Las vacas... y algo más: por qué el metano es el nuevo “asesino” climático

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Imagen de la macrogranja de Valle de Odieta en Caparroso, Navarra.   (Photo: PEDRO ARMESTRE/GREENPEACE)
Imagen de la macrogranja de Valle de Odieta en Caparroso, Navarra. (Photo: PEDRO ARMESTRE/GREENPEACE)

“Estados Unidos ha vuelto”, anunció esta semana el presidente Joe Biden en la Cumbre del Clima de Glasgow, la COP 26. El sucesor de Trump ya lo había recalcado unos días antes en la reunión del G-20, pero quiso asegurarse de que el liderazgo estadounidense quedaba patente, y de ahí el anuncio estelar del gran acuerdo internacional para reducir en un 30% las emisiones de metano para 2030.

Junto al padrino Biden, ante el público estaba la madrina Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, como representante de la UE, la otra pata de este acuerdo. Fue ella quien dio la principal clave del pacto: el metano es responsable de aproximadamente un tercio del calentamiento global desde la Revolución Industrial, dijo Von der Leyen, pero lo más importante es que “es uno de los gases que podemos cortar más rápido, y haciéndolo se ralentizará inmediatamente el cambio climático”.

Lo que buscan los países al ‘atacar’ directamente al metano (CH4) es ganar tiempo, pues reduciendo sus emisiones, los efectos de contención del calentamiento global serán visibles antes que al ‘atacar’ al dióxido de carbono, que por otro lado es el principal responsable del cambio climático.

Las emisiones de metano son las que más han crecido desde la era preindustrial. Según los cálculos de los padrinos de esta iniciativa —a la que se han sumado un centenar de países, pero no China, India y Rusia—, si se logra el objetivo de disminuir en un 30% las emisiones, se podrá limitar el aumento de las temperaturas en 0,2º C para 2050 y evitar 200.000 muertes prematuras, cientos de miles de ingresos hospitalarios por asma y la pérdida de 20 millones de toneladas de cosechas al año.

Parece que es ahora cuando se dan cuenta de que no sólo el CO2 importa

Esta información no es nueva para los expertos y, de hecho, el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC) alertaba de ello; lo nuevo es que los países desplacen hacia ahí su foco. “Parece que es ahora cuando se dan cuenta de que no sólo el CO2 importa”, comenta Paco del Pozo, de Greenpeace.

Las organizaciones ecologistas acogen la iniciativa del metano “con satisfacción”, pero también tienen sentimientos encontrados: echan en falta concreción y más ambición, piden que los países no se olviden del CO2, y temen que este acuerdo —no vinculante, por cierto— quede en saco roto, como tantos otros.

Por qué el metano es (de repente) tan importante

Paco del Pozo, responsable de la campaña de gas de Greenpeace, explica que el metano es un gas con “una capacidad de absorción de calor mucho mayor que el CO2”, de ahí que “genere más cambio climático”.

El metano, un gas que aparentemente pasa desapercibido por ser incoloro e inodoro, es, sin embargo, “muy potente”. “En sus primeros veinte años, cada molécula, cada tonelada o cada unidad de medida tiene 84 veces más potencial de cambio climático que el CO2”, cuenta Del Pozo. Aunque con los años se degrada y su potencial varía, aclara.

En sus primeros veinte años, el metano tiene 84 veces más potencial de cambio climático que el CO2. Estamos en una década decisivaPaco del Pozo, Greenpeace

En la Cumbre de Glasgow, el enviado especial de Estados Unidos contra el cambio climático, John Kerry, responsabilizó al metano de la mitad del “calentamiento de 1,1º C que tenemos hoy”. Teniendo en cuenta el objetivo de la ONU de no superar el máximo de 1,5º de aumento de temperatura, actuar sobre el metano podría ser lo más práctico. “Estamos en la década decisiva”, resalta Del Pozo.

“El efecto a corto plazo [de la reducción de emisiones de metano] será muy relevante en estos primeros años, que serán críticos”, coincide Javier Andaluz, responsable de clima y energía de Ecologistas en Acción. “Pero esperamos que esto no sirva para desplazar al CO2, porque el foco tiene que estar claramente en ambos gases de efecto invernadero”, añade. “No podemos olvidar que el 75% del calentamiento no depende del metano, sino de la combustión de combustibles fósiles”, recuerda.

