Las arañas de las ciudades están evolucionando para adaptarse a entornos luminosos

Las arañas no tienen escapatoria en las ciudades. Cada vez les resulta más complicado encontrar un lugar oscuro donde tejer sus telarañas y capturar a sus presas, de manera que han decidido salir de la penumbra y adaptarse a los entornos luminosos. El biólogo Tomer Czaczkes se dio cuenta de ello al fijarse en que muchas estaban tejiendo sus redes cerca de las farolas de la calle o de las luces de las casas, algo que no encajaba con su predilección por la oscuridad.

Czackes quiso corroborar su hipótesis de manera científica así que reunió a su equipo de la Universidad de Rengensburg. El grupo de científicos recogió huevos de arañas de la especie Steatoda triangulosa, una araña casera conocida como falsa viuda, en Alemania, Francia e Italia y los incubó en cámaras especiales. Una mitad de la cámara estaba en penumbra y la otra iluminada. El resultado del estudio fue que las crías de arañas obtenidas de entornos rurales se quedaban en el lado oscuro y las que habían sido traídas de la ciudad no mostraban una clara preferencia. Escogían indistintamente uno u otro lado.

La razón del cambio de conducta es la propia supervivencia, la búsqueda de alimento, en definitiva. Al no encontrar comida en la oscuridad, las arañas de ciudad optan por atrapar a los insectos voladores que son atraídos por la luz. Tejiendo la telaraña en un lugar iluminado, garantizan un suministro regular de insectos durante la noche.

En último término, la culpa de que las arañas estén evolucionando la tenemos los humanos, que, al igual que las polillas, nos gusta la luz y los entornos iluminados. Así, poco a poco, las ciudades ganan terreno al campo y la luz se impone a la oscuridad.