La vida en prisión del detenido de Lardero: trabajos remunerados, permisos y confesiones a otros internos

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Francisco Javier Almeida se encontraba en libertad condicional tras dos condenas. (Foto: EFE)
Francisco Javier Almeida se encontraba en libertad condicional tras dos condenas. (Foto: EFE)

Francisco Javier Almeida, el presunto asesino del niño de 9 años en Lardero, tuvo en prisión una vida plácida dentro del contexto que supone estar encarcelado. Tanto así, que pese a no contar con un tercer grado al uso, se ha podido saber que tuvo hasta 38 permisos desde 2013, pese al riesgo que suponía y a no serle concedido el tercer grado hasta 2020, tras 23 años en la cárcel.

Es una de las pocas personas a las cuales la pandemia de coronavirus les jugó a favor, ya que con el confinamiento impuesto el 16 de marzo de 2020, se dispuso con carácter general que todos los internos en tercer grado no regresasen a los centros penitenciarios.

Mejores noticias recibió Almeida apenas un mes después, el 8 de abril, cuando le fue concedida la libertad condicional puesto que había cumplido más de las tres cuartas partes de su condena, había tenido buena conducta y estaba respondiendo al pago de la responsabilidad civil, como apuntas fuentes judiciales consultadas por el diario 'El Mundo'.

El presunto desenlace de todo ello ya es de sobra conocido.

Poco a poco están saliendo detalles de sus largos años cumpliendo condena por asesinar a una agente inmobialiaria en 1998, segundo delito que se le achacó tras otra agresión sexual en 1993. Era reincidente. Su condena debía cumplirse en 2023, estaba en libertad condicional. La mayor parte de la misma la cumplió en la prisión de El Dueso (Cantabria).

Allí se llevó un varapalo judicial tras prorrogar su acceso al tercer grado tres años, del 2017 a 2020, por existir dudas acerca de su reinserción en el comité del centro. Finalmente, en 2020 Almeida lo consiguió y fue trasladado a la cárcel de Logroño.

En esta, su tercer grado escapa del habitual, ya que los fines de semana no podía salir y debía quedarse en el Centro de Inserción Social hasta que llegó su libertad condicional.

Pero, claro, según fuentes consultadas por 'El Mundo', Almeida ya había superado con creces la treintena de permisos, a pesar del gran riesgo que suponía a nivel social, desde el año 2013.

Durante su estancia en prisión fue un preso ejemplar, sin ningún tipo de incidente a sus espaldas durante los 20 años que estuvo recluso. Es más, se apunta que pasaba desapercibido, además de ser "frío" y, a menudo, parecer estar "ausente".

Su módulo era el de Educación y Respeto, un espacio especial y aislado en los centros penitenciarios, conocido por tener una regulación particular y participación voluntaria de los internos en distintos trabajos remunerados. Solo para internos de confianza y entre ellos se encontraba Almeida, que pudo ganar algo de dinero de esta forma mientras estaba entre rejas. Se sabe que participó en labores de vestuario, paquetería y lavandería.

Pese a que las diversas fuentes apuntan a que era un hombre más bien introvertido, no tenía problemas, como ha podido saber el diario mencionado anteriormente, en describir las razones que le llevaron a matar a la agente inmobiliaria en su día a un pequeño grupo de internos.

Esto ha recogido 'El Mundo' al respecto: Les confesó, apuntan las mismas fuentes, que sufría problemas de erección y que cuando intentó violarla ella se rio de él, motivo por el que la mató. De hecho, informan, Almeida fue sometido a un tratamiento para la impotencia en el hospital cántabro Marqués de Valdecillas.

Según fuentes de 'El País', el detenido no tuvo 38 permisos, sino 39, y apunta que en la sentencia que en la dio la libertad condicional el abril del 2020, el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja descartó que sufriera "cualquier alteración psíquica que limite su capacidad volitiva y de discernimiento" cuando mató a la agente, en contra de lo que él mismo alegó, una supuesta parafilia sexual.

En la sentencia también figura que Almeida no reconoció la autoría de los hechos hasta el juicio, dos años después del crimen, y que lo hizo con una versión "falsa" de los hechos. Entre otras cosas, trató de rebajar la agresión sexual a “tocamientos”.

El periodista Alfonso Egea, por su parte, ha constatado en 'OK Diario' que a Almeida se le concedió mantener relaciones sexuales en prisión con una admiradora que le enviaba cartas. Para ellas, apunta que se le permitía el acceso a viagra para evitar situaciones complicadas, ya que en su sentencia estaba reflejado que su placer sexual pasa por el dolor de su víctima. Egea le describe como "el preso de mayor confianza de El Dueso". Hsta gozaba de celda propia.

Como vemos, su estancia en prisión ha sido más llevadera que la de la medio de internos, ganándose a base de un comportamiento dócil la confianza de los trabajadores de la cárcel.

VÍDEO | El detenido de Lardero estaba en libertad condicional tras dos condenas

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