Una mala gripe hace que salgan papilas gustativas en los pulmones

José de Toledo
En verde se pueden observar los quimioreceptores que crecen en pulmones tras una gripe especialmente virulenta. Crédito: Andrew Vaughan/University of Pennsylvania
En verde se pueden observar los quimioreceptores que crecen en pulmones tras una gripe especialmente virulenta. Crédito: Andrew Vaughan/University of Pennsylvania

Normalmente no lo pensamos porque lo tenemos muy integrado en nuestra vida. Pero “pillar la gripe” supone un ataque importante a nuestro cuerpo. Se trata de una infección viríca seria, que puede llegar a tener consecuencias serias. Como, por ejemplo, rediseñar nuestras vías respiratorias.

En un artículo reciente se explica qué ocurre en casos graves. Y las consecuencias para nuestro cuerpo son sorprendentes: si la infección es grave, llegamos a desarrollar defensas a lo largo de todas las vías respiratorias. Hasta el punto de generar papilas gustativas en los pulmones.

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Pero, ¿qué sentido tiene desarrollar estas estructuras en los pulmones? En realidad, las papilas gustativas son quimioreceptores, células nerviosas preparadas para reconocer sustancias químicas y reaccionar frente a ellas.

Durante la gripe, se ven afectadas muchas células. Son invadidas por el virus, pasan a servirle y dejan de actuar a nuestro favor. Y o bien el virus, o nuestro sistema inmune, acaba con las células infectadas. Hasta aquí, nada extraño ni novedoso.

Normalmente, una persona en buen estado de salud tarda entre una y dos semanas en “limpiar” su cuerpo del virus. Pero en casos extremos, la infección puede alargarse y durar aún más tiempo, afectando a un número mucho mayor de células.

Aquí es donde ocurre el rediseño de los tejidos. El cuerpo comienza a generar nuevas células, pero en lugar de sustituir las que fueron dañadas por otras iguales, “recluta” células distintas. Comienza a desarrollar células quimioreceptoras a lo largo de todas las vías respiratorias.

Este tipo de células generalmente llegan hasta la tráquea, no más allá. Y de hecho en este órgano aparecen en números muy bajos. Pero cuando la infección es muy grave, se observa cómo se van desarrollando receptores hasta en los alvéolos pulmonares, las microestructuras que dan forma al pulmón.

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Contado de esta manera, puede parecer o bien una curiosidad o incluso una buena noticia. Si el cuerpo desarrolla estas estructuras, por algo será, ¿no? Pero en realidad, genera un problema claro: aquellos lugares que sean ocupados por quimioreceptores no sirven para el intercambio de gases entre el aire y la sangre, que es la función de las vías respiratorias.

Además, no se trata de algo temporal. No es que las células quimioreceptoras aparezcan para asegurarse de que no hay virus y después se transformen en tejido pulmonar normal. Las localizaciones que se modifican, quedan modificadas de manera definitiva.

Aún queda por entender en detalle para qué pueden servir los quimioreceptores frente a infecciones, pero el caso es que aparecen, y que merece la pena saberlo.