Historia de las 4 vacunas contra el Covid-19 que acabaron descartadas

Miguel Artime
·6 min de lectura
¿Te parece un fracaso la vacuna de AstraZeneca? Todo lo contrario, la suya es una historia de éxito. (Imagen Creative Commons vista en Flickr, crédito: Marco Verch).
¿Te parece un fracaso la vacuna de AstraZeneca? Todo lo contrario, la suya es una historia de éxito. (Imagen Creative Commons vista en Flickr, crédito: Marco Verch).

Pffizer, Moderna, Janssen, AstraZeneca … si nos dicen hace un par de años que llegaría un tiempo en que todo el mundo estaría familiarizados con los nombres de tantas compañías farmacéuticas, seguramente no les habríamos creído. Sin embargo llegó la pandemia, el miedo, la desesperación y finalmente la esperanza de las vacunas. Además de las cuatro citadas, en el mundo hay otras cuatro aprobadas para su uso completo (como la rusa Sputnik V por ejemplo), y otras cinco más para uso limitado (como la Convidicea china, que es de uso militar).

Y eso no es todo. En estos momentos, según el rastreador de vacunas que maneja el New York Times existen otras 23 vacunas experimentales más que se encuentran en fase 3, y otras 89 más están siendo sometidas a estudios de seguridad en humanos (fases 1 y 2).

La pandemia ha servido para demostrar la eficacia de las vacunas basadas en tecnología de ARN mensajero (como Pfizer y Moderna). No ha estado mal ya que ha sido la primera vez que se ponía a prueba este novedoso concepto. Las basadas en virus inactivados (como AstraZeneca o Janssen), pese a que han resultado un poco más "polémicas", por los raros efectos secundarios trombóticos observados, han demostrado así mismo una eficacia innegable. 

Pero volvamos sobre las vacunas en fase 3. Si eres de los que te has asustado por el asunto de los trombos y apuestas por las vacunas basadas en ARNm, tenemos una buena noticia. Entre las 23 vacunas que se encuentran en fase 3, contamos con un prometedor trío de fórmulas basadas en esta tecnología. Se tratan de CureVac - desarrollada por la empresa alemana homónima -, la india Zydus Cadila (país donde sin duda será recibida como agua de mayo si como se espera, recibe autorización en junio-julio) y la japonesa AnGes, desarrollada por la Universidad de Osaka.

Pero no todo son vacunas de ARNm o de vector viral. Existe una tercera tecnología, basada en proteínas, que aún no tiene ningún representante aprobado, pese a que podríamos decir que esta clase de vacunas son las “de toda la vida”. A este grupo pertenece la vacuna HIPRA, desarrollada por la farmacéutica catalana Amer, que comenzará ensayos de seguridad en humanos en el mes de junio. Existen varias vacunas basadas en este enfoque a punto de recibir la aprobación de los organismos de control. Entre e las se encuentra Novavax, diseñada por una empresa estadounidense pero con participación española, ya que la empresa Biofabri (grupo Zendal) fabricará el antígeno de la vacuna en sus instalaciones de Vigo.

Pero entre tanto éxito, de lo cual todos nos felicitamos, de lo que verdaderamente me apetece hablar hoy es de las que no lo consiguieron. Efectivamente, entre el grupo de 200 proyectos que fueron avanzando – a velocidades desiguales – a lo largo de 2020 y durante el año en curso, existe un reducido grupo de solo 4 que han terminado por rendirse frente a la implacable dureza de los resultados una vez se inician los ensayos clínicos.

¿Quieres saber cuáles han sido? Pues sigue leyendo.

A finales de 2020, días antes de que Estados Unidos comenzara a inmunizar a los primeros ciudadanos con la fórmula de Pfizzer/BioNtec, Australia anunciaba que abandonaba la carrera. Su proyecto, llevado a cabo por la Universidad de Queensland y la compañía Commonwealth Serum Laboratories, asumía dolorosamente que los mil millones de dólares invertidos a fondo perdido en su prototipo no habían servido para nada. ¿La razón? No solo no funcionaba inmunizando contra el SARS-CoV-2, sino que además provocaba falsos positivos en test VIH. La buena noticia es que los voluntarios humanos que participaron en los test de seguridad estaban completamente sanos.

