Verónica Molina: “Una niña destruida se convierte en una mujer hija de puta. Yo llevo el manual en la sangre”

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Verónica Molina, autora de 'Un segundo antes de la furia' (Photo: EDITORIAL PLANETA)
Verónica Molina, autora de 'Un segundo antes de la furia' (Photo: EDITORIAL PLANETA)

La primera novela de Verónica Molina, Un segundo antes de la furia (Editorial Planeta), es uno de esos libros etiquetados como thriller erótico en las librerías. Y sí, sexo, violencia, poder, asesinatos y secretos son los principales ingredientes de la trama pero, según su autora, su esencia poco tiene que ver con ello. “Está vendido como thriller erótico, pero esto no es una novela erótica, ni un thriller. Esto es un dramón”, afirma incontestable.

Detrás de la desasosegante y despiadada historia de Martina, la protagonista del relato, hay un pasado que marca para siempre y que la propia escritora vivió en sus carnes: abusos sexuales infantiles. Desde los 12 y hasta los 15-16 años, Molina fue víctima de ellos dentro del núcleo familiar, mientras tenía que hacer frente al descrédito de algunos miembros de su entorno: “Te dicen que estás difamando a una persona importante de la familia. Y tu madre sólo te dice: ”¿Necesitas algo más?”.

Es un paso valiente construir una novela reconociendo tu dramática experiencia. ¿Por qué lo has hecho?

Cuando yo empiezo a escribir esto, comienzo con un manuscrito de 90 páginas, optimista, superbonito, superintrospectivo, denso… Parecía más un libro de autoayuda: chica, aunque te hayan pasado cosas de mierda en la vida no tienes por qué ser una hija de puta. Yo necesitaba sacar eso, me sentía superculpable. Sentí que había dejado a muchas niñas solas porque luego me enteré de que había seguido haciéndolo.

Además, en círculos de amigos, en cenas, una noche te pones a hablarlo, ¿y sabes la cantidad de gente que ha sufrido abusos sexuales de niño? O de cualquier otro tipo de abuso: violencia, en pareja… Pero cuando te pasa de niño, te han jodido la vida, te han marcado, es un trauma para siempre. Porque mientras ocurre no tienes estructura mental para saber si está bien o mal, no sabes y no tienes referencias.

¿Cómo vas a pensar que alguien que te quiere te va a hacer una cosa tan loca? Y entonces, ¿está bien? Maldito, ¿cómo haces eso a alguien de tu propia sangre?

Y creces y te enteras, y empiezas a saber de sexo: ves películas, te das dos besos con tu novio y descubres que el sexo es bueno y que puede ser maravilloso. Pero eso que te pasó de niña, que no puedes olvidar, con lo que sueñas algunas veces, que te hace sentir miedo… Eso nunca lo entendiste y no sabías que estaba mal, y te sentiste partícipe de lo que pasaba e incluso pensaste que a lo mejor hiciste algo tú.

¿Qué pasó con ese manuscrito?

Se lo pasé a mi pareja, al padre de mi hijo, para que lo leyese. Terminó y me dijo: “No te va a servir para lo que tú quieres. Has sido condescendiente. No has querido que la mierda salpique a nadie, sólo has querido contar lo bonito. No has vomitado, aquí no hay dolor ni sufrimiento, aquí no hay nada que vaya a conmover a la víctima o al verdugo”.

Tiré las 90 páginas: no servía. Tenía que sacar todo el dolor de una tía a la que han marcado para toda su puta vida, a la que han destrozado. Una niña destruida se convierte en una mujer hija de puta. Cuando un niño sufre violencia, aprende de esa violencia y sabe ejecutarla, aunque no lo haga. Yo, por ejemplo, llevo el manual en la sangre y podría ser una hija de puta.

¿Te sientes aliviada al vomitar toda esta historia?

¿Aliviada? Desde que me pongo a escribir. Desde que tomé la decisión. Yo estaba jodida y necesitaba hacer algo: tengo esto y tengo que ayudar. Pensé en crear una organización, una fundación, pero al final me puse a escribir. Si esto no sale, si no sirve para nada, pues tendré que inventarme otra cosa. Yo lo hago con la intención de servir para acompañar a alguien que lo haya sufrido. Si es un verdugo o hijo de puta el que lo lee, quizá sirva para que se piense una de sus maldades. Ya me merecería la pena con que sólo uno se lo pensase antes de hacerlo.

