Vingegaard vence en la cima de Hautacam y queda próximo a ganar el Tour de Francia

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© Yoan Valat / EFE

El danés Jonas Vingegaard dio una muestra de fuerza al imponerse en la última etapa de alta montaña, la 18° del circuito. El maillot amarillo cruzó la meta 64 segundos antes que Tadej Pogacar y estiró la diferencia a 3:26 minutos. Además, el miembro de Jumbo-Visma fue un ejemplo de lealtad deportiva al esperar a su adversario luego de que este cayera en la cuesta de Spandelles. Muy destacada participación de Wout van Aert y Daniel Martínez, en la fuga desde el inicio hasta los últimos kilómetros.

La montañosa etapa de los Pirineos que se llevó a cabo este jueves 21 de julio zanjó diferencias casi insalvables a favor de Jonas Vingegaard, luego de que venciera en el 18° trayecto del Tour de Francia (143,5 kilómetros) y reforzara su liderazgo en la clasificación general sobre Tadej Pogacar por 3:26 minutos.

Con partida en Lourdes y llegada en la legendaria cima de Hautacam, el danés dio una lección de fortaleza al resistir los ataques del esloveno y, a falta de cuatro kilómetros, atacar para dejarlo en el camino.

Tras casi cuatro horas de pedaleo, el maillot amarillo fue implacable y quedó muy cerca de ganar la competencia, contemplando que la llanura del viernes, la contrarreloj del sábado y el circuito urbano rumbo a París no son auspiciosas para que Pogacar remonte la desventaja.

El referente del UAE Emirates atacó hasta cinco veces en la bajada de Spandelles, pero no pudo ocasionar el desgaste necesario para dejar en el camino a Vingegaard, que también contó con un trabajo destacable de sus gregarios, sobre todo de Sepp Kuss.

En Spandelles se dio una de las imágenes más icónicas que dejará esta edición del Tour de Francia, cuando Pogacar no pudo frenar a tiempo en una curva en bajada y la rueda delantera de su bicicleta patinó en la arenilla, haciéndolo caer.

Mientras el maillot blanco se reponía, Vingegaard aminoró la marcha para esperarlo en un gesto de lealtad competitiva. Minutos después, cuando el esloveno pidió asistencia del auto de su escuadra, el danés tampoco aceleró.

Apenas un kilómetro antes, el oriundo de Hillerslev también tuvo la agilidad necesaria para evitar su propio despiste en el empinado descenso. Una maniobra veloz lo sostuvo en un momento crítico de la carrera.

A la atenta mirada del presidente francés Emmanuel Macron, quien acompañó desde uno de los vehículos de la organización, Vingegaard hizo los últimos 1000 metros triunfales en soledad, para quedarse con su segunda etapa y asestar un golpe casi definitivo en la lucha por la consagración del evento de ciclismo más importante del mundo.

El maillot amarillo calificó esta jornada como “una obra maestra del equipo”. “Solamente con la aceleración de Van Aert pudimos soltar a Pogacar. Ahí sentí que podía ganar la etapa”, explicó. No obstante, dijo que debe “seguir concentrado” y que no piensa que el trabajo está hecho.

Por su parte, Pogacar terminó sin reproches para su actuación. “No hay forma más linda de perder que como lo he hecho”, catalogó. “Lo he dado todo y dejaré la carrera sin poder reprocharme nada", agregó.

Además, elogió a Vingegaard diciendo que “fue más fuerte en la última subida” y que fue justo ganador del jueves. "Ha hecho un trabajo perfecto en este Tour, me quito el sombrero", cerró.

Respecto a la caída, el pedalista danés reconoció que esperó al esloveno “por respeto”; ‘Pogi’ también admitió que le tiene una estima alta a quien fue su rival y se perfila para interrumpir sus conquistas en suelo galo.

Wout Van Aert, el compañero soñado

El belga otra vez fue el ciclista más destacado del día. Dueño absoluto del maillot verde (lo tiene asegurado si llega a París), compitió por el de montaña y hoy tuvo una actuación monumental en la altura de los Pirineos.

“Fue una locura, uno de los días más increíbles de mi carrera", afirmó el hombre del Jumbo-Visma, que se lanzó a la fuga desde el kilómetro cero y jugó un papel trascendental en el último trayecto para marcar el ritmo intenso que descolgó a Tadej Pogacar.

“Estoy orgulloso de todo lo que ha hecho el equipo, y personalmente orgulloso de haber podido contribuir a ello”, subrayó. Vingegaard, el mayor beneficiado de su esfuerzo, se deshizo en elogios y lo mencionó como “uno de los mejores del mundo en todos los terrenos”.

En tanto que el director del equipo, Grischa Niermann, respondió a las críticas por la ambición del Jumbo de pujar por los maillots amarillo y verde. “Si tienes un corredor como Wout van Aert no puedes decirle que venga al Tour solo para correr para el hombre de la general y no tener ambiciones propias”, afirmó.

“Cuando ves a Van Aert todos los días con la camiseta verde y luego lo buen compañero de equipo que es, resulta simplemente increíble. No hay otro tipo como él”, concluyó.

Martínez deslumbra, Quintana baja la expectativa

Daniel Martínez fue otro de los hombres de mejor desempeño en la 18° etapa del Tour de Francia. El soachuno fue parte de la fuga hasta los últimos kilómetros hasta la llegada de Vingegaard, Pogacar y el esfuerzo de Van Aert.

El miembro de Ineos Grenadiers terminó colaborando con Geraint Thomas, que buscó afirmarse en el tercer lugar de la clasificación general. Martínez llegó séptimo, a poco más de tres minutos de Vingegaard. En la general subió a la 29° colocación.

Por su parte, Nairo Quintana tuvo un duro jueves de alta montaña. Pese a la buena performance, concedió más tiempo a Thomas y su lucha por último lugar del podio se tornó complejo. El hombre de Arkea ahora está quinto a 5:35’’ del británico.

A dos minutos y medio está el francés David Gaudu –cuarto- y en el sexto escalón amenaza el sudafricano Louis Meintjes, a quien aventaja por escasos ocho segundos.

Abandonando su sueño de ser tercero, Nairo aseguró que defenderá el quinto puesto, lo que considera “un buen Tour”. "He dado todo, cuando se da todo hay que hacerlo del todo”, insistió. "Esto da confianza. Vamos a llevar al equipo al World Tour, hemos venido haciendo crecer el equipo bien”, resaltó.

Empero, Quintana también fue sancionado con diez segundos extra por una maniobra en el ascenso a Col d’Aubisque donde quiso quitarle una botella de agua a una motocicleta de la organización, pero fue considerado como un gesto antideportivo de querer impulsarse gracias al vehículo.

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