Venezuela sin esperanzas: cada vez son más los que huyen de la debacle

Un hombre se alza sobre la multitud esperando cruzar la frontera hacia Colombia a través del puente Simón Bolívar en San Antonio del Táchira, Venezuela. (AP Foto/Ariana Cubillos, Archivo)

Fue entonces que los males se conjugaron de tal forma que la sociedad venezolana, en un estrépito, incorporó el éxodo a su realidad. En los últimos dos años la huida se precipitó como consecuencia inevitable de la tragedia, instalada en la categoría de crisis humanitaria.

El mapa de Venezuela se disgrega y se reconfigura día a día, mientras los que salen por las fronteras se cuentan por cientos de miles, en búsqueda de una salida a la hiperinflación, que el FMI estima que cierre 2018 en 13.000%, la escasez de más de 90% de medicamentos básicos y el desabastecimiento de la comida (con un crecimiento sostenido de la desnutrición infantil), la violencia de Estado que criminaliza cualquier forma de la disidencia, incluidas las protestas por hambre, y también la violencia social.

En su crecimiento veloz, la diáspora deja una huella hasta no hace mucho desconocida en la vida de ese país y toca la de los países limítrofes: el gobierno de Brasil aúpa la construcción de campos de refugiados venezolanos en la frontera, el de Colombia endurece las exigencias migratorias, y los dos, con el de Guyana enviaron tropas militares para reforzar las fronteras. Mientras, el presidente Nicolás Maduro niega que exista el éxodo.

La diáspora de Venezuela en cifras

Fue entonces que, en la espiral de la historia, Venezuela se volvió un país emigrante. A pesar de las crisis cíclicas y los problemas estructurales de su etapa reciente –inseguridad y violencia, moneda débil, inflación, desigualdad–, los venezolanos no habían tenido antes una necesidad real de moverse de sitio y dejar atrás la casa.

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Al menos nunca a escala masiva. Venezuela seguía enarbolando entre sus vecinos de continente la bandera de país receptor: de los inmigrantes que llegaron de la Europa de las postguerras y las carestías en los cuarenta y los cincuenta –España, Italia, Portugal–, los de la Colombia del conflicto armado en los ochenta y noventa y, antes, los de las dictaduras del Cono Sur, de Ecuador, de República Dominicana años antes. La promesa de la bonanza que venía del maná petrolero también atrajo a otros nacionales de Latinoamérica y de países tan lejanos como Israel, Siria, Líbano o China.

Ahora la ecuación viró por completo.

Los estudiosos del tema migratorio venezolano son todavía pocos. Claudia Vargas, profesora de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, investiga el tema migratorio desde esa ciudad, en el Laboratorio Internacional de Migraciones, que no ha sido registrado oficialmente, observa ella, porque su director, Iván de la Vega, justamente, emigró.

“Es un fenómeno reciente que estamos tratando de entender, con gente prácticamente huyendo de la situación del país. Esto es nuevo para nosotros”, acota. “La migración per se es difícil de medir”, agrega Vargas, porque la oficina estatal venezolana no tiene cifras de las salidas del país, porque no está registrado en otras fuentes oficiales venezolana y porque en los países de destino no quedan datos claros de si quienes entran se quedan allí o avanzan hacia otros lados.

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Desde que Tomás Páez, sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela, publicó en 2015 la investigación que publicó como el libro La voz de la diáspora, la cifra de migrantes venezolanos se multiplicó casi por dos: a los 1,5 o 1,6 millones que, según sus cálculos, emigraron durante 15 años, se sumaron unos 1,3 millones en el último año y medio o dos. Lo que se acerca a las 3 millones de personas, cerca del 10% de la población de Venezuela, de 31,5 millones de habitantes.

En su estudio en 90 países y más de 400 ciudades, alimentado con las cifras de los gobiernos de esos países, asociaciones de venezolanos, institutos especializados y universidades, ha habido cambios evidentes desde 2016. “Han cambiado la magnitud y velocidad del proceso y la dirección de la diáspora. Antes se iban fundamentalmente hacia Estados Unidos, en primer lugar, y a España y países del norte. Siempre hubo gente que se fue hacia Colombia, pero en pequeñas cantidades”.

