Ventaja de la proeuropea Sandu en la primera vuelta de presidenciales en Moldavia

Mihaela RODINA
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La proeuropea Maia Sandu durante una rueda de prensa tras las elecciones presidenciales, en Chisinau, Moldavia, el 2 de noviembre de 2020

Ventaja de la proeuropea Sandu en la primera vuelta de presidenciales en Moldavia

La proeuropea Maia Sandu durante una rueda de prensa tras las elecciones presidenciales, en Chisinau, Moldavia, el 2 de noviembre de 2020

La proeuropea Maia Sandu fue la más votada en la primera vuelta de las presidenciales en Moldavia, aventajando al jefe de Estado saliente Igor Dodon, partidario de estrechar lazos con Moscú, con quien deberá definir en la segunda vuelta el 15 de noviembre. 

Sandu, una economista de 48 años que trabajó para el Banco Mundial, obtuvo el 36,16% de los votos, indicó la Comisión Electoral Central (CEC), frente al 32,61% Dodon, de 45 años, que proviene del Partido Socialista (PSRM). 

La candidata de centroderecha, que aboga por la integración de esta antigua república soviética en la Unión Europea, celebró que "los votantes mostraran el domingo que el bien puede ganar". 

Y añadió que, en el duelo decisivo, el 15 de noviembre, "tendremos la ocasión de poner a Moldavia en el buen camino y de construir un Estado funcional, que trabaje para sus ciudadanos". 

Sin mencionar la ventaja obtenida por su rival, Dodon se mostró "convencido" de la repetición del escenario de 2016, cuando venció a Sandu en la segunda vuelta de los comicios. 

"No podemos permitir la inestabilidad del país y que los que estén al frente del Estado sean unas marionetas (manipuladas, ndlr) desde el extranjero", afirmó ayer en referencia a Sandu.

El antiguo ministro de Economía del gobierno comunista prometió durante su campaña que "continuaría la beneficiosa cooperación con Rusia" y la enseñanza obligatoria del ruso en la escuela, en un país donde la mayoría habla rumano. Un programa que alabó su homólogo Vladimir Putin. 

Favorito en los sondeos previos a la elección, "Igor Dodon pagó el precio de varios escándalos de corrupción y de la mala gestión de la crisis sanitaria del coronavirus, lo que perjudicó seriamente su imagen", declaró a la AFP el analista político Denis Cenusa. 

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que envió unos 40 observadores, calificó de "profesional" la organización de los comicios, "pese a los desafíos ligados a la pandemia y a las lagunas en la legislación", así como a "acusaciones de compra de votos".

 - ¿Rusia o la UE? -

"La campaña ha sido competitiva y en general se han respetado las libertades fundamentales de expresión y de reunión", señaló la jefa de la misión, Corien Jonker, durante una rueda de prensa en Chisinau.

Moldavia es un pequeño país de 3,5 millones de habitantes ubicado entre Rumanía y Ucrania.

Considerado una de las naciones más pobres de Europa, Moldavia es conocida por su industria vinícola y por un conflicto con separatistas prorrusos, en Transnistria, que se separó en 1992 tras una guerra rápida. Moscú tiene tropas desde entonces en esta región.

Estos últimos años, el país fue duramente golpeado por un importante fraude bancario y por varias crisis políticas.

Las fuerzas favorables a un acercamiento a Rusia y los partidarios de una integración en la Unión Europea (UE) se han alternado en el poder, sin llegar a tener una mayoría clara.

Para los observadores, el resultado de la segunda vuelta de las presidenciales dependerá de las consignas de voto de los candidatos que quedaron en tercer y cuarto lugar, los populistas de Nuestro Partido y el Partido Shor, fundado Ilan Shor, condenado en un enorme fraude bancario. 

"Llevamos treinta años esperando un cambio. ¿Cómo quieren que los moldavos en el extranjero regresen con toda la corrupción que hay aquí?", se interrogaba Vasile Mardare, profesor de gimnasia de 64 años. "He votado por un candidato que acerque a Moldavia al nivel de vida de Occidente", confesó a la AFP. 

Antes de la primera vuelta, Moscú acusó a Estados Unidos de querer fomentar una revolución, siguiendo el modelo de Bielorrusia y el de Kirguistán, donde también hubo protestas. 

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