El desgarrador mensaje de una veterinaria sobre cómo se siente al tener que sacrificar una mascota

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Perder a una mascota con la que se ha convivido durante años resulta un golpe devastador para cualquier familia, pero lo que muchos no conocen es que también se trata de un momento absolutamente doloroso para el veterinario a cargo de la eutanasia.

Getty Creative
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Así lo explicó en una desgarradora publicación que se hizo viral esta semana la doctora Brenda Gough, veterinaria de una clínica en Burford, Canadá. “No estoy lista para esto, pero tiene que pasar”, escribió en un post que se ha compartido más de 130,000 veces en Facebook.

Brenda es una veterinaria de animales pequeños, que atiende principalmente a perros y gatos, y posee además un local ecuestre. Se ha mantenido en la profesión durante 24 años y, por lo general, realiza una o dos eutanasias cada semana.

La mayoría de las mascotas que debe sacrificar han sido pacientes suyos a lo largo de toda la vida del animal. “He tenido la rara ocasión en que hay 3 o 4 (muertes) en un día y eso es realmente difícil para mí y para mi personal”, dijo a Bored Panda.

Brenda relató cómo se siente al sacrificar a una mascota en una extensa y conmovedora publicación que dejó decenas de miles de reacciones en internet. “Un día me traes este cachorro, me besa la cara, devora las galletas que ofrezco y comienza nuestra amistad”, comienza el texto.

Para Brenda, los veterinarios no pueden evitar “enamorarse” de sus pacientes y disfrutan de verlos crecer y convertirse en otro miembro de la familia. En su mensaje, la doctora recordó momentos memorables, como el día en el que uno de ellos se comió la ropa interior de su dueña o en el que otro salió con éxito de una cirugía.

“Tantas aventuras, tan poco tiempo”, escribe Gough. “Y aquí estamos, unos 15 años más o menos, teniendo que decir adiós”.

La doctora asegura que no puede evitar sentir que le ha fallado a su paciente y a la familia por quedarse “sin opciones para mantenerlos cómodos y felices”. Por eso siente, cada vez que se enfrenta a una eutanasia, que está a punto de desmoronarse.

“Mi equipo de técnicos superhumanos colocan el catéter, mientras el personal de la recepción hace todo el papeleo. Confíen en mí, pueden no mostrarlo, pero sus corazones también están rotos junto con los de ustedes”, escribió.

Brenda continúa con una reflexión demoledora: “Tengo la aguja en el bolsillo de mi bata blanca. El mismo bolsillo que siempre estaba lleno de golosinas para él. Respiro profundamente y entro en la habitación”.

Cuenta que entra en la habitación y encuentra al animal esperando por ella, “que me da esa dulce mirada de siempre (…) pero su enfermedad y su edad lo han debilitado”. “Él está listo, pero usted no. Yo no”.

Pero Brenda dice que tiene que mantenerse fuerte, no solo por el paciente, sino por los miembros de la familia que están allí preparándose para despedirse de su mejor amigo.

“Ya no podemos pedirle que lo haga (que luche por su vida). No es justo para él o ella. Desearía que nuestros corazones humanos pudieran ser tan generosos todo el tiempo. Ojalá pudiera ser la persona que mi perro cree que soy”.

“Desearía poder encontrar una forma de que vivan para siempre. Pero no tengo esos poderes mágicos. Solo soy una veterinaria”, lamenta.

Y luego viene la peor parte.

“Su cuerpo se relaja, él está en tus brazos y tú estás sollozando. Otra familia ha perdido a uno de sus miembros más queridos. Puse mi estetoscopio en su corazón para asegurarme de que se haya detenido, pero está tan apretado contra tu pecho que tal vez ese sea tu corazón, oigo latidos o tal vez sean míos y toda la sangre [está] corriendo por mis oídos mientras intento tanto, tanto, tanto no convertirme en un desastre de llorona”.

Brenda luego procede a abrazar a la familia hasta que se retiran de la habitación. “La puerta se cierra detrás de ustedes y no sé si escuchan esto, pero lloro histéricamente al oído de tu mascota”.

Porque ahora, explica la doctora, será tiempo de “enfrentar lo que sé que será una de los momentos más difíciles de hoy: llegar a la casa y que él no esté allí para saludarte”.

Gough termina la publicación diciendo que espera que los dueños sepan que ella nunca desearía que tuvieran que enfrentar la muerte de sus animales y que está muy agradecida de poder compartir la travesía de cada mascota, de cachorro a adulto, con cada una de las familias.

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