Por qué algunos titulares sobre la probable vida en Venus han sido exagerados

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Planeta Venus. (Imagen creative commons vista en Pixabay).
Planeta Venus. (Imagen creative commons vista en Pixabay).

Ayer fue un gran día para los aficionados a la astrobiología, entre los que me incluyo desde hace al menos dos décadas. Un equipo de astrónomos del Telescopio James Clerk Maxwell (JCMT) sito en Mauna Kea (Hawái) primero, que además contó con la confirmación de un segundo equipo que usó un telescopio más potente (ALMA) en Chile, confirmaba la presencia de un biomarcador en la atmósfera de Venus: la fosfina (o fosfano).

Y es que este gas, que en la Tierra se genera o bien debido a la actividad industrial o bien debido a procesos biológicos (microbios descomponiendo un cadáver por ejemplo) sin duda no debería estar en la atmósfera de Venus, y menos en las concentraciones detectadas (1.000 veces mayor que la de la Tierra). ¿Habrán seguido los rusos lanzando “Veneras” cada vez más potentes y evolucionadas, creando la primera industria contaminante extraterrestre? Como pensar en algo así es simplemente absurdo, y siendo además la fosfina una molécula muy inestable (que debería descomponerse rápidamente al reaccionar con el ácido sulfúrico y las partículas de azufre presentes en la atmósfera venusiana), la hipótesis de que estuviera siendo producida por bacterias extraterrestres ganó peso rápidamente excitando a algunos redactores.

Por eso no pasó demasiado tiempo antes de ver titulares tipo “Vida en Venus”.

Curiosamente, el equipo responsable del hallazgo dirigido por la astrónoma Jane Greaves (Universidad de Cardiff) en ningún momento da por supuesta la existencia de vida en Venus, sino que pide ayuda a la comunidad científica internacional para encontrar una explicación a la existencia de fosfina en dicha ubicación en primer lugar, y al posible origen biológico en segundo.

¿Existen procesos químicos diferentes a los conocidos en la Tierra para generar fosfina? De ser así, la noticia sería igualmente interesante y que aprenderíamos cosas nuevas sobre las llamadas ciencias planetarias. ¿Se trata de un error en las lecturas de la radiación captada sólo en una longitud de onda, debido a alguna anomalía causada por la densa e impenetrable atmósfera venusiana? No conviene descartar el error humano o tecnológico, aunque el equipo de Greaves ha actuado diligentemente al pedir la confirmación de un telescopio más grande y sensible como es ALMA, del Observatorio Europeo Austral (ESO).

A este respecto, el famoso divulgador y astrónomo Phil Plait ha dejado bien claro algunas dudas en Bad Astronomy. “Estoy razonablemente convencido de que lo encontrado es fosfina, pero estaría más contento si la hubieran encontrado en otras longitudes de onda”.

Y es que no conviene descartar ninguna opción. De hecho, podríamos estar siendo testigos de un mecanismo de convección desconocido, que eleva partículas de fosfina generadas por vulcanismo, o por rayos eléctricos desde alturas inferiores. A pesar de que el equipo de Greaves calculó que el nivel conocido de volcanismo en Venus es insuficiente para explicar esos niveles de fosfina, lo cierto es que podríamos estar equivocados al respecto. Hace muchos años que no estudiamos a Venus ni enviamos sondas allí, aunque la NASA y la ESA tienen algunas misiones propuestas que tal vez ahora encuentren su aceptación. Si en occidente no lo hacemos, puede que los rusos envían finalmente su eternamente pospuesta sonda Venera-D.

Representación artística de la sonda rusa Venera-D. (Crédito imagen Roscosmos).
Representación artística de la sonda rusa Venera-D. (Crédito imagen Roscosmos).

Curiosamente el equipo de Greaves estaba intentando demostrar la ausencia de fosfina en la atmósfera venusiana cuando se encontró con esta noticia bomba. No me malinterpretéis, estoy deseando saber más sobre el asunto, y no niego mi excitación. Tal y como sucede en Marte, cuando de tanto en tanto se encuentran elevaciones inexplicables de metano (un biomarcador que puede producirse geológicamente), creo que merece la pena investigar en profundidad la hipótesis de fosfina generada por formas de vida en Venus. Pero de ahí a darlo por hecho hay un trecho enorme.

Si finalmente tal cosa fuera cierta (perdonad mi escepticismo), no dejaría de tener gracia. Siempre hemos centrado nuestros esfuerzos para encontrar vida en Marte, o en lunas lejanas de los gigantes gaseosos como Encélado, Ío o Europa, todos ellos mundos en los que existe agua. Por tanto si finalmente pudiera existir vida en un lugar tan inhóspito como Venus, nuestro “terracentrismo” se llevaría una maravillosa bofetada que nos haría comprender que la vida podría ser común incluso allá donde no la buscamos.

Claro que hay que tener en cuenta que hubo un tiempo en que probablemente nuestro gemelo infernal fue habitable, tal y como comenté en este artículo de 2016. ¿Pudieron los restos de vida que no perecieron en el lento proceso de calentamiento, adaptarse y encontrar una ventana de supervivencia en las nubes a 50 kilómetros de altura? Improbable, pero no imposible.

Representación artística de una base flotante en Venus. (Crédito imagen USA Today 2008).
Representación artística de una base flotante en Venus. (Crédito imagen USA Today 2008).

De hecho, ese rincón en Venus podría sustentar perfectamente a una colonia humana. A este respecto, en 2008, escribí sobre la posibilidad de establecer bases flotantes en la atmósfera de Venus. Hay que tener en cuenta que a una altura de 50 kilómetros, la presión se iguala a la de la Tierra y el rango de temperaturas desciende hasta unos confortables 20 o 30ºC.

En fin, si sumamos esta detección de la fosfina, a la noticia que vimos en 2018 sobre el hallazgo por parte de una sonda japonesa de manchas extrañas en las nubes de Venus que mostraban un comportamiento similar al de algunas bacterias presentes en las algas oceánicas terrestres, todo parece estar obligándonos a volver a prestarle atención a este gemelo de la Tierra que devino en un infierno “casi” total.

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