'Un segundo antes de la furia' (Photo: EDITORIAL PLANETA)
'Un segundo antes de la furia' (Photo: EDITORIAL PLANETA)

Si te digo que la novela es muy bestia y, por momentos, muy desagradable, ¿te parece mal?

No, no. Es una animalada. ¡Mi bendita atrocidad! Pues mira, creativamente fue un proceso entretenido y yo lloraba porque cada escena sexual, de violencia, de maltrato lleva una base de cierta realidad… Era estresante, pues tenía que crear un personaje dañado y lo tenía que llevar al límite para ver cómo reaccionaba. Además, muchas veces tenía que pararme y pensar para ponerme en la piel de alguien totalmente zumbada y dañada, y ver cómo ella podía salir de eso con cualquier recurso: mentiras, violencia, asesinatos y sexo.

Martina necesita conectar con sexo, con abuso, y ella lo consiente. O das el mismo veneno o no sale el bicho. Ella tiene que conectar con todos esos sentimientos negativos para descubrir lo que le pasó.

Martina no tiene corazón y provoca rechazo.

Es una víctima que lo ha pasado realmente mal y ahora arremete contra el mundo. Arremete contra su novio, contra su mejor amiga y contra sus compañeras de trabajo que la quieren y la tienen de referencia. Esa es la oscuridad de Martina y contra la que lucha toda la novela. Pero al final llega a un sitio donde aprenderás a quererla.

El libro es el viaje de Martina hacia no se sabe dónde y lo primero que necesita es tomar dosis del mismo veneno que recibió de niña. Está violenta, llena de rabia y de furia porque está recibiendo pequeñas dosis de aquello que le pasó y con lo que tiene que conectar. Ella ha olvidado absolutamente todo, por instinto de supervivencia, y vive una vida normal. Hasta el día que se reencuentra con su familia: ahí se empiezan a despertar esas cosas.

Esto no es tan raro. Yo también lo olvidé durante mucho tiempo, supongo que por sobrevivir. Lo he hablado con algunas víctimas y muchas de ellas también lo dejaron aparcado, como si no hubiese existido. Hasta que un día lo lloran, lo hablan, se enfadan, se enfrentan a ese monstruo que tuvieron de niños. Si lo entierras, crece mucho más violento…

Entenderé que no se adore a este personaje, pero al final al menos la comprendes. A lo mejor no la quieres, pero la comprendes.

Orgías, sexo lésbico, onanismo... ¡Cuánto sexo y de todo tipo!

El sexo explícito es uno de los principales ingredientes del libro… Y yo no reniego del sexo. El sexo es maravilloso, pero el sexo de la novela es controvertido. Primero, porque ese sexo conecta con su dolor real, con el origen de la historia. Y segundo, porque es el medio que ella tiene para huir, lo necesita para avanzar y conocerse. Su infancia fue destruida por sexo del malo.

Pero no quiero que se encasille como novela erótica. No hay una sola escena de sexo gratuita. Si relees cada escena de sexo, encuentras el motivo por el que está ahí. El sexo de este libro es poder y configura el universo que hacía falta crear para que la conexión con el pasado tenga sentido. Si no hay sexo malo, sumisión, poder, dolor, introspección de ella, nunca terminaría de hacer las paces con la niña que sufrió esos abusos.

Y el amor, ¿qué lugar ocupa en esta negra historia?

El amor es fundamental, aunque a lo largo del libro son sólo pildoritas que pasan desapercibidas. Con Max lo hay, no es el típico amor romántico, pero lo hay. Max la protege, la acompaña, la cuida… le da su espacio, pero él está por detrás todo el rato. Él representa el amor que ella hasta entonces nunca había sentido.

¿Sabes? Al principio el libro se iba a llamar Sola, porque ese es el sentimiento más profundo cuando de niña no te han protegido.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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