La victoria en el Clásico refuerza a Zidane como técnico

Adrian Marcos
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El técnico francés había sido el principal señalado en las derrotas del Real Madrid ante Cádiz y Shakhtar Donetsk por sus elecciones para el once inicial y sus planteamientos, que mostraron las costuras de un equipo que hizo de la solidez defensiva su seña de identidad el pasado curso. Sin embargo, el triunfo de los blancos ante el FC Barcelona en el Clásico refuerza a Zidane, a quien el tiempo le ha dado la razón con sus rotaciones.

Zidane le ganó la partida a Koeman en los banquillos | LLUIS GENE/Getty Images
Zidane le ganó la partida a Koeman en los banquillos | LLUIS GENE/Getty Images

Si bien es cierto que los de Ronald Koeman tampoco llegaban en su mejor momento, las sensaciones que dejaron en la Champions League fueron evidentemente mejores que las de los merengues. Los azulgranas fueron por momentos superiores al Real Madrid, que supo defenderse de un buen Leo Messi, pero el papel de sus compañeros estuvo lejos de lo requerido y ahí fue donde aparecieron las grietas que aprovechó Zidane.

El galo se dejó de experimentos y puso sobre el terreno de juego a los futbolistas que llegaban en mejor estado de forma, y, como era de esperar, funcionó. Sergio Ramos rindió como siempre en defensa y fue decisivo en el área contraria; Varane, con el camero a su lado, volvió a ser el buen central que acostumbra; y Mendy fue un escollo imposible de superar en la izquierda. Nacho fue el punto débil de la zaga y con la entrada de Lucas Vázquez se reforzó esa zona.

En la medular Casemiro, que muchas veces estuvo solo ante Messi, hizo lo que tenía que hacer, manteniendo su contundencia pero con prudencia tras ver la tarjeta amarilla bien pronto. Kroos completó un partidazo tras varios partidos por debajo de su nivel y Fede Valverde se dejó la piel tanto en ataque como en defensa. El uruguayo hizo el primero y no dejó de abrir espacios para sus compañeros, apoyó en defensa con sus ayudas y se retiró exhausto tras un esfuerzo sobrehumano.

El único pero que se le puede sacar a la alineación, y no es culpa de Zidane, fue el rendimiento de Vinicius. El brasileño estuvo muy desacertado, pero era el jugador más en forma del equipo y debía estar desde el inicio. Benzema estuvo tan lúcido como siempre, pese a seguir en su sequía goleadora, y Marco Asensio, discreto en la primera mitad, trató siempre de avanzar cuando le llegó el balón y eso, en un equipo con poca profundidad, es muy valioso.

Zidane acertó también con los cambios pues Lucas Vázquez rindió como si llevase toda la vida jugando de lateral, Modric dio un recital desde que salió y redondeó su breve participación con un golazo, y Rodrygo tuvo oportunidades desde que entró, algo que no sucedió en la Champions. En resumen, el técnico del Real Madrid dio con la tecla y la mayoría de sus futbolistas respondieron ante la necesidad de reponerse, lo que despeja todas las dudas acerca de su continuidad en el banquillo.