Las vacas sufren una "demonización" ambiental injustificada, según experto

Dos vacas caminan en el campo. EFE/Brais Lorenzo/Archivo

Madrid, 4 dic (EFE).- El ganado vacuno sufre una "demonización en el discurso público" por su potencial contaminante que no está justificado, un hecho que se extiende al resto de especies ganaderas extensivas (ovino y caprino), según el consultor internacional en ganadería y medio ambiente Pablo Manzano.

En su participación en una mesa redonda celebrada en la Cumbre Mundial del Clima (COP25), Manzano ha defendido este miércoles que la ganadería "no tiene tanta culpa, como se le echa, sobre el cambio climático" y apuesta por actuar en las producciones intensivas.

En ese sentido, ha lamentado que la acción política mundial se esté centrando en grandes rumiantes como el vacuno, por su emisión de metano, y no en granjas intensivas: "Se está perdiendo el foco".

A su juicio, esto se debe al discurso que tiende a culpar principalmente de las emisiones a las producciones en extensivo.

Para Manzano, las granjas intensivas hacen un mayor uso de combustibles fósiles, cuya combustión emite dióxido de carbono que permanece durante "miles de años en la atmósfera", en contra de lo que le ocurre al metano.

El coordinador en Ecologistas en Acción de la campaña "Stop ganadería industrial", Daniel González, cree que la crisis climática está "muy relacionada" con ese tipo de ganadería, "aunque, en principio, se hable más de otros sectores".

Es partidario de analizar el modelo agroindustrial para "intentar revertir" la situación y "atajar el incremento de la temperatura global".

Además, ve oportuno hacer propuestas "concretas" de modelos "alternativos" de producción, como el de "la ganadería extensiva", para "evitar estas repercusiones ambientales".

En su intervención en el encuentro, la portavoz de la coordinadora estatal "Stop Ganadería Industrial", Rosa Díez, ha cargado contra la ganadería intensiva: un modelo "altamente contaminante" que "contribuye en gran medida al cambio climático" y que a su juicio está siendo "alentado" por los países a través de planes "desmesurados y descontrolados".

En su opinión, el intensivo "pone en peligro el futuro" de las zonas rurales porque tiene consecuencias "nefastas" para su población en términos socioeconómicos, de salud pública o de calidad de vida: "la ganadería industrial es nociva e insalubre, no tiene nada que ver con el campo y no está arraigada a la tierra, generando además poco empleo y precario".

Para Díez, España "abraza con gran entusiasmo" este modelo productivo e incluso se "ufana" del crecimiento de sus producciones en intensivo, por lo que considera que se necesitan nuevas políticas que hagan un "cambio" del modelo productivo "que permita un futuro".