen sus propios sesgos: los tiroteos ocurridos en las favelas cercanas a las principales arterias de tráfico y los vecindarios más ricos a menudo reciben mucha más atención que los que se producen en áreas remotas, descubrió.

El resultado es que los vecindarios que estas herramientas tienden a representar como violentos “no son necesariamente los más violentos desde el punto de vista de los antecedentes penales”, dice Nery. En cambio, las características étnicas, raciales y económicas de los habitantes muestran mayor importancia; las favelas donde viven en su mayoría brasileños negros aparecen con mayor frecuencia como los lugares a evitar. Esto conlleva el riesgo de profundizar el estigma existente que enfrentan los habitantes de esas áreas, algunas de las cuales ya son consideradas “zonas prohibidas” por Waze, Uber e incluso el servicio postal brasileño, entre otros, señala Nery. Además, son los propios residentes de estos barrios los que corren el mayor riesgo de morir baleados, ya sea por civiles o por la Policía.

Las aplicaciones de seguimiento de delitos surgieron como una respuesta a tiempos de angustia para civiles de la metrópolis costera. Los delitos violentos aumentaron junto con el desigual crecimiento económico y los deficientes servicios sociales de Brasil y, en 2017, los homicidios registraron un fuerte aumento. En 2019, el recuento de homicidios de Río cayó a su punto más bajo en casi 30 años, reflejando un descenso nacional. Pero eso coincidió con un aumento de 18% en las muertes provocadas por disparos policiales, que cobraban cerca de cinco vidas al día. Al asumir el cargo a principios de ese año, el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel —quien fue suspendido en agosto en medio de acusaciones de corrupción— prometió “cavar tumbas” para combatir el crimen. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, también prometió acabar con los criminales.

Si bien los “incidentes de balas perdidas” se han convertido en una importante amenaza para los civiles en los últimos años, el Gobierno de la ciudad no los rastrea oficialmente.

Últimamente, las aplicaciones han reflejado cómo se están cumpliendo esos compromisos: se ha reportado un creciente volumen de redadas policiales y un gran aumento de muertes causadas por disparos en intervenciones policiales durante la cuarentena a principios de este año.

En otras partes del mundo existen herramientas similares de seguridad pública de colaboración colectiva. En Mumbai, EyeWatch busca recopilar denuncias de violencia contra las mujeres y encontrar formas de ayudar a las víctimas. Safecity, en Nepal, India, Kenia y Camerún, agrega datos sobre violencia sexual y brinda consejos y servicios de seguridad. En El Salvador, Smart192 tiene como objetivo conectar a los ciudadanos con las autoridades locales. En Estados Unidos, la aplicación de seguimiento de delitos Citizen recopila informes de actividades sospechosas y delitos en 20 ciudades, lo que ha generado un debate paralelo sobre los prejuicios que marcan a ciertos grupos como más “criminales” que otros.

Oliveira dice que Fogo Cruzado se creó con una serie de objetivos en mente, que incluyen responsabilizar a las autoridades de diagnosticar las causas de violencia y reducir los riesgos para las personas más vulnerables a ella. Si bien le preocupa que los mapas exacerben el estigma contra los residentes de las favelas, también siente que “no hablar [sobre la situación] tampoco es una estrategia”.

Se necesitan herramientas como Fogo Cruzado para compensar la falta de datos confiables de fuentes oficiales, dice Oliveira. Por ejemplo, si bien los “incidentes de balas perdidas” se han convertido en una amenaza importante para los civiles en los últimos años, el Gobierno de la ciudad no los rastrea oficialmente.

Dennis Coli, uno de los fundadores de Onde Tem Tiroteio, dice que su aplicación está revelando un grado de violencia mucho mayor de lo que los brasileños imaginaban anteriormente. “En el pasado no existía tal percepción de la cantidad de disparos y enfrentamientos con armas de fuego que se estaban produciendo”, dice. “Solo había estadísticas de robos y asesinatos”.

Para usuarios como el periodista Bruno de Blasi, las aplicaciones funcionan como herramientas esenciales para la planificación de viajes. “Antes de ir a algún lado, echo un vistazo y me pregunto si vale la pena buscar una ruta alternativa o no”, dice de Blasi, quien usa Fogo Cruzado en su trabajo y en su vida diaria.

Este tipo de aplicaciones funcionan y pueden funcionar bien, dice Nery. Pero él cree que deben equilibrarse con datos que se recopilan de formas más rigurosas para resistir los inevitables sesgos de los informes de colaboración colectiva. Por ejemplo, las aplicaciones podrían educar a los usuarios sobre los sesgos y las limitaciones en los datos, así como las diferencias entre la tasa y la frecuencia de la violencia en áreas particulares, sugirió. También podrían complementar los datos de fuentes colaborativas con las características sociales y demográficas de la población de la ciudad.

Tales herramientas, combinadas, podrían revelar mejor la profundidad de las fallas del Gobierno, cree Nery.

“Plataformas como estas no se hicieron para evitar lugares, sino para presionar a las autoridades públicas para que no vuelva a ocurrir el hecho”, dijo. “Pero eso no es lo que sucede comúnmente”.

Nota Original:Gun Violence in Rio de Janeiro Fuels Rise of Crime-Mapping Apps

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