¿Ha tenido que venir una pandemia para que nos preocupemos de la salud mental?

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Mujer sentada y desanimada en la cama. (Photo: Boy_Anupong via Getty Images)
Mujer sentada y desanimada en la cama. (Photo: Boy_Anupong via Getty Images)

El 2020 fue el año marcado por la covid-19 y este 2021 el virus ha compartido protagonismo con la salud mental. La preocupación por una atención psicológica y psiquiátrica justa, asequible y, sobre todo, desestigmatizante ha marcado la agenda tanto política como social.

El asunto ha llegado hasta el Congreso, donde la salud mental ha sido protagonista de varias intervenciones parlamentarias. Especialmente llamativa Fue la de Errejón, que fue replicada por un diputado del PP con un “vete al médico”. Pero más allá de eso, figuras como, Simone Biles, Miley Cyrus e incluso Ibai Llanos han hablado públicamente de la ansiedad y los problemas de salud mental que sufrían.

La ansiedad y la salud mental ha dejado de ser un poco menos invisible en este 2021, pero los números llevan años siendo bajos. La lista de espera en la sanidad pública es de hasta tres meses y la tasa de psicólogos clínicos de la Seguridad Social no llega ni a la mitad de la media europea. Esto no es nuevo, pero se empieza hablar ahora. ¿Ha sido todo por la pandemia? ¿ha tenido que venir un virus que nos confine meses a nivel mundial para hablar públicamente de ello?

La pandemia, la voz de alarma de la salud mental

Para los expertos, la covid-19 y, en especial, el confinamiento domiciliario ha sido determinante a la hora de poner sobre la mesa la salud mental. “La pandemia ha puesto a todos en jaque y ha sacado los mecanismos y la capacidad que tenemos de afrontamiento lo que ha demostrado que hay personas que tienen dificultades”, cuenta a El HuffPostMayelín Rey, psicóloga miembro del Colegio Oficial de Psicología de Madrid.

“La pandemia nos ha afectado a todos. Fue un cambio importante en nuestras vidas, primero la reclusión del confinamiento, pero también el riesgo y el miedo que todos compartimos, la incertidumbre por nuestra salud y la de nuestros familiares”, añade la especialista. Para ella, esta situación límite puso a prueba los mecanismos que tenía la población para adaptarse a estos momentos, algo que no todos tienen.

Los datos del CIS sobre salud mental publicados en marzo hablaban por sí solos. Un 68,6% de los españoles padeció “mucho o bastante miedo” ante la posibilidad de muerte de un familiar o ser querido, del mismo modo que un 72,3% temió contagiarlos. Del mismo modo más de la mitad (52,9%) dijo sentirse “cansado o con pocas energías”, un 41,9% señaló que había tenido problemas de sueño, y un 38,7% aseguró sufrir dolores de cabeza y otros síntomas como taquicardia y mareos.

Teníamos una línea muy clara de quienes están bien y quienes están mal y ya no está tan claraMikel Munárriz, presidente de la AEN-Profesionales de la Salud Mental

En esto coincide Mikel Munárriz, presidente de la AEN-Profesionales de la Salud Mental, quien recalca que durante la pandemia “nos dimos cuenta de que éramos más frágiles, más vulnerables”. “Teníamos una línea muy clara de quienes están bien y quienes están mal y ya no está tan clara. Eso ha sido una parte ‘buena’ de la pandemia, el sufrimiento psíquico, el miedo, la angustia, la desesperanza… se ha dejado de ver como que era de otros”, explica.

Otro factor importante, más allá de la incertidumbre y el encierro ha sido la imposibilidad de los familiares de despedirse de las víctimas de la pandemia. “Todas las rutinas que teníamos para acompañar se perdieron y todavía no se han llegado a recuperar. El acompañamiento cuando alguien esté enfermo y que las personas no estén solas en los hospitales”, cuenta Rey.

Lo mismo sucedió con los jóvenes, uno de los grupos más afectados por la pandemia. Según señaló un estudio valenciano publicado en febrero de 2021, uno de cada cuatro adolescentes sufría depresión o ansiedad por el aislamiento. Del mismo modo, los psiquiatras alertaron del aumento de las urgencias psiquiátricas en niños y adolescentes un 50% desde el otoño de 2020.

“En el caso de los niños y adolescentes, sobre todo, los más pequeños con lo que necesitan las relaciones sociales, han perdido muchísimo y al reincorporarse ha costado. Hay niños que han tenido dificultad de separación de los padres y demás. Ha sido un cambio para todos”, explica Rey.

