Los 60 años en los que España y Portugal fueron un único país

Javier Taeño
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A lo largo de los siglos la historia de España y Portugal ha ido de la mano en muchas ocasiones. Ambos países llegaron a tener vastos imperios gracias a la expansión colonial, se incorporaron a la vez a la Unión Europea y comparten numerosos rasgos y costumbres gracias a la cercanía geográfica. Además, tienen la frontera más larga del continente, con unos 1.200 kilómetros de extensión. 

Similitudes estas que desde hace algunos años han impulsado un importante movimiento llamado iberismo. Se trata de la idea de crear un ente supranacional que utilice la unión de ambos países como palanca de desarrollo. Una colaboración que podría extenderse a ámbitos tan diversos como la sanidad, la educación, la coordinación de las fuerzas de seguridad y muchos otros aspectos. 

Frontera entre España y Portugal en Zamora. (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)
Frontera entre España y Portugal en Zamora. (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)

Cabe señalar que especialmente en territorio fronterizo, las intensas relaciones a un lado y a otro de la Raya han conseguido hacer casi invisible una frontera que sigue estando allí. Como telón de fondo de esta cohesión en distintos ámbitos se podría pensar en una unión política de ambos países, algo que de momento parece difícil, pero que ya ocurrió una vez en la historia.

Entre los siglos XIV y XVI hubo varios intentos de que se produjera una unión dinástica entre los reinos de Portugal y de Castilla, pero fueron infructuosos pese a los intentos de ambas coronas de conseguirlo. El príncipe Miguel lo tuvo cerca, era hijo del rey Manuel de Portugal y de Catalina de Aragón y fue nombrado heredero de Castilla, León, Aragón y Portugal, pero su temprano fallecimiento a la edad de dos años hizo imposible una unión que sí se iba a producir 80 años más tarde.

La muerte sin descendientes del rey Sebastián I de Portugal abrió una crisis sucesoria en la que el rey español Felipe II (nieto del monarca portugués por vía materna) terminó siendo reconocido como nuevo monarca. Aunque como telón de fondo siempre estuvo el miedo de los portugueses a perder su identidad, por lo que el español se comprometió a mantener y respetar los fueros y costumbres del territorio.

La conjunción de los dos reinos provocó a su vez la unión de dos enormes imperios que incluían posesiones en todo el mundo (el continente americano, Filipinas, grandes núcleos africanos como Angola o Mozambique o islas del sudeste asiático como Macao o Molucas).

Felipe II se convirtió también en rey de Portugal. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)
Felipe II se convirtió también en rey de Portugal. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)

Durante varias décadas la convivencia fue pacífica y ambos reinos se beneficiaron mutuamente de la unión, pero lo cierto es que esta fue bastante efímera y se extendió menos de un siglo. En este tiempo la intervención española en los asuntos de Portugal fue limitada, pero a partir de 1630 las cosas empezaron a cambiar. España se vio envuelta en numerosas guerras que perjudicaron a los portugueses (en vidas humanas y en reducción de oportunidades comerciales) y se produjeron varias revueltas que ejemplificaban el descontento popular.

En 1640 el Gobierno español tuvo que hacer frente a una guerra con Francia y una sublevación de Cataluña y los portugueses se negaron a que sus tropas fueran mandadas contra los catalanes sublevados. El descontento fue en aumento y se produjo una rebelión que hizo que Juan IV (nieto de Catalina de Portugal y duque de Braganza) fuera aclamado como rey en diciembre de ese año.

Durante casi tres décadas España intentó recuperar el territorio y se produjeron importantes batallas en Elvas (1659) y en Villaviciosa (1665), pero los portugueses lograron mantener su independencia y finalmente en 1668 se firmó un tratado de paz definitivo en el que los españoles reconocían la soberanía portuguesa, pero a cambio obtenían Ceuta, que hasta ese momento había pertenecido a los lusos.

En muchos lugares de la Raya la frontera ya es casi invisible. (Photo by Emilio Fraile/Europa Press via Getty Images) (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)
En muchos lugares de la Raya la frontera ya es casi invisible. (Photo by Emilio Fraile/Europa Press via Getty Images) (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)

Se ponía fin así de manera definitiva a un breve periodo de tiempo en el que ambos países compartieron monarca. Desde entonces y hasta ahora ambas naciones han seguido su propio camino, aunque a veces haya sido compartido como en el caso de Europa.

Ahora, con el iberismo se vuelve a hablar de una colaboración más estrecha entre ambos países. Entre los puntos comunes en los que se puede ir avanzando está el de la creación de una agencia ibérica de agua o una estrategia unificada de lucha contra el cambio climático. A pesar de las dificultades que entraña una mayor cohesión, lo cierto es que las encuestas muestran que la gran mayoría de la población está a favor.

Según los datos de Electomania de septiembre de 2019, el 71,7% de los españoles y el 60,7% de los portugueses apuestan por una unión ibérica entre España, Portugal, Andorra y Gibraltar. 

En el caso de que se produjera una confederación ibérica, la capital debería situarse en Madrid, según el 63,2% de los españoles y el 45,8% de los portugueses, mientras que Lisboa es la segunda opción, con el 7,5% y el 20,8% respectivamente. También cuenta con muchos respaldos la capitalidad compartida.

Así pues parece que el iberismo va ganando adeptos y recibe bastante apoyo social. Está por ver si estos deseos de una mayor unión se terminan materializando de alguna manera en los próximos años.

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