El viaje de Greta en cinco claves

Una asistente a una protesta por el cambio climático en Ifema, donde se celebra la 25 Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP). EFE/Javier Lizón

Lisboa, 04 dic (EFE).- Tiene 16 años, se codea con líderes mundiales y es una "heroína" para millones de jóvenes. Su última peripecia ha sido cruzar el Atlántico en un barco ecológico. Este miércoles, descansa en Lisboa tras la aventura y prepara su viaje a Madrid, donde el viernes participará en la Marcha por el Clima.

En apenas año y medio, esta adolescente sueca se ha convertido en un símbolo de la denuncia contra la amenaza del cambio climático. Un símbolo no exento de polémica.

Comenzó, en agosto de 2018, manifestándose frente al parlamento sueco y llegó hasta la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático del pasado diciembre.

Este año, se ha tomado licencia en su escuela para avanzar en una cruzada estrechamente tutelada por sus padres -productores de espectáculos-, que ya encauzan a su hija menor, Beata (14 años), en el activismo feminista.

Llegó el martes agotada, a Lisboa. Su objetivo es participar en la Marcha por el Clima del próximo viernes en Madrid. Después, volverá a casa por navidad.

Éstas son algunas de las claves del viaje de Greta.

1. La lucha de los jóvenes

Su interés por la crisis climática, aseguran sus padres, comenzó a los ocho años. Su activismo ha ido creciendo hasta transformarse en inspiración para millones de adolescentes.

Cada uno de sus pasos ha despertado un enorme interés mediático y un impresionante impacto en redes sociales: Más de 8,4 millones de usuarios en Instagram y 3 millones en Twitter siguen sus movimientos.

La revista Time la eligió en mayo como "líder de la próxima generación".

"Están subestimando la fuerza de los jóvenes enfadados", sostiene. "Dejen de darnos motivos para estar enfadados".

Sus críticas contra los políticos son contundentes: "Ningún país está haciendo lo suficiente para luchar contra el cambio climático".

El problema es de todos: "Cada uno tiene que cumplir con su parte. Para cambiar, necesitamos de todos", defiende esta adolescente, que se dice dispuesta a no bajar la "presión" sobre los líderes mundiales.

2. De Estados Unidos a Europa

Thunberg viajó a Estados Unidos, también en barco, para asistir a la Asamblea de Naciones Unidas en septiembre. Tenía previsto participar en la Cumbre del Clima en Chile, pero la cita se canceló por la convulsión que vive el país y se trasladó a Madrid. La activista, que rechaza el avión por la emisión de gases contaminantes, pidió ayuda para viajar a Europa en barco. Y la encontró en una pareja de "youtubers" australianos, que la ofrecieron La Vagabonde, un catamarán ecológico en el que ha cruzado el Atlántico.

Partió el 13 de noviembre desde Salt Ponds, en Virginia (Estados Unidos), acompañada por su padre Svante Thunberg, la capitana Nikki Henderson -una experimentada navegante británica-, la pareja australiana y su bebé de once meses.

Llegó el martes a Lisboa tras un viaje 6000 kilómetros que, asegura, "ha sido un mensaje" en sí mismo.

3. Polémico recibimiento

Fue recibida como una estrella en Lisboa. Decenas de barcos acompañaron a La Vagabonde en aguas del Tajo; cientos de jóvenes -y un veintena de niños- se saltaron las clases para recibirla y medios de todo el mundo acudieron a Lisboa. Fueron cinco horas de espera en una fría -y húmeda- mañana de invierno.

Esperando estaba también el alcalde de Lisboa, el socialista Fernando Medina, y una delegación de parlamentarios de todo el arco político.

Un gesto que le ha salido caro al alcalde. Se ha ganado las críticas de la oposición y ha tenido que bajar la cabeza ante los alegatos de los ambientalistas contra el nuevo aeropuerto de Lisboa, su gran "legado".

"El circo montado alrededor de Greta y la cesión de muchos políticos a ese triste espectáculo muestra la superficialidad de los tiempos en que vivimos", criticó hoy el diputado del democristiano CDS-PP João Almeida.

De la polémica se libró el político más popular de Portugal, su presidente, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, que ha esquivado el encuentro con la adolescente sueca.

La expectación mediática ha sido tal que una periodista lusa llegó a preguntar a la joven si se sentía como una estrella de rock. "No", respondió Greta.

4. ¿Dónde está Greta?

Tres semanas en una catamarán de 15 metros de eslora en el Atlántico es una experiencia única, pero también agotadora. Greta cambió de planes y decidió descansar en Lisboa antes de seguir hacia Madrid.

Un chasco para los activistas que esperaban viajar con ella en la noche del martes. Y también para los medios que se han desplazado hasta Portugal con la idea de seguirla.

"Ahora pasaré un par de días saliendo de la roca bajo la que he vivido las tres últimas semanas, intentando ponerme al día con el mundo", escribió en su último mensaje en redes sociales junto a una fotografía en la que se la posaba sonriente en un típico barrio lisboeta.

Su estancia es privada. "La agenda de Greta en Lisboa acabó el martes por la mañana en el muelle. No habrá más informaciones", dijeron hoy a Efe fuentes de su entorno.

5. Destino, Madrid

Tan hermética como su agenda es su partida de Lisboa. Ha anunciado que estará el viernes en Madrid, pero no ha dicho cómo ni cuándo viajará.

Descartado el avión y el autobús -por las emisiones de Co2-, no quedan muchas alternativas.

La Junta de Extremadura se apresuró a ofrecer un vehículo eléctrico pero, por el momento, no ha habido respuesta.

La opción más probable es, como apuntaron inicialmente fuentes de su círculo, el Lusitania, el tren nocturno que enlaza Lisboa y Madrid.

El romanticismo que evoca su nombre poco tiene que ver con la realidad: Tarda casi once horas en cubrir un trayecto con 17 paradas. Buena parte de las vías están electrificadas, pero hay todavía un centenar de kilómetros que requiere diesel.

Si su objetivo es cero contaminación, Greta podría aceptar la peculiar oferta de unos vecinos de Talavera de la Reina (España), que la invitan a recorrer los más de 600 kilómetros que separan Lisboa y Madrid a lomos de un burro.

"Un medio utilizado por nuestros antepasados y que ha sido el más respetuoso con el medio ambiente en los desplazamientos humanos", dicen en su invitación. Razón no les falta.

Por Mar Marín