Las vacunas cubanas: ¿una cuestión de soberanía?

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<span class="caption">Campaña de vacunación contra Covid-19 en Cuba.</span> <span class="attribution"><a class="link rapid-noclick-resp" href="https://www.shutterstock.com/es/image-photo/havana-cuba-0622-cuban-doctors-work-1995264341" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Shutterstock / Yandry_kw">Shutterstock / Yandry_kw</a></span>
Campaña de vacunación contra Covid-19 en Cuba. Shutterstock / Yandry_kw

La vacunación avanza imparable y cada vez son más los países que aumentan a marchas forzadas su tasa de inmunización. Algunas vacunas se han vuelto célebres por su eficiencia y otras, justa o injustamente, por los remotos casos de efectos secundarios. Sin embargo, como ha venido sucediendo desde que comenzó la pandemia, al final se han destapado las grandes diferencias que existen entre los distintos países y continentes.

Esas diferencias entre Europa, América del Norte y el resto de los continentes se han hecho si cabe más patentes. En América Latina las cifras de la pandemia son devastadoras. Aunque algunos países han conseguido un alto porcentaje de población inmunizada, hemos podido ver casos como el de Chile, en los cuales dependiendo de la vacuna empleada y del resto de medidas, la inmunización per se puede hacerse más o menos eficaz. O Argentina, donde apostaron por la vacuna rusa Sputnik V y ahora se enfrentan a retrasos en la entrega de las segundas dosis de la vacuna, lo cual resulta en un porcentaje alto de la población parcialmente vacunada y vulnerable ante la variante Delta del coronavirus.

Puede que la solución a todos estos problemas se halle en una pequeña isla caribeña. Se trata de Cuba, que ha sufrido recientemente un incremento en sus contagios. Aunque sus números no son tan malos como los de otros países de América Latina, se ha declarado la transmisión comunitaria debido al alarmante incremento de casos. Por tanto, tiene sentido que lo intenten paliar desarrollando su propia vacuna.

Un país atrapado ente potencias

La historia del país caribeño no puede entenderse sin la relación con las grandes potencias mundiales, con las que siempre ha estado enfrentada o vinculada de una manera u otra.

La pequeña isla ha quedado rezagada en la lucha contra la pandemia tanto a la hora de adquirir recursos de lucha contra el virus, como a la hora de emplear los avances científicos y tecnológicos necesarios para el desarrollo de las vacunas. Cuba no ha competido en las mismas condiciones, pero ha salido a flote por varias razones.

La más importante ha sido su inversión en ciencia y salud pública. Nada menos que en 1981 se creó el llamado “Frente Biológico” para poder enfrentarse a situaciones como la actual. El fin era que la industria estuviera desarrollada suficientemente en momentos de necesidad. El muy elogiado cuerpo sanitario cubano se compone de muchos profesionales entrenados en la antigua URSS que quisieron volver a trabajar a la isla.

La relación con Rusia se ha mantenido fuerte e incluso se ha buscado estrechar los lazos con la gran potencia. No obstante, Cuba ha rechazado las vacunas rusas y ha insistido en desarrollar la suya propia.

Podemos apreciar el intento de reclamar y ensalzar la soberanía del país en la decisión de no unirse a la iniciativa mundial COVAX e incluso en los nombres escogidos para las dos vacunas que tiene en marcha: Soberana 02 y Abdala. Para la primera sobran explicaciones, y el nombre de la segunda deriva de unos versos del poeta, libertador e icono nacional José Martí.

Si Cuba tuviera éxito, podría convertirse en el primer país latinoamericano en desarrollar su propia vacuna.

Apuesta por la producción propia

De momento, van por buen camino. La vacuna Soberana 02 (un tipo de vacuna que aún no se ha utilizado contra COVID-19) consiste en un conjugado de fragmentos de la proteína S del coronavirus con una versión desactivada de la toxina del tétanos. Gracias a este último componente produce una reacción inmunitaria muy potente. De momento, los ensayos clínicos de fase III han mostrado una eficacia de un 62% con sólo dos dosis de las tres estipuladas, lo cual es muy prometedor.

Asimismo, esta pasada semana se anunciaron los resultados de eficacia de Abdala, una vacuna de proteína del tipo de la de Novavax, que con un 92.28 % se podría situar a la altura de Pfizer o Moderna.

El plan cubano es arriesgado y ha despertado críticas desde diversos sectores de la población contrarios al gobierno y al régimen. Uno de los argumentos del sector crítico es que se ha comenzado la campaña de vacunación antes de que concluyeran los ensayos de la fase III. Algo que, por otra parte, también ocurrió en Rusia, China o India.

Está por ver el éxito de Cuba en su plan de inmunización, ya que hasta ahora tan sólo un 8,9% de la población ha recibido la pauta completa. Sin embargo, puede que al final les merezca la pena la arriesgada apuesta y Cuba se convierta en el primer país de Latinoamérica en estar plenamente inmunizado.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Las autoras participan en el proyecto BIFISO, PIE CSIC-COVID-19-027, financiado por el CSIC, para la lucha contra la COVID-19 en el marco de la PTI Salud Global.

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