De Melbourne a Los Angeles en una caja por no poder pagar el billete de avión

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Brian Robson, el joven que en la década de los sesenta acaparó titulares y fue recibido por periodistas en su vuelta a casa, sacó libro hace unas pocas semanas en el que contó la odisea de viajar de Melbourne a su Gales natal en una caja de madera. No tenía dinero para pagar el billete de avión y se le ocurrió autofacturarse, pero nada salió como habían planeado él y los dos amigos que lo ayudaron.

Brian Robson y su eventura fueron objeto de múltiples noticias, entrevistas y reportajes en 1965. (Foto: Tom King/Mirrorpix/Getty Images)
Brian Robson y su eventura fueron objeto de múltiples noticias, entrevistas y reportajes en 1965. (Foto: Tom King/Mirrorpix/Getty Images)

La aventura de Robson, que ha sido recogida recientemente por la CNN y varios medios internacionales, comenzó en 1964. Entonces tenía 19 años y, tras un tiempo trabajando como conductor de autobús en Gales, decidió migrar a Australia y pedir trabajo en la Victorian Railways, en el estado australiano de Victoria. Llegó hasta allí en avión en un viaje que le llevó por Teherán, Nueva Delhi, Singapur, Yakarta y Sydney. “Fue un viaje increíble”, reconoció a la cadena norteamericana.

Sin embargo, nada más llegar a ese albergue “infestado de ratas” en Melbourne se dio cuenta de que había sido un error y que quería volver a casa. Se obsesionó con ello. El problema era que no tenía dinero para pagarse el viaje de vuelta y con lo que ganaba en la compañía ferroviaria era imposible ahorrar lo suficiente para lograrlo. Se eternizaría.

Durante un tiempo se dedicó a viajar por Australia, hasta que un día regresó a aquel albergue y conoció a John y Paul, los amigos que le ayudaron a trazar su plan de retorno y a los que, pese haber escrito alguna carta, no ha vuelto a ver ni hablar con ellos. Le gustaría, ha dicho, saber de ellos. Lo último que escuchó de los aliados en su aventura fue un “buena suerte” en el interior de aquella caja en la que estuvo atrapado días.

Con ellos estaba, visitando una exposición, cuando vieron el anuncio de una compañía de mudanzas que rezaba así: “Podemos mover cualquier cosa a cualquier parte”. La frase se quedó retumbando en su cabeza y decidió probar suerte. Se informó de cada detalle para saber cuánto le costaría facturarse a sí mismo en una caja y ser enviado de vuelta a Gales en la bodega del avión. En el interior de un espacio de 0,76 x 0,66 x 0,96 metros debían entrar él, una almohada, un martillo, una linterna, una botella de agua y otra para evacuar, además de la maleta con sus cosas.

Robson y sus amigos lo pensaron todo. Calcularon el peso, el precio, rellenaron el papeleo necesario y compraron un billete para enviar la caja con la compañía Qantas a Londres. Hicieron una prueba en un camión hasta el aeropuerto. Con todo listo, John y Paul cerraron la caja y se despidieron de él. 

Los problemas comenzaron pronto para Robson. La primera etapa, cuenta CNN, fue de 90 minutos de Melbourne a Sydney y el joven empezó a sufrir calambres y las incomodidades de ir encerrado y doblado dentro de una caja. Aunque lo peor estaba por venir. En Sidney colocaron la caja al revés y quedó apoyado sobre el cuello y la cabeza. “Estuve allí durante 22 horas boca abajo”, recordaba en su conversación con la cadena estadounidense. 

Después, debido a que el vuelo contratado estaba lleno, hubo un cambio y lo facturaron en otro de Pan Am que en lugar de ir a Londres tenía como destino Los Ángeles. Un viaje mucho más largo e incómodo. Recuerda que tardó cinco días en llegar al destino y que “el dolor era insoportable. No podía respirar correctamente. Estaba perdiendo la conciencia”. Una vez en tierra, la caída de la linterna y la luz de la misma lo delataron dando un susto al personal del aeropuerto, que acabó por liberarlo y enviarlo al hospital, donde estuvo seis días ingresado.

Brian Robson fue toda una celebridad en los sesenta. (Foto: Tom King/Mirrorpix/Getty Images)
Brian Robson fue toda una celebridad en los sesenta. (Foto: Tom King/Mirrorpix/Getty Images)

Su historia se convirtió en noticia y los periodistas hacían cola para hablar con él. Del hospital salió con un billete de primera clase en Pan Am, que lo mandó de vuelta a Londres. Allí también le deslumbraron los flashes y aterrizó como toda una celebridad. Era el 18 de mayo de 1965 y su familia, aunque “feliz” por el reencuentro con el hijo pródigo, “no estaban contentos por lo que había hecho”.

Más de medio siglo después de aquella aventura por la que aún hoy acapara titulares. A sus 75 años, Robson no olvida la odisea de aquel viaje. A finales de abril publicó The Crate Escape, un libro en el que ha recopilado todo lo relativo a aquel plan de regreso a casa en una caja de madera que, pese a todo, tuvo un final feliz.

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