Una guardería para hombres

 

Queridos hombres; 

Hay algo peor que pierda vuestro equipo de fútbol. Peor incluso que una derrota en el último minuto. Peor incluso que el colega de trabajo que te lo recuerda cada media hora.

Hay algo peor.

El infierno se llama “cariño, ¿salimos a dar una vuelta por ahí?… Ehhhh…. bueno, y de paso ya que salimos, me acompañas a comprar una cosa que necesito, ¿vale?”.

La cosita no son botellines de cerveza, como os podéis imaginar.

La cosa es ropa. Femenina.

La última vez que caísteis en la trampa resultó que esa cosa tan importante -¡¡importantísima!!- que teníamos que comprar acabó siendo una camiseta para salir esa noche con las amigas.

Lo peor no es el aburrimiento, no –gracias a Dios podéis ir echando miradas de reojo al smartphone, incluso pasar un par de pantallas del Angry Birds mientras estamos en los probadores-. Lo peor son las preguntas trampa, los terribles ¿¿NO-ME-HACE??: ¿no me hace gorda? ¿no me hace el pecho caído? ¿no me hace un culo raro? ¿no me hace los muslos de vaca? ¿no me hace los brazos de camionera? ¿no me hace un poquito putón? ¿no me hace parecer una choni? ¿no me hace paticorta? ¿no me hace la espalda ancha?  ¿no…..?  “

PUES SÍ, ¿QUÉ PASA?, querríais gritar vosotros, aunque os contenéis a tiempo.  ¡Te sobran unos quilos, tus pechos no son los que tenías con veinte años, tus piernas tampoco, y los brazos necesitan bastante tonificación. Además, ese estampado que has cogido es feo de narices! “. Pero no, no vais a decir nada de eso, salvo en casos ya de extrema confrontación marital, aunque os gustaría. Os vais a quedar calladitos por si el comodín del silencio os permite pasar de etapa. En este caso mejor un “joder, qué soso eres, no sé para qué vienes” que una semana castigados sin sexo.

Pero, ¡con lo fácil que es! ¡CON-LO-FÁ-CIL-QUE-ES! Chilla vuestra voz interior.  Camiseta es camiseta. Pantalón es pantalón. Zapato es zapato. Cinturón, cinturón. Y ya está. Vosotros entráis, miráis, os probáis y compráis. Fácil ¿Para qué darle más vueltas? ¿Qué quiere decir que la sisa nos tira? El tono azul mar tropical pero un poquito más suave, exactamente ¿qué es? Y el bies, ¿qué cojones es el corte al bies? Pues lo mismo que si vosotros, chicos, nos habláis de rabonas y folhas secas. Que, salvo honrosas excepciones, las mujeres no tenemos ni pajolera idea.

 

Además, ¿Es realmente necesario que toquemos toda, absolutamente toda la ropa que está colgada en las tiendas? ¿O que, entre vestido y vestido, nos probemos la misma camiseta tres veces no sea que en el tiempo que ha transcurrido nuestro cuerpo haya mutado y nos siente mejor? ¿Y que, si al final no encontramos nada, nos enfademos con vosotros –es que claro, con esa actitud, cualquiera compra tranquila- y no con las mentes malévolas que han diseñado los modelitos?  Aunque lo peor de todo: ¿es absolutamente necesario recorrer durante tres horas el centro comercial para volver a la primera tienda y a por la segunda camiseta que nos habíamos probado? ¿Es necesario? ¿Eh? ¿Es que lo hacemos para tocaros la moral?

Camiseta que encima, al final, cuando ya estábamos con ella en la caja y con la tarjeta de crédito en la mano, decidimos no comprar porque justo bajo el pecho nos hacía una pequeña arruga invisible para el resto de los humanos pero no para el avizado ojo de una mujer- y que –¡¡¡¡¡jooooooolines!!!!- impedía que la camiseta nos sentara todo lo bien que tenía que sentarnos para la cita nocturna.

En ese momento querríais mordernos, pero aguantáis, estoicos, dignos, tiesos como un palo.

Volvemos a casa. Con las manos vacías. Y un lamento femenino.

“¿Qué me voy a poner esta noche para salir con las amigas? ¿Quéeeeeee? ¡Si no tengo nada, nadaaaaaa!”, aullamos desesperadas, ante las puertas abiertas de un armario que rebosa ropa.

Bueno, pues se acabó el sufrir. Varios centros comerciales han puesto en marcha guarderías para hombres. Visto que vuestra fobia a las tardes-de-compras hace que recorramos más rápido los pasillos y que por lo tanto compremos menos, las mentes pensantes han ideado salas masculinas donde os podemos dejar aparcados. Televisores con los canales de deporte sintonizados. Videoconsolas. Amplios y cómodos sofás. Futbolines. Y, por supuesto, cerveza y picoteo a mano.  ¡Ah! Y no sea que al estar vosotros tan a gustito echando una partidilla y nosotras tan a gustito comprando con calma, nos olvidemos el uno del otro, la tienda nos avisa convenientemente al salir.

Pero, digo yo que eso ya lo encontráis en los bares con los colegas, ¿no?

 

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