La diáspora venezolana en el exterior denuncia constantemente en actos públicos al Gobierno de Maduro (Instagram)

En los datos que maneja Páez, el mapamundi con emigrados venezolanos está ahora encabezado justamente por el país vecino (unos 600 mil en todo 2017 y lo que va de 2018, según cifras oficiales de Migración Colombia), seguido de Estados Unidos (unos 320 mil) y España (más de 200 mil). “Ahora aparecen también Brasil, Argentina y Chile creciendo de manera sostenida. “Y continúan Portugal e Italia”.

Páez llama a la de esta etapa la migración de la desesperanza, como apunta desde Madrid, donde ahora vive: justo desde 2016 el despegue de la pobreza en Venezuela arrastró también a personas con perfil universitario, técnico superior o especializado o incluso a quienes tenían negocios prósperos. Más del 80% de la población está empobrecida, dicen los números de los investigadores. Todo aquel que Venezuela “no puede acceder a una vida digna”, dice Páez.

Las comunidades indígenas yucpas, waraos, wayús han dejado también sus tierras originarias para cruzar las fronteras, no solo con Colombia, sino con Brasil y Guyana. En los testimonios todos dicen que tienen hambre y que dejan a sus hijos al cuidado de otros familiares para enviarles dinero, comida o medicinas. Los medios lo califican de éxodo masivoEn un artículo publicado en The Wall Street Journal, el periodista Juan Forero recordó que el número oficial de venezolanos que han pasado a Colombia ya igualan algunos números recientes de huidos de Siria y Myanmar. Un extenso reportaje de La Silla Vacía, por otra parte, habla de venezolanos instalados en todas las regiones de Colombia y trata el tema como “crisis humanitaria”.

Los reporteros de otros países receptores escriben sobre el tema y publican datos oficiales: por ejemplo, en Perú, hay 100.000 venezolanos; las solicitudes de refugio en México crecieron 1.119% entre 2013 y 2017; en España, el primer grupo de inmigrantes es el de venezolanosque fueron a su vez quienes hicieron más peticiones de asilo, 8405 entre enero y octubre de 2017a Argentina se mudaron un 140% más de venezolanos en 2017 que el año anterior: allí viven ahora entre 60 mil a 100 mil venezolanos, combinando los datos gubernamentales con las de las asociaciones; en Uruguay, las solicitudes de residencia, 3178, subieron 200% en 2017 en comparación con 2016; a Chile ingresaron 164. 866 venezolanos en 2017, 90% más que un año atrás, y ya están residenciados unos 30 mil.

En la línea de investigación de Claudia Vargas, la cifra de venezolanos en el mundo se monta en los 3,2 a 3,5 millones, con edades de entre 18 y 40 años y sin mayor diferencia de género. Para estos cálculos, Vargas hace proyecciones con los números los censos de los países receptores, las encuestas de hogares de esos países y las cifras de organismos internacionales. Vargas coincide con Páez en la “latinoamericanización” de la diáspora venezolana. De esos primeros destinos que fueron Estados Unidos, España, Italia y Portugal hasta hace un par de años, los venezolanos escogen, además de a Colombia,  países como Perú, Ecuador, Chile. “Cualquiera de estos países al parecer tiene mejor alternativas”.

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Las solicitudes de asilo y refugio aumentan. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha registrado, en sus cifras actualizadas hasta el 10 de febrero, 133.547 solicitudes de asilo por venezolanos entre 2014 y 2017, con un crecimiento exponencial hacia el último periodo: si el primer año del registro hubo poco más de 4040 solicitudes, en 2017 hubo 86807. En 15 países, ordenados de mayor a menor según el número de solicitudes: Estados Unidos (el 44% de ellas), Brasil, Perú, España, Costa Rica, México, Panamá, Canadá, Ecuador, Chile, Trinidad y Tobago, Argentina, Curazao, Uruguay y Aruba.

