Unas águilas arruinan (el bolsillo) a los científicos que las estudiaban

Unas águilas arruinan (el bolsillo) a los científicos que las estudiaban

Estudiar una especie en peligro de extinción puede ser muy frustrante. Incluso físicamente demandante, y emocionalmente demoledor como comentábamos en un post reciente. Pero no debería dejarte en la bancarrota, como le ha ocurrido a un equipo de investigación ruso.

El Centro de Rehabilitación de Fauna Salvaje de Novosibirsk lleva a cabo muchos proyectos. Uno de ellos se centra en la protección del águila esteparia (Aquila nipalensis), y para poder conservar la especie hay que conocer sus hábitos de vida, lo que incluye la migración anual.

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Para hacerlo, los investigadores colocaron emisores a ciertos individuos, un número elevado de ellos. Estos aparatos están formados por un GPS para poder localizar a los individuos y seguir sus recorridos, y la información la mandan por telefonía a los investigadores.

Y aquí es donde los científicos se metieron en un problema. Por los costes de los mensajes con la información GPS. Porque las águilas se metieron en una zona sin cobertura, y se acumularon una gran cantidad de mensajes sin enviar.

Que no hubiese supuesto mucho problema, si las águilas no hubiesen migrado más al sur, hacia Irán. Un país que impone unos costes de roaming enormes a cualquier compañía telefónica, del entorno de setenta céntimos por mensaje – esto es, 0,70€ por mensaje.

Como se acumularon tantos mensajes sin enviar, a los investigadores no les dio tiempo a tomar ninguna decisión para disminuir los costes. Entre sus opciones estaba apagar algunos transmisores, o reducir la cantidad de datos que cada uno proporcionaba.

En su lugar, lo que se encontraron fue una factura que no podían pagar. De hecho, si se hubiesen tenido que hacer cargo del pago, se habrían visto obligados a cerrar el centro. Pero la historia tiene, por suerte, un final feliz.

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Al enterarse, publicaron la historia en redes sociales y montaron una campaña de crowdfunding. Esperaban recaudar al menos lo suficiente como para no tener que cerrar el centro. Por suerte, la respuesta fue mucho mayor de lo que se esperaban y lograron financiación suficiente para cubrir su deuda, y algo más.

Algo más en forma de dinero que les llegará para terminar la campaña de muestreo de, al menos, esta temporada. Y no sólo eso: la empresa de telefonía rusa con la que tenían el servicio les ha echado una mano, reduciendo su deuda y ofreciéndoles una tarifa especial para este proyecto y otros en el futuro.

Gracias a ello, los investigadores se pueden dedicar a lo que tendrían que haber podido hacer desde el principio: estudiar la especie para poder protegerla. Al menos, un final feliz.

Me enteré leyendo aquí.