Suspender o no suspender: el dilema de la censura en las redes sociales

Carmen Rengel
·.
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(Photo: Joshua Roberts / Reuters)
(Photo: Joshua Roberts / Reuters)

Hace ya 20 años, las redes sociales irrumpieron en el mundo como una forma de expresión libre, sin controles y sin censuras. Hoy, son noticia porque sus gestores se atreven a suspender las cuentas de todo un presidente de EEUU, como Donald Trump, por difundir mensajes que van contra sus políticas. En este caso, por riesgo de “incitación a la violencia”.

El debate, de nuevo, revive: ¿Pueden controlar las empresas lo que publican los usuarios? ¿Deben hacerlo? ¿Violan o no la libertad de expresión? ¿Es tarea suya o de los Gobiernos la de velar por los contenidos?

Hay que echar la vista atrás para entender cómo se ha llegado a este punto. Como explica la analista argentina Nicole Vuarambon, las redes evolucionaron hasta ser “una gran herramienta de difusión de contenidos”, a las que acudíamos todos (también medios de comunicación o empresas, no sólo usuarios individuales), y “los contenidos empezaron a tener un gran impacto en la realidad”, sobre todo por su velocidad de difusión, nunca vista. El escaparate barato y estupendo que permitía, por ejemplo, que las minorías tuviesen su espacio.

Como ha reconocido el Tribunal Supremo de Estados Unidos, quizá sean “el mecanismo más poderoso del que disponen los ciudadanos para hacer oír sus voces”. Pero, junto a esta bondad, está la cara oscura, el lodazal en el que se convierte, a base de puro odio e insulto, y por eso se ha acabado planteando la necesidad de su regulación.

Problema: son eso, redes, no medios de comunicación regidos por protocolos, consejos editoriales, defensores, leyes. Y son tan masivos que parecen inabarcables. Tienen otra naturaleza y son relativamente nuevos, así que nadie sabe muy bien si están acertando con su política de veto o están vu...

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.