Acnur también refleja lo que llama una “estancia legal alternativa” de 363.991 venezolanos en diez países de América Latina que, a través de acuerdos enmarcados en los bloques de Unasur y Mercosur, otorgan a los venezolanos residencias temporales de uno a dos años con derecho al trabajo y acceso a los servicios sociales. Esos países son, por número de solicitudes, Chile (23,2% de las solicitudes), Colombia, Panamá, Ecuador, Argentina, Perú, México, Brasil, Costa Rica, Uruguay.

Por otra parte, hasta 2015, un informe de la Organización de Estados Americanos daba cuenta de que la salida de personas de Venezuela desde 2007 se duplicaba. En ese periodo de ocho años,  según este documento, los destinos con más cantidad de venezolanos eran Estados Unidos, España, Colombia, Chile, México, Panamá, Argentina, Ecuador, Canadá, Perú, Costa Rica, Brasil, Uruguay, Alemania, Italia.

El paso por los países fronterizos hacia otras naciones suramericanas ha encontrado vías alternativas al viaje por avión. Con la reducción drástica de aerolíneas que vuelan hacia y desde Venezuela y la imposibilidad de pagar boletos que pueden superar los 1000 dólares en un país donde los ingresos se deprecian con las horas y la dificultad para reunir divisas es colosal, los emigrados optan por la vía terrestre, en coche o en autobús.

Y también por la marítima. En enero naufragó un bote con 30 personas que desde las costas del estado Falcón se enfilaba hacia Curazao, a 145 kilómetros (donde viven unos 12 mil venezolanos sin papeles, según la policía); cuatro murieron, cinco llegaron a su destino, el resto calificaba como desaparecido. Según Acnur, unos 60.000 venezolanos están distribuidos en el sur del Caribe, incluida esa isla, además de Aruba y Trinidad y Tobago.

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Un número se viralizó en los titulares en diciembre de 2017. Consultores 21, una de las encuestadoras principales de Venezuela, encontró en un estudio de opinión realizado entre noviembre de 2017 y diciembre de 2017 que poco más 4 millones de personas habían salido de Venezuela. La encuesta fue hecha sobre una muestra de 2000 hogares en zonas urbanas y rurales de todo el país. El tema de la diáspora entró apenas recientemente en este tipo de estudios. Nicolás Toledo, vicepresidente y socio de la encuestadora,  dice que no hay manera de poner un número exacto en la migración, “porque todas las fuentes tienen deficiencias”.

En general, en las cifras no están contabilizadas las personas sin papeles, ni las que tienen doble nacionalidad, las que no se han registrado en los consulados. Tomás Páez no estima que esos que no están incluidos hagan mucha diferencia como para crecer hasta la cifra proyectada por la encuestadora, pero Claudia Vargas sí cree que los números están subestimados.

Los movimientos migratorios comenzaron en Venezuela hace casi dos décadas. Y para Páez no es poco que en 15 años se hayan ido más de millón y medio de personas, como registró en esa primera parte del estudio. Vargas dice que las investigaciones de Iván de la Vega ya miraban a 1983, con aquella primera gran devaluación del bolívar, cuando migraron, aunque en pequeña cantidad, científicos, tecnólogos, personal de alta calificación. Pero en este periodo el primer hito ocurrió en 2002 y 2003, años de altísima conflictividad política (golpe de Estado, paro petrolero) con una presidencia de Hugo Chávez que terminó reforzada. Entonces salieron del país miles de trabajadores de la industria petrolera y personal especializado de clases medias y altas.

La segunda de este siglo fue en 2006, cuando Chávez volvió a ganar las elecciones, 2007, con el cierre de Radio Caracas Televisión, 2012, cuando volvió a ganar Chávez antes de morir, fueron otros puntos de inflexión.

En esos años aumentaron los asilos políticos de figuras conocidas y también comenzó a marcharse gente con doble nacionalidad, que terminaban sus carreras y miraban a otros destinos para avanzar. En 2014, año de protestas, asesinatos y violencia callejera, aumentaron las salidas y los exilios. Hasta que en los últimos dos años se agudizó el éxodo como forma de la huida.

Todas las proyecciones indican, las de Acnur incluidas, que la diáspora venezolana seguirá creciendo mientras la grave situación dentro del país se sostenga. Las elecciones presidenciales a las que convocó el gobierno de Nicolás Maduro para el próximo 22 de abril no auguran lo contrario.