La Unión Europea frente a los desafíos de la acogida a refugiados ucranianos

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La Unión Europea frente a los desafíos de la acogida a refugiados ucranianos

El periodista de Euronews, Julián López Gómez, narra en primera persona su experiencia con refugiados procedentes de Ucrania, y con otros refugiados, así como con personas e instituciones que los acogen en varios países de Europa. El reportero ofrece sus impresiones en un nuevo episodio del programa Euronews-WITNESS.

Me enfrenté a este reportaje con algo de aprehensión. "Sal ahí fuera e informa de lo que está pasando cuando la realidad se asienta", me había dicho mi redactora jefe. "Las cosas buenas y las malas. La complejidad de la situación". Y, la realidad, resultó ser realmente compleja.

Tres meses después del comienzo de la guerra en Ucrania, más de cinco millones de refugiados han transitado por la Unión Europea. Algunos han regresado, otros se han quedado.

Tenía que informar del día de las personas que han decidido permanecer. ¿Cómo se sienten? ¿Cómo combaten pena y dolor? ¿Cuáles son sus miedos, y sus esperanzas?

Pero, igualmente importante, también tenía que informar sobre los sentimientos de la gente que los está ayudando y albergando. Los voluntarios han ofrecido una asistencia enorme. ¿Están todavía comprometidos? ¿O empiezan a sentirse cansados por la situación? Y, si ese es el caso… ¿Por qué? ¿Cuál fue el punto de inflexión?

Y luego estaba esta otra pregunta incómoda: ¿qué ocurre con los inmigrantes de otros continentes que también necesitan nuestra empatía y asistencia? ¿Los estamos tratando de la misma forma que estamos tratando a los ucranianos? Y si no, ¿por qué?

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Familia de refugiados ucranianos se dispone a cruzar la frontera eslovaca y regresar a su país. - Euronews-WITNESS

Desde el comienzo, mi elección fue ir a dos países muy diferentes de la Unión Europea. Uno con frontera directa con Ucrania y con, hasta ahora, experiencia limitada en lidiar con grandes crisis de refugiados: Eslovaquia.

Otro con una larga historia de complejos debates sobre los flujos migratorios, y lejos de la guerra: Francia.

Estaba mal preparado para lo que descubrí en Eslovaquia. El país ha sido tremendamente generoso hacia su vecino. Unos 80 000 ucranianos se han establecido allí de momento, otros 360 000 refugiados han transitado por el país. Junto a Bratislava, conocí a la familia Karliuka; padre, madre, tres hijos y abuelo. Todos procedían de Járkov. Fueron alojados en una casa; no pagan nada, ni siquiera internet o energía. La madre ha sido ayudada a encontrar un trabajo como profesora. El padre, en una fábrica química. Sus dos hijos mayores asisten a clases en la escuela local. Eslovaquia, me dijeron, ha demostrado tener un gran corazón hacia ellos. "Ayuda, ayuda. Ayuda todo el tiempo. Día y noche", me digo Olga, la mamá.

Pero también fui a 550 kilómetros al Este, justo en la frontera con Ucrania. Allí la historia es muy diferente. Me reuní con residentes locales que fueron voluntarios para ayudar cuando la guerra comenzó. Pero pronto comenzaron a sentirse resentidos. Acusan a ciertos refugiados ucranianos de abusar de la buena voluntad de la gente, de haberse embarcado en negocios turbios con la ayuda humanitaria; de ser arrogantes y exigentes. "Quizá sea un término duro, pero lo que ahora sentimos hacia los ucranianos es aversión", me dijo Patricia tras la barra del restaurante del que es propietaria, a escasos dos kilómetros de la frontera. "La mayor parte de la gente aquí intenta no generalizar ni caer en estereotipos. Tenemos que seguir ayudando, definitivamente. Pero algunos no se merecen la ayuda que les estamos dando".

La complejidad que encontré en Francia era de naturaleza diferente. La región Hauts-de-France, en el norte del País, simboliza este debate complicado. Fui a un pabellón cubierto, donde 29 jóvenes atletas ucranianos han sido albergados con gran mimo. Entrenan, comen y duermen en el complejo deportivo. "Tenemos todo lo que necesitamos", uno de los jóvenes atletas me dijo. "Son condiciones de ensueño para vivir y entrenar".

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Tiendas de campaña en Calais, en el norte de Francia, en donde se alojan refugiados llegados de países centroafricanos y de Afganistán. - Euronews-WITNESS

Organizaciones no gubernamentales han aplaudido esta iniciativa, pero se preguntan al mismo tiempo por qué a apenas 100 kilómetros de distancia, en la misma región, muchos otros inmigrantes, también huidos de guerras y conflictos, no se merecen las mismas oportunidades. Fui a Calais, donde inmigrantes de Eritrea, Sudán o Afganistán, sobreviven en condiciones muy difíciles en campamentos improvisados. Como una señal del destino, el día que llegué para rodar, muchos de estos refugiados estaban jugando al fútbol en un desangelado descampado -a años luz de las lujosas instalaciones deportivas ofrecidas a los ucranianos. "Nosotros también estamos huyendo de una guerra", un inmigrante de Sudán del Sur me dijo. "Pero aquí nos pasamos años en las calles".

Aunque con situaciones muy diferentes, me parece que ambos países están haciendo preguntas pertinentes sobre la realidad y las limitaciones en la acogida de refugiados en la Unión Europea en el contexto actual. ¿Cuánto tiempo esta solidaridad puede durar sin desestabilizar nuestras sociedades -de una forma u otra? ¿Mostramos una empatía de doble rasero dependiendo del origen del inmigrante o el refugiado? Son ejemplos del tipo de interrogantes a los que el reportaje aspira a aportar respuestas.

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