En una unidad de cuidados intensivos de Gaza, desbordada por el coronavirus

Guillaume LAVALLÉE
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Tumbado de costado en una cama, con el rostro oculto por una máscara de oxígeno que apenas deja ver sus ojos húmedos, Hussein al Hajj insiste: quiere hablar. Pero ¿para decir qué? Que "la vacuna es necesaria" musita, entre la vida y la muerte, en un servicio de cuidados intensivos de Gaza.

Alrededor de Hussein, en medio del destello de las pantallas, se eleva el incesante "bip-bip" de las máquinas que miden su saturación en oxígeno, su ritmo cardíaco y su presión arterial. El hombre, de 71 años, está en una unidad especial creada hace dos meses para hacer frente al Covid-19 en la Franja de Gaza.

Al principio de la pandemia, los muertos se multiplicaban en Israel, y no así del otro lado de la espesa barrera de seguridad militarizada que separa el estado hebreo de este territorio palestino.

Pero los primeros casos se registraron en agosto, fuera de los centros de cuarentena de este microterritorio bajo bloqueo israelí desde 2007, carente casi de infraestructuras. El Covid-19 empezó a arrasar entre sus dos millones de habitantes.

Hoy, mientras Israel vuelve a abrir bares y restaurantes, y registra pocas contaminaciones gracias a una masiva campaña de vacunación, la franja de Gaza se enfrenta a una tormenta sanitaria, sin demasiados medios ni vacunas.

Sobre un terreno polvoriento a la salida de la principal ciudad del enclave, una vez pasado un campo de entrenamiento de las brigadas Al Qasam --brazo armado de los islamistas del Hamas-- y unos estanques llenos de pestilentes desagües, se eleva un hospital turco construido en 2017.

En su unidad de cuidados intensivos, los pacientes intubados yacen en sus camas. La consigna a la AFP es clara: se puede filmar, pero sin mostrar el rostro de los enfermos, ni molestarlos.

De pronto, emerge la voz cavernosa de Hussein al Hajj: "es una cuestión de vida o muerte, en cualquier momento las cosas pueden ir a peor", dice, desamparado, este profesor jubilado.

"Mi mujer y yo tenemos el coronavirus. Ella está en cuarentena en casa, pero yo tenía problemas pulmonares, y por eso me llevaron a un primer hospital, y luego aquí", murmura.

- "Situación crítica" -

"Desde que instalamos esta unidad de cuidados intensivos para el coronavirus, hemos recibido a 40 enfermos. Siete han muerto" explica Samer Mansour, enfermero jefe de la unidad. El "40% de los pacientes tiene menos de 50 años", asegura.

La aparición a principios de marzo de la variante británica --más contagiosa-- en este territorio densamente poblado entre Israel y Egipto ha favorecido la transmisión y una explosión del número de casos.

"La situación es crítica" resume Rami al Abadelá, médico y director del servicios de infecciones en el ministerio de Salud.

Gaza registró la semana pasada un récord de 23 muertes en un solo día, sobre un total de 830.

El umbral de los 100.000 casos será superado esta semana. Pero solamente se llevan a cabo 3.200 tests por día, con una tasa de positividad del 36%, una de las más elevadas del mundo, según la Organización mundial de la Salud.

"Oficialmente hay unos 1.000 casos por día pero probablemente haya 5.000, o más, ya que la gente no va al hospital o no nos llama para decirnos que tienen síntomas. Estas personas van a los mercados, entran en contacto con otros, y el virus se propaga" a gran velocidad, explica Abadelá.

"Además, los hospitales están en pésimo estado" precisa.

Ante los contagios, el gobierno de Hamas ha impuesto un toque de queda a partir de las 19H00 para intentar impedir que las familias se reúnan con motivo del "iftar", la comida que marca la ruptura diaria del ayuno durante el mes del ramadán.

Todo ello, a la espera de las vacunas. "Hemos recibido 110.000 dosis, pero necesitamos 2,6 millones de dosis suplementarias" asegura Al Abadelá.

En los cuidados intensivos, Hussein al Hajj habría preferido ser vacunado en lugar de estar intubado. "La vacuna es necesaria, muy necesaria, pero por el momento lo que tengo que hacer ante todo es sobrevivir".

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