Unas carencias que no solo se suplen con recursos especializados

Esta situación crítica no ha sido solo el único factor que ha influido en que la salud mental sea una parte fundamental del debate público actualmente. Había una serie de deficiencia de recursos que ya se conocían de antes y algunas como el desempleo o los problemas sociales se han incrementado con la crisis del coronavirus.

“Todo lo que está saliendo: las carencias, las urgencias y las necesidades se sabían de antes de la pandemia. Es decir, para nosotros no es una sorpresa. Tanto las personas con sufrimiento psíquico como los profesionales lo conocíamos. Lo que era raro era que no estuviera ya en la agenda pública”, explica Munárriz.

De hecho, la OMS incluye la salud mental y el “bienestar psíquico” como parte integral de la salud. Sin embargo, para los especialistas la preocupación de la salud mental debería de ir de la mano de una serie de recursos que ayuden a que la población sufra menos, en la medida de lo posible, estos trastornos. “Los recursos hacen falta, pero no hay que centrarse solo en eso”, señala Munárriz. “Es importante que haya psicólogos, pero también que haya enfermeras y oportunidades de empleo. La salud mental se construye entre todos hay que poner apoyo a otros niveles a la escuela, el trabajo… No es solo que te puedas permitir una terapia es que estén cubiertos otros elementos de la sociedad y que disfrutemos de mejor o peor salud mental”, explica.

Puestos a pedir el ingreso mínimo o más psiquiatras, igual con el IMV arreglamos más cosasMikel Munárriz, presidente de la AEN-Profesionales de la Salud Mental

Ejemplo de ello es la diversificación por estratos sociales que planteaba el estudio de los efectos en la salud mental de la pandemia del CIS. Los grupos que más habían sufrido ataques de pánico o ansiedad eran principalmente mujeres (un 22%) frente al 9% de hombres, jóvenes de entre 18 y 34 años (52,9%) y un 20% de ellos, de clase baja.

En este sentido, el especialista recuerda que si hay una situación que genere una sensación de malestar, primero hay que intentar subsanarla. “Habrá quien se quede en la calle porque no tiene casa, pues primero habrá que ofrecerle una cierta seguridad habitacional. Lo mismo con una persona sin papeles, una vez que se solucione eso puede que le haga falta o que no una terapia de salud mental”, explica.

Para él, el Ingreso Mínimo Vital es también una medida para la salud mental. “Lo dije hace un año y lo pienso. Puestos a pedir el ingreso mínimo o más psiquiatras, igual con el IMV arreglamos más cosas”, sentencia.

Rey recalca que la pandemia ha podido acentuar la mala salud mental en las personas que ya tenían una situación económica delicada, pero también las que tenían problemas de salud mental previos. “Cuando ocurre una crisis, hay sectores que les afecta más. Hemos tenido demandas que tienen que ver los padres o las familias a estas situaciones y, a veces, ha sido según la economía”, señala.

“La salud mental se ha recordado, pero influye todo lo que nos pasa a nivel social y económico. Ya no solo a nivel familiar o de barrio, sino que nos afecta todo lo que está pasando a nuestro alrededor”, añade.

La supuesta cuarta ola y las “visiones apocalípticas”

Para los expertos, esta puesta en valor de la piscología también bebe mucho de las distintas llamadas de atención mediática que se han hecho sobre el tema. Para Munárriz, la llamada “cuarta ola de salud mental” ha generado una cierta visión distorsionada del problema.

“Ha habido unas visiones apocalípticas que hablaban de una cuarta ola no de covid, sino de salud mental y de trastornos de estrés postraumático que están por ver”, señala.

El especialista apunta que esta forma de pensar es muy limitada porque no todo lo relacionado con la pandemia tiene que ver con la salud mental sino en cómo se resuelva o cómo se solucionen. “Es entre apocalíptico de no saber qué va a pasar y de megalomanía de que los profesionales de la salud mental lo vamos a poder arreglar todo o como si supiéramos cómo se apaña uno en una pandemia”, señala.

Se sigue escuchando por algunos pacientes en consulta ‘yo no voy al psicólogo porque no estoy locoMayelín Rey, psicóloga del Colegio Oficial de Psicología de Madrid

“Hay una idea de que los profesionales tenemos idea de todo, porque en los telediarios durante el confinamiento todos los días salía alguien diciendo lo que teníamos que hacer, que era un poco haz ejercicio, hazte un horario, muévete...Que tampoco hacía falta ser profesional para decir eso”, explica.