¿Y de dónde sale el metano?

En pocas palabras: de las granjas industriales, del ciclo logístico de gas natural y de los vertederos, responde Paco del Pozo. Estados Unidos anunció que tratará de reducir sus emisiones en el sector agrícola —responsable del 25% de emisiones— y en los gasoductos. Von der Leyen, por su parte, fue algo más ‘prudente’, y apuntó que el sector energético —responsable del 21%— es el que presenta “sin duda más potencial de reducción”.

Aún falta por conocer la letra pequeña, pero las organizaciones ecologistas ya tienen claro dónde deberían centrarse los ‘recortes’. Greenpeace, inmersa en una campaña de recogida de firmas para una propuesta ciudadana europea para controlar la publicidad de los combustibles fósiles, apunta principalmente al “mal llamado gas natural” —en realidad un gas fósil compuesto en un 80-90% de metano—, cuyas fugas son responsables de una parte de las emisiones de CH4. “Es el combustible fósil que más está creciendo en valor absoluto en el sistema, y este gas emite metano”, resalta Del Pozo.

El mal llamado gas natural es el combustible fósil que más está creciendo, y emite metano

En este sentido, Greenpeace propone pasar del gas natural a la energía eléctrica producida de forma renovable, y así evitar las emisiones de CO2 con la quema del gas fósil y las emisiones indirectas de metano por las fugas que “inevitablemente” se producen durante su extracción y su transporte.

“Creemos que hay que reducir las emisiones de combustibles fósiles a la mitad para 2030. Consideramos que este acuerdo para reducir las emisiones un 30% se queda muy por debajo de nuestras expectativas teniendo en cuenta el asesino climático que es el metano”, señala Paco del Pozo.

Las macrogranjas, en el punto de mira

Entre las expectativas de Ecologistas en Acción ocupa un lugar importante poner coto a la ganadería industrial. Recalcan: no están en contra de las granjas, sino de determinado tipo de ganadería intensiva y factorizada, las conocidas como macrogranjas. “Si el Gobierno de España está a favor de este acuerdo contra el metano, no debería conceder más autorizaciones a este tipo de ganaderías, que son uno de los principales emisores de metano a nivel mundial”, apunta Javier Andaluz.

Si el Gobierno de España está a favor de este acuerdo, no debería conceder más autorizaciones de macrogranjas, uno de los principales emisores de metanoJavier Andaluz, Ecologistas en Acción

Se estima que un 25% de las emisiones de metano procede de la agricultura y la ganadería. “Las vacas siempre sueltan metano; el problema aquí es que cada vez tenemos más ganadería industrial, los animales están cada vez más concentrados, y las emisiones son más altas, además de sus residuos”, abunda Paco del Pozo.

España vive un boom de macrogranjas que se extienden sobre todo por las zonas más despobladas del país, cuyos habitantes ya han comenzado a rebelarse contra ellas. Según un detallado informe de Ecologistas en Acción, la ganadería industrial intensiva no sólo no revierte la despoblación sino que la fomenta. Y a ello hay que añadir todo lo que contamina.

Macrogranja de Castilléjar (Granada). (Photo: PEDRO ARMESTRE/GREENPEACE)
Macrogranja de Castilléjar (Granada). (Photo: PEDRO ARMESTRE/GREENPEACE)

Según datos de Greenpeace, es Castilléjar, un pueblo de un millar de habitantes del altiplano granadino, el municipio con el triste récord de acoger la explotación porcina más contaminante de España por metano y amoníaco, que produce hasta 651.000 lechones al año.

Estas industrias contaminan también suelos y acuíferos por los vertidos de purines. Una de las mayores granjas de cerdos, en Hellín (Albacete), genera balsas de excrementos de 130.000 m2, el tamaño equivalente a más de 120 piscinas olímpicas. Según datos de Greenpeace, esta granja produce más emisiones que cualquier refinería de petróleo, planta de tratamiento de residuos peligrosos o fábrica de fertilizantes sintéticos de España.

En el acuerdo para reducir el metano, España tiene muchos frentes sobre los que actuar. “Somos fuente de emisiones por nuestra potente industria gasista, por la gran cantidad de macrogranjas y por la mala gestión de nuestros residuos”, enumera Paco Del Pozo. “Y tenemos que atacar a las tres en paralelo, no queda otra”, insiste.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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