El reverso nocivo del vídeo entrañable entre un pescador y una raya

José de Toledo
El vídeo de una persona alimentando una raya se ha vuelto viral por el comportamiento del animal.
El vídeo de una persona alimentando una raya se ha vuelto viral por el comportamiento del animal.

Que imagen tan bonita, ¿verdad? Un pescador que comparte sus capturas, que ha conseguido con esfuerzo, con una mantarraya libre que se acerca a sus pies. Y es verdad que la historia suena bonita… pero igual no es tan bonita como parece.

En las propias respuestas al tweet ya hay mucha gente que lo comenta. Que dar de comer a las rayas igual no es la mejor idea. Algunos usuarios argumentan que hacerlo tan cerca de las escaleras puede poner en riesgo a los animales. Pero otros muchos van a algo más general.

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Y eso más general es algo que hay que tener en cuenta. Alimentar a la fauna salvaje es acto bonito, eso no lo vamos a negar. Pero tiene su parte negativa, y es que modifica los hábitos y costumbres de los animales a los que se alimenta. Y más aún si se hace de una manera tan clara, tan transparente, tan obvia.

Un detalle sencillo: las rayas se acerca al pescador sin ningún tipo de reparo. Algo que, realmente, podemos imaginarnos que no ocurre de manera natural. El animal ha aprendido que ahí hay comida, y que si se acerca puede conseguir alimento sin tener que pelear por él.

Este es el cambio de comportamiento del que hablábamos. El animal se acostumbra a que, en un determinado lugar, y sin esfuerzo, se puede encontrar comida. Y no parece que sea un animal; seguramente serán más de uno los que se acerquen a ser alimentados.

Podemos pensar que de esta manera las rayas cambian su comportamiento, siendo más perezosas a la hora de cazar. El problema es que esto puede tener consecuencias a nivel del ecosistema. Tal vez no tremendamente severas – tal vez sí importantes, no lo podemos asegurar ni en un sentido ni en otro – pero una consecuencia, seguro.

Las rayas cumplen una función muy clara en sus ecosistemas. Son depredadores. Y puede parecernos cruel, pero la naturaleza funciona de una manera muy clara: los depredadores cazan y matan a sus presas, y las presas tratan de escapar. Las presas menos hábiles, más lentas o más despistadas son las que suelen morir primero.

Alterar este equilibrio nunca es bueno. Los ecosistemas tardan mucho tiempo en ensamblarse y llegar a un estado de equilibrio – de equilibrio inestable, en realidad – pero el camino contrario no suele llevar mucho tiempo. Y aunque los ecosistemas suelan retornar al estado de equilibrio por sí mismos, en ocasiones las perturbaciones pueden afectar de manera definitiva este equilibrio.

Y aunque la perturbación nos pueda parecer pequeña, nunca sabemos el efecto que puede tener. Los ecosistemas son sistemas dinámicos, y por lo tanto están sujetos a dinámicas de caos. El conocido como “efecto mariposa”, que en términos técnicos se denomina “dependencia sensitiva de las condiciones iniciales”, hace referencia a esto: una perturbación pequeña puede tener un efecto enorme si el sistema lo amplifica.

Así que el acto, seguro que bienintencionado y espontáneo, de compartir las capturas con la fauna, tal vez tenga un efecto no deseado que no habría que descuidar.

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