En este mismo sentido, Rey explica que la crisis no ha generado solo problemas de salud mental sino que también les ha servido a algunas personas para mejorar. “Muchas veces las crisis sirven para aprender. Son un acontecimiento vital estresante y no es ni bueno ni malo, ayuda a poner en marcha ciertos mecanismos y, en función de cómo hayas respondido a ciertas situaciones, tendrás más capacidad de afrontar esta situación que ha ocurrido”, explica la psicóloga que pide dejar un margen de maniobra para adaptarse y no adelantarse.

Acabando con el estigma y la visibilización pública

Otra barrera que se está intentando borrar este año es el estigma y la visibilización pública de la salud mental, que ha estado durante años ocultada y siendo motivo de vergüenza.

“Se sigue escuchando por algunos pacientes en consulta ‘yo no voy al psicólogo porque no estoy loco’, pero cualquier persona que acude a consulta no tiene por qué tener un diagnóstico o un trastorno de salud mental”, detalla Rey, quien deja claro que en los estratos sociales más altos está más normalizado acudir a consulta.

Más allá de estratos sociales, también ha evolucionado la manera de abordar este asunto en los últimos años. El caso de Biles, de Cyrus u otros personajes públicos se han abordado de una forma totalmente distinta este año a, por ejemplo, la ansiedad que obligó a Pastora Soler a retirarse de los escenarios en 2014. Según los especialistas, esto ayuda a ver que todo el mundo puede sufrirlo, pero recuerdan la importancia de una “representación real”.

“En todas las situaciones en las que ha habido colectivos discriminados como es el caso de personas con problemas de salud mental, en casos de trastorno mental grave, que haya gente que ‘salga del armario’ está bien”, explica Munáriz. “Esto podría servir no solo para esos rostros con cierto puesto de privilegio puedan exponer su experiencia. Debería servir para que todas las personas con sufrimiento psíquico lo puedan exponer, porque no todos pueden”, añade.

Para él, un tercer factor que ha influido han sido acontecimientos como el de Errejón o el de la persona que envió una navaja ensangrentada a Reyes Maroto, que han hecho que la opinión pública deje de ver correctos los comentarios despectivos hacia las personas con problemas de salud mental. “Ha habido cosas que, desgraciadamente, por meteduras de pata por algunas personas, ya sea por un rebote contra esta persona anónima o por la frase que se oyó en el Congreso, ya no les gusta que se hable de la salud mental como se hablaba antes”, añade.

Un año que sentará precedentes

A pesar de lo que se ha tardado en visibilizar la salud mental, los especialistas se muestran optimistas. “Creo que va en serio, la preocupación no es solo en los medios o en la agenda política de que los partidos vean quién hace una mejor propuesta sino que de verdad esto ha calado en la sociedad. Es un buen momento, no sé cuánto durará, pero sí servirá”, explica Munáriz.

Tanto él como Rey tienen claro que las cifras de profesionales y recursos para la salud mental en la sanidad pública son bajos. “Siempre ha sido como la hermana pequeña de la medicina”, apunta Rey. “Tenemos que tener unos servicios públicos fuertes para que las personas puedan acceder a los servicios se lo puedan permitir o no. Faltan muchos recursos y para igualarlos a niveles europeos hace falta mucho esfuerzo”, añade.

La proporción de psicólogos clínicos es de 6 por cada 100.000 habitantes en España, frente a los 18 de media en la Unión Europea. En cuanto a psiquiatras, la cifra asciende algo más 9,6 psiquiatras por cada 100 000 habitantes, pero sigue muy por detrás de países como Polonia, Finlandia y Bélgica con 24, 23 y 20, respectivamente.

Para Munáriz la cultura actual centrada en la farmacología también influye. “Es normal que si en un momento dices algo raro te digan ‘es que no te has tomado la medicación’, está metido en la cultura y también está calando y es preocupante”, señala.

La proposición de ley de Salud Mental, que promete aumentar el gasto público en salud mental y en profesionales de este área está ya aprobado por el Congreso, sin ningún voto en contra. Hasta entonces, los expertos piden no “apagar la hoguera” de la importancia de esta materia. “A lo mejor de diez cosas se consiguen cuatro, pero si no lo aprovechamos ahora que estamos de moda cuándo va a ser”, sentencia Munáriz.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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