Prosigamos con el segundo miembro del grupo de los desertores. A finales de enero de 2021, con las campañas de vacunación en marcha en media Europa (España incluida) la potente farmacéutica alemana Merck finalizaba sus trabajos con la vacuna experimental en forma de píldora. En aquel proyecto colaboró la entidad IAVI (Iniciativa Internacional de vacunas contra el SIDA). La buena noticia fue que la farmacéutica “solo” había invertido 40 millones de dólares en el estudio, lo cual siendo un dineral parece poco, especialmente en comparación con lo sucedido en Australia. ¿La razón? Los ensayos preliminares mostraron que la vacuna era segura, pero no efectiva. De hecho, el número de anticuerpos generados por el sistema inmunológico tras tomar la píldora eran menores a los producidos tras infectarse con el coronavirus.

Fachada principal del Institute Pasteur de Paris. (Iimagen creative commons vista en Flickr. Crédito imagen: Guilhem Vellut).
Fachada principal del Institute Pasteur de Paris. (Iimagen creative commons vista en Flickr. Crédito imagen: Guilhem Vellut).

Vayamos ahora con el tercer proyecto fallido, que curiosamente también está relacionado con la farmacéutica teutona Merck. El mismo día que se anunció el abandono del proyecto “pastilla”, la casa alemana anunció que finalizaba otro trabajo realizado en colaboración con su filial Themis Bioscience y el prestigioso Instituto Pasteur de Francia. ¿La razón? Exactamente la misma que en el caso anterior. Pese a que la vacuna no suponía un riesgo para la salud de los humanos, los anticuerpos generados tras la inyección eran insuficientes como para proteger al organismo. La noticia fue particularmente demoledora para Francia, una nación acostumbrada a liderar las carreras farmacológicas que había puesto todas sus esperanzas en el proyecto.

Para acabar nuestro póker de proyectos “estrellados”, hablaremos ahora de lo que sucedió con una fórmula británica diseñada por el Imperial College de Londres. Dos días después del doble abandono de Merck (es decir el 27 de enero de 2021) acabó el sueño de contar con una vacuna “sin agujas” y capaz de aguantar altas temperaturas sin que se echara a perder (se hablaba de hasta 40ºC). Pese a haber sido uno de los proyectos que más rápido avanzó a comienzos de 2020, un año después el antígeno británico no había conseguido superar los ensayos en fase 1. ¿La razón? Los británicos no dieron demasiada información, más allá de reconocer que no tenía sentido apostar por una nueva vacuna cuando la de AstraZeneca parecía estar funcionando tan bien. 

En fin, estamos tan acostumbrados a oír hablar de los triunfos de la ciencia moderna, que creo que no está de más recordar que encontrar fórmulas seguras y eficaces de inmunización no es un asunto para nada sencillo. Afortunadamente estos cuatro casos han sido excepciones contadas. Sin duda la diversificación ha jugado a nuestro favor, y en mi opinión – casi siempre optimista - únicamente falta un asunto grave por resolver. ¿Qué sucede con los países pobres?

Y es que al final las grandes potencias están detrás de casi todas las soluciones inmunizantes al Covid-19. Prácticamente todos los proyectos exitosos mencionados han sido llevados a cabo por empresas farmacéuticas con sedes en la U.E., China, Rusia, o los Estados Unidos (con suerte muy pronto podremos añadir a naciones con gran potencial como India y Brasil).

Para solucionar este desequilibrio existen iniciativas como COVAX, dirigida por la OMS con el apoyo de otras organizaciones sin ánimo de lucro, que intentan hacer comprender al mundo que en esta pandemia “o nos vacunamos todos o nos hundimos todos”. Y es que en un mundo con fronteras tan porosas, la solución debe alcanzar a toda la humanidad.

Así pues, debemos pensar en el mejor de los escenarios pero prepararnos para el peor. Acabar con la pandemia está al alcance de nuestra mano.

Me enteré vía este tweet de @JorgeGalindo.

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