Una anciana italiana secuestra al fontanero por no querer darle la factura

M. J. Arias

Pina Conrotto tiene 75 años y ha sido acusada de secuestro por el fontanero que acudió a su casa el pasado jueves para hacerle una instalación en la caldera. Según el testimonio de la anciana, que ha concedido una entrevista a La Repubblica, ambos mantuvieron una discusión a cuenta de la factura que este no quería hacerle y esta acabó por irse dando un portazo y dejándole encerrado dentro.

Una anciana italia secuestra al fontanero en su propia casa porque, según ella, se niega a darle la factura. (Foto: Getty Images)
Una anciana italia secuestra al fontanero en su propia casa porque, según ella, se niega a darle la factura. (Foto: Getty Images)

La señora Conrotto no se arrepiente ni un ápice de su actuación. Ni aunque la acusen de secuestro ni aunque su hermana esté enfadada con ella por considerar desproporcionada su actuación. Lo que ocurrió el pasado jueves a medio día en un bloque de pisos de Chieri, en la provincia de Turín, parece el guion de una comedia o de una película de terror, según se mire.

Todo comenzó con la anciana reclamándole al fontanero la factura de las nuevas piezas que le iba a instalar y del trabajo a realizar. Según ella, él se negó. La versión de él es que le dijo que tenía que esperar a que terminase su labor para hacerle la factura. En Italia se toman muy en serio este tema. Cualquiera que haya visitado el país transalpino se habrá percatado de la insistencia de los comerciantes a la hora de que los turistas se lleven el ticket. Al menos, es la norma.

Así que doña Conrotto exigió su factura. Como esta no le era proporcionada y la discusión, siempre según su testimonio, se volvió algo acalorada, decidió actuar. Y lo que hizo fue irse de su propia casa dejando encerrado dentro al fontanero, que estuvo secuestrado al menos 40 minutos. Consiguió salir porque llamó a la hermana de la dueña del piso, que a su vez llamó a la policía para que acudiese en su ayuda.

La protagonista de esta historia insiste en su entrevista con el diario italiano en que ella estaba en su derecho de tener una factura y que “por eso encerró en casa al fontanero”. Asegura que no se arrepiente de nada y que volvería a hacerlo porque tiene la razón de su parte, que ella trabajó décadas como peluquera cuarenta años y desde que la factura se hizo obligatoria no faltó a su deber.

Al final, la consiguió por intermediación de los caranibieri, que pidieron al hombre que la hiciese. Eso sí, “los recibos de compra no los he visto”, puntualiza la señora Conrotto.