No es justo que los más jóvenes recuerden a este Valentino Rossi

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18 June 2021, Saxony, Hohenstein-Ernstthal: Motorsport/Motorcycle, German Grand Prix, MotoGP at Sachsenring: Rider Valentino Rossi (Italy, Petronas Yamaha SRT) sits in the pits ahead of the Second Free Practice session. Rossi has scored just 15 points so far this season and is 19th in the standings. Photo: Jan Woitas/dpa-Zentralbild/dpa (Photo by Jan Woitas/picture alliance via Getty Images)
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Hay que remontarse a 2009 para iniciar esta historia. Para entonces, Valentino Rossi, 30 años y trece como piloto profesional, ya no es el mejor piloto de la parrilla, pero aun así gana su noveno título, séptimo en la categoría reina. Culmina de esta manera una década prodigiosa en la que ha conseguido domar primero a Max Biaggi, luego a Sete Gibernau y finalmente a los Casey Stoner, Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa... pilotos más jóvenes que él pero más irregulares, más dados a las caídas, desconocedores aún de la importancia de un buen cuarto puesto cuando es lo máximo a lo que puedes aspirar.

Es Valentino Rossi una leyenda del motociclismo. Más bien, es LA leyenda del motociclismo, el hombre que aúna un palmarés prodigioso con un carisma tremebundo. El deportista capaz de trascender a su disciplina y a sus aficionados. La definición de "estrella mundial". Rossi es Federer y es Nadal. Es Cristiano Ronaldo y es Messi. Es Michael Schumacher y es Lewis Hamilton. "Il Dottore" se ha convertido en un hombre reverenciado incluso en España, el país que más ha sufrido su dictadura de los 2000, el que más veces ha visto cómo sus prometedores pilotos quedaban a un paso de la gloria por su culpa.

Valentino Rossi. Campeón con Honda, luego con Yamaha, luego con Honda de nuevo. Con Michelin y con Bridgestone. El veterano que busca su décimo título más por lo que tiene de simbólico que porque represente récord alguno: nadie puede competir con los quince de Agostini o los trece de Nieto, básicamente porque nadie puede ya correr dos cilindradas en un mismo año. Rossi entra en 2010, el año de sus 31, como un tiro, líder destacado tras tres carreras, y a la cuarta, en Mugello, acaba trasladado al hospital en helicóptero. Hasta cierto punto, ahí acaba la leyenda y empieza el ser humano. El terco ser humano que se niega a entregar las armas. Han pasado once años y Rossi sigue, nominalmente, en la parrilla. Decimonoveno en una cilindrada en la que rara vez corren más de veinte motos.

¿Cuándo deben retirarse nuestros ídolos? ¿Cuándo dejan de hacernos daño sus fracasos? Siempre se dice aquello de que "se han ganado continuar hasta cuando quieran". Desde luego. Rossi se ha ganado eso y más, pero también el aficionado puede opinar, faltaría más. Y, tal vez, al aficionado, los últimos años se le han hecho demasiado largos. Su "último baile" debió de ser en 2015, cuando tenía el título al alcance de la mano y se lio en una polémica absurda con Marc Márquez que derivó en el triunfo de Jorge Lorenzo. Aquel último triunfo habría sido un buen recuerdo pero no pudo ser. Para entonces, Rossi ya era peor que Lorenzo y Márquez pero lo disimulaba a la perfección. Competía como un animal rabioso. Al segundo puesto de ese año siguió otro segundo en 2016 y un tercero en 2017, ya con 38 años. A partir de ahí, el espanto.

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Los últimos cuatro años de Valentino Rossi son propios de otro piloto. Un mal año de retirada lo tiene cualquiera, pero cuatro es excesivo. Hay un grupo de aficionados que se han enganchado a este deporte en DAZN y que tienen a Rossi como un piloto vulgar, un hombre con tendencia además a caídas peligrosas, un cuarentón que no pinta nada con una moto que ni siquiera es la oficial de Yamaha. Su gloria queda a doce años de distancia. Doce años son muchos. ¿Se imaginan doce años sin un grand slam de Roger Federer? ¿Doce años sin un anillo de Michael Jordan? ¿Doce años sin una Champions de Messi?

Siempre -o casi siempre- hay un abismo entre el deportista que cuelga las botas -o el casco- y el que vivió su esplendor dominando a sus rivales. Ahora bien, esto ya es pasarse. Rossi ha cumplido ya los 42 y no tiene absolutamente nada que ganar. El pasado domingo tuvo otra aparatosa caída que afortunadamente quedó en nada pero este tentar a la suerte empieza a ser angustioso. Se dice que este verano tomará una decisión acerca de su futuro y los que le amamos en su esplendor no podemos sino suplicar que lo deje, que ya está bien, que no tiene sentido arrastrarse con la Petronas por todos los circuitos. Que ya ha demostrado con creces su amor por el deporte y que su lugar está ya en otro lado: en el continuo homenaje, en el panteón de los ídolos generacionales cuyo nombre eriza la piel.

Si usted tiene más de treinta años, sabe de lo que le hablo porque Rossi nos acompañó en nuestra infancia, nuestra adolescencia, nuestra juventud... Si tiene menos de treinta años, igual piensa que deliro, que tampoco pudo ser para tanto. Pues sí, lo fue. Antes de Rossi hubo enormes campeones, el más reciente Mick Doohan. Lo que no hubo fue enormes campeones que además fueran estrellas del pop. Ahí, Rossi fue hasta cierto punto un pionero. Un asesino sonriente. Un virtuoso del pilotaje al que ninguna suerte le resultaba extraña. Deseemos que acabe esto cuanto antes y podamos centrarnos sin más en el pasado. Su grandiosa figura no merece menos.

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